Mi simpleza, mi vulgaridad, mi efímera cordura
y el dolor de saber que tan solo soy un estúpido más
es todo lo que tengo. No busco nada, no me importa
la galantería ni la cortesía falsa. Soy pequeño, necio,
despiadado a veces, pero también un caballero.
La contradicción es mi mejor amiga, con ella vivo.
Con ella duermo, desayuno, almuerzo,meriendo,ceno,
me baño y hago el amor.
Mi mundo es diferente al de todos, vivo al revés, me unto
de sabidurías embusteras y naufrago en ríos de ignorancias
continuamente.
Pero siempre soy yo. Arrebatado,inconsciente, ingenuo,
sincero,torpe,humilde,harapiento. Sin tiempo ni codicias.
¿Porqué escribo ? Por que tengo necesidad de hacerlo, porque
soy muchos en uno solo y a la vez ninguno. Escribo porque
me apetece y no porque sienta obligación con ninguno.
Soy simple, acotado y no tengo estructuras ni un buen vocablo
y mi ortografía es pésima.
pero vuelo, cada vez que describo lo que mis ojos ven, cuando
están cerrados.
Cada viaje que emprendo es único. Exploro cada parte del asfalto,
de árboles, viento, madera, tierra, muerte, lágrima. Me filtro dentro
de un microscopio y todo se vuelve inmenso.
Escribo, porque el sol sale de mañana y la luna sale por la noche,
así como el viento sopla y cae nieve y llora el recién nacido y el
dolor de ser, hace de mi piel un abismo de silencios acumulados
en esperas, que se desangran sobre una despintada silla de madera,
en un rincón de la casa.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 25 de agosto de 2016
miércoles, 24 de agosto de 2016
lunes, 22 de agosto de 2016
Cuando cierra sus ojos, figuras de todos los tamaños
vienen a su mente.
Ani, dice que las estrellas son los ojos del cielo y la luna
su nariz. A veces, cuando ríe sus cejas se arquean y los
grillos dejan de cantar. No siempre se la escucha reír.
Una resignación acumulada, de hace no tantos años, tiñe
sus pecas de una triste desolación.
Cuando la dejé en aquel orfanato mi mundo enteró se derrumbo.
Supe que nadie la reclamó, de sus padres no se sabe nada. Sospecho
que tampoco se preocuparon mucho por indagar a fondo su pasado.
A veces quiero iniciar su adopción, pero soy una mujer sola, con un
mal salario y apenas me levanto todas las mañanas. En el fondo yo
soy una pequeña Ani luchando por mi pobre supervivencia, en un mundo
cada vez más exiguo y bastante desdeñoso.
Ani, me contó de los enjambres de abejas que habitan su pequeño mundo,
abejas que ella les llama "hadas de la miel", a menudo le dejan flores y copos
de algodón que ellas mismas fabrican.
La noche que la traje a casa, mi vida cambió para siempre.
También me habló de los hombrecillos niños que había visto en aquella
fría baldosa. Hormigas muertas, silenciosos cuerpos que Ani exploraba la tarde
que la conocí. Ella los bautizó " hombrecillos niños ".
Cuando me hablaba de ellos, sus ojos se oscurecían, y los míos se humedecían
silenciosamente.
Poseo un pequeño living comedor, una cocina ,dos habitaciones y un baño con una
enorme bañera donde me gusta pasar varios minutos. En el patio trasero tengo un
pequeño jardín de rosas.¡ me encantan las rosas blancas ! Lo que tengo lo heredé de
mi madre cuando ella murió. Mi casa es bastante cómoda, tiene una gran ventanal
en el living que me permite contemplar la vida, cuando se levanta por la mañanas
y se acuesta por las noches. Atesoro 34 años y nunca he pensado en casarme.
Atiendo una tienda de zapatos, no tengo muchos amigos. Soy algo torpe y me gusta
escuchar música clásica.
Soy flaca, fumo muy poco y no tomo alcohol. Nunca tuve miedo a la soledad.
