martes, 10 de enero de 2017


Con dulzura tomó su cuerpo entre sus brazos
y la llevó a su lecho. La desnudó con delicadeza
y con paciencia, la fue recorriendo con sus dedos.
Tan frágil se veía la mujer, que con suavidad él
le abrió sus piernas y amó su sexo con pasión y sutileza.
Ella dejó fluir su dulce jugo, mientras gemía de placer...

JUAN ARÉVALO.


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