martes, 17 de enero de 2017




Soy lo que temes y lo que desprecias.
Soy la raíz de la vida, y soy tu sangre y soy las edades todas de tu existencia.
No hay surcos en mi piel que no hablen y no hay palabras
en mi boca que no aturdan. Soy la conciencía de los días
y el despertar de la muerte. Soy el dueño de la noche y soy
el dueño de tu destino...Algunos me llaman tiempo...

JUAN ARÉVALO.


lunes, 16 de enero de 2017

Luz y agua
agua y luz
que se mezclan
y dos ojos
atónitos observan
miles de muertos
en una tierra arrasada
por el odio
de los que temen.

JUAN ARÉVALO.

domingo, 15 de enero de 2017


Aquel que diga que nunca ha sufrido al ver como el corazón
se desangraba sobre la palma de su mano,está mintiendo.
El amor, es el peor torturador de corazones.

JUAN ARÉVALO.

miércoles, 11 de enero de 2017


Los dos rostros miran por la ventana.


--Se viene la lluvia --

-- ¡Así parece !--

-- Antes, cuando aún no había grises y todo era una sola inmensidad
amaba la lluvia. Pero ahora me sale a nostalgias --

-- ¿ Y  acaso la lluvia no es un viejo calendario que vuelve a renacer  sus ya, vividos días
 en nuestras almas ?--

-- Nunca lo había visto de esa forma. ¡ Pero sí, es un viejo almanaque...!--

Ambos se toman las manos y callan. La lluvia comienza...


JUAN ARÉVALO.






No hay ninguna duda para ella. Todo es una galleta con azúcar .
Se desnuda en medio de la sala y danza melancólicamente.
Sus brazos acarician el aire, sus ojos tienen el tenue brillo de la promesa rota.
Toda una vida se desgarra y sangra...Invisiblemente sangra.
El dolor se materializa en la piel, en cada poro, en cada lunar, en
cada cabello...El eco la invade y le hace el amor, penetra su carne y
hunde su fantasmal daga en su pecho, y no hay miradas que la vean llorar.
Danza y su cuerpo se va empequeñeciendo y los años vn retrocediendo,
uno a uno...Veranos,otoños, inviernos,primaveras. Dios es solo para los
creyentes y el desdén para los que aman...
Danza y sus descalzos pies rozan las gradas de su agonía y cierra sus ojos
y se ve a si misma, la melodía se detiene...
--Todo es una galleta con azúcar-- Se consuela, mientras se vuelve a vestir.

JUAN ARÉVALO.




MISTERIO.

El tiempo siempre impredecible. No hay agujas que detengan
el andar de los corazones enamorados ni el ojo siempre atento
del destino.
El tren se de tubo entre la espesa niebla y el olor a olvido recién derramado.
Dos cuerpos que se ignoran y un gusto amargo en sus bocas. Todo está bien
planeado y no hay dudas ni reproches. La muerte se balancea entre los caños
que sujetan las farolas, siempre tan paciente, siempre tan silenciosa.
Un sielncioso disparo se escucha en la profundidad de la niebla, un cuerpo que cae rendido
ante la nada...Pasos que se alejan entre las sombras que murmuran lo que la conciencia
calla. El mudo reloj observa fríamente, como los dos amantes se abrazan y perpetúan
su amor entre lágrimas y juramentos.

JUAN ARÉVALO.


martes, 10 de enero de 2017


Siempre fue una mujer solitaria, embarcada en utopías, en fantasías tontas que
la obligaban a cerrar los ojos . Pero siempre que lo hacía, sus labios sonreían y suspiraban
lo hacían con tanto placer que los dueños de la coherencia y la verdad
la miraban asombrados y hasta con miedo. " Loca "...No es más que una delirante,
una loca que no tiene cura, afirmaron todos con vehemencia. Entonces la confinaron a
pasar el resto de su vida en una celda de un viejo hospital para enfermos mentales.
Pero a sus risas y a sus suspiros no pudieron encerrarlas ni encerrarlos .
Sus sueños,sus utopías, sus fantasías venían a rescatarla a cada momento...
Al cerrar sus ojos ella era libre, surcaba cada parte de la inmensidad
y acariciaba con la punta de sus dedos al mismisimo viento que la envolvía con sus brazos
perfumados de todos los aromas del universo, que luego se volvían todos las aguas y todas
las arenas ...Los muros se volvieron obsoletos .
Hoy  fui a visitar su tumba, y entre las flores que le dejan los cuidadores
una mariposa de todos los colores, mágicamente revoloteaba, en todas las direcciones.