Pero, cuando me detuve en aquella esquina a contemplar la soledad de una pequeña
niña, mi piel dejo de emanar el perfume de las rosas, para emanar el dolor de una mujer
sola y cansada, que a medida que el tiempo avanza, más cruda se le hace la existencia.
Ani, tiene miedo de cantar por las noches, para no despertar a los monstruos
que habitan bajo su cama. Se duerme abrazada a sus cinco amiguitos. Ani ama
a su papá.
JUAN ARÉVALO.
domingo, 21 de agosto de 2016

No tengas miedo. No hay donde correr.
Cuando las luces se apaguen,los espectros saldrán a devorarte .
No hay dios ni ángeles que puedan aliviar tu oscuridad.
Mirás la tv, escuchás la radio, prendés velas y cierras los ojos.
No tienes donde esconderte.
Ya es tarde para plegarias, las iglesias están alambradas con alambre
de puas y el rosario de madera que tanto amabas, ardió la noche anterior.
Estás en la primera fila.¿ no pagaste la entrada? ¡El espectáculo
no es gratis!
¡No pidas piedad, el hombre de acero no tiene corazón !
Tus lágrimas no tienen ninguna influencia, el cielo que ayer
estaba celeste hoy está negro como el cristal de tu destino.
Las arenas te absorberán. Tu día aún no tiene precio.
¡No pretendas engañarme, se bien lo que tratas de hacer ¡
Los muertos están saliendo de sus tumbas. La lluvia de estrellas
despertó al niño sin alas, ahora te observa agazapado, sus garras
caerán pronto sobre ti.
¿Tienes prisa por morir ? El dolor aún no comienza, las balas no
amortiguarán el sufrimiento.
En medio de tu soledad, las manos descarnadas de los que ayer odiaste
hoy acariciarán tus pies, se aferraran a tu piernas, te jalarán de tu
ropa hasta dejarte desnudo.
No hay donde esconderte, todos los rincones de la casa, están cubiertos
por Cancerbero.
No importa cuántas monedas tengas en tus bolsillos, el barquero no vendrá
esta noche.
Te has limitado a tu codicias y olvidaste pagar la cuota de tu inmortalidad.
Ahora no hay chance, ni segundas opciones, estás condenado al dolor.
El hombre de arena está al otro lado de la calle, arrastra la llave de todas las
puertas tus miedos. Él sabrá, como complacerte.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 18 de agosto de 2016
La necesidad de ser dos en un solo cuerpo,
de unir nuestras nostalgias en una sola lágrima.
Esa necesidad de perdurar en el tiempo, sin cargar
los miedos que nos ahuyentan de las alegrías.
Te siento mía, hoy más que nunca.
Saboreo tu otro lado y me detengo en las
indiferencias de las flores que rodean tu ser,
cautelosas de tu belleza, se niegan ellas mismas.
El otro lado de tu cuerpo, ahí en ese lugar tan inhóspito
tus emociones se balancean de un lado a otro, dudosas
de los elogios yacen confundidas, maniatadas por esperas infértiles.
Era una vez, no hace mucho tiempo, en que todo
era un despliegue de cuerpos desnudos, corriendo
por todos los rincones de la casa. La vida era una
evocación al arte del amor, que se reinventaba a cada
segundo.
La apatía no existía y el cansancio no era más que un
respiro. La noche, poco a poco nos envolvía con su invisible
manto,las botellas de licor y los cigarrillos proliferaban constantemente,
como las palabras y los libros.
Las madrugadas nos mecían en un vaivén de risas y danzas
desconocidas, traídas de no sé de que lado del mundo.
Tú, enamorada fiel de los aguaceros te paseabas en ropa
interior como esperando que la lluvia se llevará una a una
las cicatrices que dormitaban dentro de tus negros ojos.
La luna, enorme brillaba bajo las estrellas, como si estuviera
distante del cielo, solo se mostraba para nosotros.
