jueves, 1 de septiembre de 2016


Tan bella. Tan elegante. Tan fresca. Tan viva.
Tiene dos mundos. Uno es solo para ella y sus lágrimas.
El otro mundo, donde seres extraños ríen, bailan y comentan
lo que el día les va dejando en sus manos, en sus almas, en sus
bolsillos vacíos, en sus resignada existencias, en sus soledades
matutinas y en sus soledades nocturnas. Ahí, entre ellos estoy yo.
Sé que me necesita, aunque a veces me ignora, sé que me necesita.
Cuando el alcohol no hace efecto y la vida sigue tal cual es hiriendo
profundamente su piel, ella me llama y a los oídos,casi suplicando me
pide que la abrace.

JUAN ARÉVALO.













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