JUAN ARÉVALO.

Con dulzura tomó su cuerpo entre sus brazos
y la llevó a su lecho. La desnudó con delicadeza
y con paciencia, la fue recorriendo con sus dedos.
Tan frágil se veía la mujer, que con suavidad él
le abrió sus piernas y amó su sexo con pasión y sutileza.
Ella dejó fluir su dulce jugo, mientras gemía de placer...

JUAN ARÉVALO.



Sé tocan los cuerpos. En el silencio de la noche
los cuerpos se acarician.
Perdidos y queriendo encontrarse
los cuerpos se chocan sutilmente...La temperatura del ambiente
va creciendo. Las luces de la ciudad se filtran por las cortinas
iluminado apenas una parte de la habitación.
Los besos se amontonan en las bocas, la salivas se mezclan
con los sonidos rompiendo los silencios.
Se aman,se frotan sus sexos, impunemente se entregan uno al otro.
La piel suda y los contornos de la carne van siendo corrompidos...
Intenso es el duelo, un enfrentamiento sin perdedores, la pasión se
adueña de la coherencia y todo es necesario para calmar la lujuria
que nace de sus entrañas y aflora en sus ojos, en sus pechos, en
las yemas de sus dedos...Lascivia y descontrolada fusión que va escribiendo
minuciosamente los cuerpos. Cada centímetro de piel es recorrida
por lenguas y labios que mojan y muerden...El dolor se trasforma en
placer. Embestidas que penetran la húmeda  profundidad...
El amor en todos sus matices...No hay dios, no hay miedos, no hay crueldad
solo goce...Las palabras callan dejándoles lugar a los gemidos.
El final se acerca, las manos aprietan la cinturas...De pronto un liquido
espeso surge de entre los vientres...Alaridos y luego, silencio...
La noche se va aclarando. Las calles retornan sus diarios rituales de miradas
perdidas y sueños mutilados....

JUAN ARÉVALO.



viernes, 6 de enero de 2017


La encontré sentada entre la amapolas. Sus dedos acariciaban una
mariposa muerta. Sus ojos atravesaban los confines del mar blanco
que se mecía en la soledad más absoluta.
Un gran y profundo canal daba de beber a los pequeños conejos que
cansados de sus paseos, se detenían a saciar su sed.
Cada trozo de ese momento se quedó para siempre en mis pensamientos.
La miré como se miran las obras más majestuosas . Ella no parecía interesada
en mí. La lejanía de su mirada se tornaba un domingo de otoño, cuyas tardes
se rinden ante la silenciosa muerte.
Apasionado por las aves de cantos melancólicos, me dispuse a seguir mi camino
bajo el cielo celeste que nos cobijaba. Cuando en un despertar maravilloso, me dijo
que ya era hora de levantar el vuelo seguido de un sollozo que luego fue una una
risa la cual acarició mi dudas, mis miedos, desvaneciéndose en el viento fresco.
Me volví y acoplado a sus lágrimas conté los botones de su blusa y las pecas de
su rostro...

JUAN ARÉVALO.