Así, pasábamos la vida. No teníamos dinero, ni prisa alguna por
crecer. Algunos habíamos dejado de soñar ...
Pero todo se termina. Los años no fueron amables con nosotros.
La existencia, se volvió una confrontación. Las rutinas diarias,
los periódicos,los eufemismos de la guerra y el dolor de la partida.
Uno se alejó del otro y el otro de nosotros.
Nos volvimos a vestir, y adecuamos la casa para nosotros solos.
Barrimos cada vestigio de locura y envejecimos rápidamente.
Ahora, mientras veo tu otro lado, me doy cuenta, de cuanto añoras
las madrugadas, el licor, los ceniceros rebalsando colillas y el
griterío de aquellos amigos que jamás volvimos a ver.
JUAN ARÉVALO.
El sabor de tu locura, tiene la culpa de mi mal aliento.
Cada vez que te beso, mi piel se enternece, desquebrajando
la dura corteza que la cubre.
Lo perfecto nace de lo imperfecto. Nace de tus ojos negros
y de los cinco dedos de tu mano. En ti está la panacea que
me cura de toda soledad, que oprime mi pecho, cuando
el frío penetra mis entrañas.
Petrificada, en algún dolor,te rozas con la muerte, la maldices,
le mientes, le haces el amor y la dejas balbuceando incoherencias
en medio de un mar de lágrimas, que tú misma le regalas como si
fueran palabras extraídas de algún ritual pagano.
Cuando los relojes se detienen y el mundo se acopla a nuestros
vehementes egoísmos de la carne y la sangre camuflada de sudor,
los pobres vagabundos toman la ciudad, beben a placer y llenan
sus hambrientos estómagos como si fueran los únicos seres del mundo.
Me aferras a tu cuerpo, nos hacemos pequeños, cerramos los ojos
y entramos en trance. Silencio, nada...
Cuando las agujas de los relojes devuelven la vida al tiempo,
un pequeño llanto escapa de tu garganta que aflora en tus ojos.
Te observo, acaricio tus mejillas, beso tu alma.¡Solo tu alma !
Luego, cuando el desahogo termina, miras por la ventana
melancólicamente te ríes y te apiadas, de los que tienen todo y no logran ser felices.
JUAN ARÉVALO.
Petrificada, en algún dolor,te rozas con la muerte, la maldices,
le mientes, le haces el amor y la dejas balbuceando incoherencias
en medio de un mar de lágrimas, que tú misma le regalas como si
fueran palabras extraídas de algún ritual pagano.
Cuando los relojes se detienen y el mundo se acopla a nuestros
vehementes egoísmos de la carne y la sangre camuflada de sudor,
los pobres vagabundos toman la ciudad, beben a placer y llenan
sus hambrientos estómagos como si fueran los únicos seres del mundo.
Me aferras a tu cuerpo, nos hacemos pequeños, cerramos los ojos
y entramos en trance. Silencio, nada...
Cuando las agujas de los relojes devuelven la vida al tiempo,
un pequeño llanto escapa de tu garganta que aflora en tus ojos.
Te observo, acaricio tus mejillas, beso tu alma.¡Solo tu alma !
Luego, cuando el desahogo termina, miras por la ventana
melancólicamente te ríes y te apiadas, de los que tienen todo y no logran ser felices.
JUAN ARÉVALO.
miércoles, 17 de agosto de 2016
martes, 16 de agosto de 2016
Flora .
Más allá de esa esquina, se encuentra el verdadero mundo.
El mundo oculto. El mundo de las miserias y los gestos
obscenos. El mundo del hambre y los egoísmos los cuales
manipulan las almas descarriadas que no conocen más que el
barro y el cruel dolor de la indiferencia.
Ahí, en ese mundo, los ojos siempre están húmedos.
La luna no es musa de nadie, los poetas no existen.
El amor es una experiencia sucia y vil donde las billeteras
siempre se apoderan de la juventud, la inocencia y la corrompen,
la asesinan sin escrúpulos.