Todo es una sutil llovizna de casualidades. Cada encuentro
cada mirada, cada vida y cada muerte.
No hay instantes que no hayan sido planeados. No hay palabras
que no hayan sido escritas antes de escribirlas.
Las nubes negras que se amontonan en el cielo no son más que lágrimas
dentro de un nefasto vientre. Lágrimas a punto de nacer y mojar con sus agónicas
almas los cuerpos, las calles, los edificios, las casas.
No hay dolor que no haya sido vivido. Esa extraña forma de sentir cuando
todo se vuelve nada.
Intercambios de miradas, de preguntas, de amuletos sin suertes.
Inútiles caricias fecundando tristezas. Tristezas que ya fueron vividas .
La muerte no es más que un silencio dentro de un enorme silencio que aturde
con sus alaridos. No hay ojos que no lloren bajo las estrellas sin párpados ni
hay cuerpo que no se mutile entre la negra y espesa niebla del olvido.
¡Oh! Ariana, cuando todo se cae y las horas se vuelven cárceles apresando las esperanzas,
humillando las risas y atosigando el andar...Cuando el sol se nubla y las aves se vuelven
negros cuervos, cada cicatriz vuelve a sangrar.
Diluvios de días inundan el centro de está vida que ya no tiene pasado, presente ni futuro.
Ya no estás estando siempre. Ya no amas, amando siempre. Ya no vives, viviendo siempre.
No pidas clemencia, no pidas colores, no pidas paz sí ya no hay nada que dar.

JUAN ARÉVALO.




LA FOTOGRAFÍA.

La noche se detiene. Las calles pierden toda movilidad.
El andar de los cuerpos se perpetúa en una fotografía.
Solo el silencio desliza su melancolía sobre las infértiles esperas.
Sorprendida en medio de una mágica lluvia de estrellas, la desprevenida muerte
refleja su oscuro cuerpo.

JUAN ARÉVALO.




DOS CUERPOS


Las palabras desnudan lo que siente y en ellas el cuerpo
se marchita como una rosa en medio del desierto.
Su piel traspira los últimos deseos de la última noche.
Su amante, no más triste que ella se deja llevar por las lágrimas
del tiempo y por las caricias de su amor.

En el lecho, las almas se aman con delicadeza.
Con mucho cuidado para no romperse, para no quebrarse entre ellos.
No hay lugar para el mañana, otoños que ya no verán otro invierno
perfumes que ya no perfumaran otra mañana.

En sus vientres las esperanzas nacen y mueren
en cada embestida, en cada contracción, en cada gemido.

Los amantes se retuercen entre las sábanas, dos en un solo cuerpo
un cuerpo en una sola vida.

Un volcán que se creía extinto vuelve a resurgir.
La carne se harbe, una espesa lava baña los sexos de los infelices
que se miran y se besan y ríen y lloran en pos del amor.

JUAN ARÉVALO.

lunes, 2 de enero de 2017


CAPITULO 45


Las luces brillaban como exangües estrellas.
Las miradas de los otros eran espejos empañados por el aliento
del tiempo. Los botes de basura nos brindaban el otro lado de la
belleza, esa que se parece a limosna y huele a perfume baratos en
envases importados. El tren detenido y las marchitas flores del
macetero del café nos daban la sensación de muerte avejentada,
de sangre seca, de óxido mal pintado.
El reloj en la pared y el sol que se escondía bajo el manto del atardecer.
Los pasajes en los bolsillos junto al documento. El miedo a lo desconocido
y el cinismo religioso que se contradecía en los embriagados labios de un fiel
cristiano que bebía sentado en frente de nosotros.
Sin disimular tu enfado por la espera me devolviste la mirada. Tu rostro
tenía el semblante cansado. Sin pensarlo tomaste mi mano y te pusiste a llorar.
Nunca supe el principio de aquel llanto. Nunca pregunté.Nunca me lo contaste.

No sé cual fue la causa que nos fue alejando. Solo hubo un intercambio de palabras
y un beso en las mejillas. Después el silencio, los insomnios, las máscaras, los
desconocidos transeúntes y el miedo a la soledad.

Cuando cierro los ojos ya no te veo. Es cierto por ratos te extraño, me haces falta.
Por ratos apareces y me besas, me llevas a tu mundo y me cuidas en secreto.
Por ratos no existes en mí.Nunca te he conocido. En mi piel no hay rastros de ti
nunca me has tocado.

JUAN ARÉVALO.





Todas esas estúpidas cosas que envuelven a las esperanzas
sometiéndolas a vanas cualidades del invisible dialecto del
tiempo y sus circunstancias.

Toda una vida en decadencia. Despertarse  y verse al espejo.
Lagañas,el cabello todo revuelto y el mal aliento. Ya estamos muertos antes de
salir a la calle. Simples fantasmas que deambulan por las veredas, dando
paso a otros fantasmas que no saben que ya han perecido.
Pisar despacio, con temor a no dañar a las sombras que vienen con nosotros.
Tú y el licor de anoche. Tú y el desenfreno de tus labios. Tú y solo tú.

Mis anteojos se empañan y no puedo ver a centímetros de mí. Me los quito,
los limpio con mi pañuelo, los vidrios se rompen. Suspiro y te maldigo,
te someto a vulgaridades, no tengo limites. Te odio sin prejuicios.

Tú y tu cuerpo dormitan plácidamente. No hay horas ni trabajo.Solo tiempo
muerto. No tienes obligaciones ni te importa tenerlas, te ríes con torpeza y
juegas con los restos del amor que guardas en un oscuro lugar de tu carne.

Tú y tus manías. Tu rol de amante, de señora adinerada. De esposa fiel, de mujer
herida, de loba hambrienta. Tú y tu falsa filantropía. Tus modales rebuscados, tus
dialectos inentendibles.
Duermes, sin miedo a despertar en la soledad de la soledad que te cubre.

No veo nada, los anteojos rotos en mis manos,el oleaje humano que me arrastra
a lugares que no conozco. Un sin fin de rostros borrosos y el ruido de los autos
que me aturden.

Tú, siempre tú aferrada a mi piel y a mis pensamientos. Tú, tan metida dentro mío, tan profundamente arraigada a mis entrañas. Tú y tus tristezas, tus miedos escondidos dentro
de un pequeño frasco de mayonesa.

Silenciosamente caen las hojas de los árboles, como tus ropas cuando me seduces.
Cada cosa que me rodea es una metáfora de tu vida.
Sin motivos te odio. Sin entender tus otras vidas te odio. Te odio con un odio necesario,
con un odio que no duele, que no rasga la piel ni hurga las heridas autoinfringidas de otro
tiempo.
Mis vulgaridades no tienen cuerpos ni almas.Son esperanzas que fueron envejeciendo.
Ya no tienen fuerzas ni escupen miserias.


JUAN ARÉVALO.






domingo, 1 de enero de 2017


FLORA


Juntábamos pedacitos de tiempo dentro de botellas vacías que luego arrojábamos al mar
y que sin preocupaciones, se dejaban llevar por las ociosas mareas que se perdían dentro
de una lejanía misteriosa, que desangraba melancólicamente en un cielo rojizo, que por
momentos se volvía azul, gris, cuerpo, muerte...

Luego, cuando las botellas se perdían de nuestras miradas, nos marchábamos.
La tristeza se apoderaba de nuestras pieles y muchas veces moríamos en aquel lugar.
Después,sentados en un bar descifrábamos las edades de la gente que ignorando  nuestros
juegos, pasaban por delante nuestro, con sonrisas a veces compradas, otra veces nacidas
del viento y algunas veces solo reían .
El café se enfriaba dentro de las blancas y diminutas tazas. Flora juntaba con cuidado
las sobras de pan que guardaba en su bolsita rosa con figuras extrañas. Bolsita que un día encontró
no sé donde y emocionada por su hallazgo reía y entonaba cantos de amor que yo no podía entender. Mi imaginación es cruel y demasiada acotada.
Al salir del bar caminábamos a la plaza, cuando llegábamos al centro de su vientre, ella metía sus manos dentro de su bolsita tomando los trozos de mendrugos y como un árbol que se extiende dentro de la nada, estiraba sus brazos, cerraba sus ojos, sus manos se iban abriendo lenta y sutilmente, como pétalos que van despertando una mañana cualquiera. La vida no tiene días, no tiene horas, no tiene orden, solo nace y se desarrolla frente a nuestros ojos...Las palomas venían de todos partes y una a una se iban reposando sobre sus brazos picoteando cada trozo, cada miga de pan que Flora, en su inocencia les había guardado.
Flora...Flora tan mía, tan grande y tan niña. Tan casta como corrompida...

JUAN ARÉVALO.