Ahí, en ese mundo huérfano de mañana, conocí a Flora.
Paseaba sin compromiso alguno con el tiempo,
Haciendo graciosos malabares para no pisar la mierda de los perros
callejeros.
Además estaban los charcos que la lluvia del día anterior había dejado,
dentro de los huecos del pavimento destrozado, lienzo que jamás será
pintado por pintores de renombres. ¿Quién se atrevería a perpetuar
lo miserable, dentro de lo real ? pensaba, mientras esquivaba los últimos
montoncitos de hojas que el viento de otoño había amontonado como
pequeños remansos de letras olvidadas.
JUAN ARÉVALO.

Permanecer intacto
ante la embestida
del destino.
Copular y engendrar
dentro de mi mismo
el sueño de amar sin remordimientos.
Desenredar
los nudos de la verdad, que somete
la piel a un mundo
desquiciado e invertido en si mismo.
Asumir que hay una muerte,
antes de la muerte
y que el final
no es más que una salvación buscada
inconscientemente,
cuando el dolor quema en
el alma y la obsesión aniquila la esencia.
Aferrarse a esta depresión
de risas fingidas y caricias frías.
Duele cargar semejante cruz,
llevar en las manos
los dogmas de la tristeza
más simétrica
del olvido, forjado por un pasado
que grita fervientemente,
como niño abandonado en la desolación
de los días aún no vividos.
JUAN ARÉVALO.
Ya no sé como seguir en medio de este remolino
de vida. No hay tecnicismos que me sirvan, ni
acertijos que me diviertan.
Por los años que he vivido y por las noches que
he muerto en un suspiro solitario.
El pájaro ha muerto en su rama.
Respira, aún respira,
agita sus alas, aletea
intenta levantar vuelo
pero no puede alzarse, elevarse ,volar.
El pájaro ya no canta.
JUAN ARÉVALO.
Descubrirte en mis brazos cuando despierto.
Sentir tu aliento en mi cuello. Saber que estás viva.
¡ Qué estamos vivos, no tiene calificativo !
Sostener tu verdad sobre la mía y estrujarte como
papel mojado, deleitarme con tus monerías. Sentirte mía
todos los días de la semana, menos el domingo.
El domingo solo a vos te pertenece.
Entender cada palabra que dices cuando hablas dormida.
Penetrar tu absoluto y empequeñecerlo hasta guardarlo
dentro de una burbuja de jabón.
Hablarte en diminutivo cada vez que quiero hacer el amor.
Tocar tus ojos con los míos, para ver que miran cuando están
lejos y tristes.
Saber que no tienes limites y entender que un día cualquiera
puedes alejarte de mi para siempre.
Descubrir tus secretos más perversos y escribirlos en un pétalo
de rosa blanca y dejarlo sobre tu almohada.
Te gusta saber que estoy al tanto de tus cosas. Necesitas sentirte
amada cada día, cada hora,cada segundo y en los atrevidos silencio que
nos arrebatan cuando estamos cansados de mirarnos.
Cada mañana que despierto a tu lado siento que vuelvo a renacer.
Tu vientre y el mio se humedecen en bravos y dulces vaivenes,
impetuosos mares cubren nuestros pies y el frío de la ausencia
se marcha, al menos por unas horas.
Después, cuando las sombras vienen, nos abrazamos dándonos
fuerzas, nos decimos palabras sin pensarlas, nos acariciamos frenéticamente
tratando de no darle tiempo a las lágrimas.Pero es imposible que no terminemos
sollozando recuerdos sobre las sábanas.
Cuando el sol se filtra por las hendiduras de la ventana, nos miramos aliviados,
respiramos profundamente y reímos a carcajadas. Una vez más le hemos ganado
a las sombras...
JUAN ARÉVALO.
lunes, 15 de agosto de 2016
Te ríes. Me dices cosas que no entiendo, tu humor esta
libre esta noche y me acosa con tonterias que me hacen
reír.
Hace tiempo que no te veía así, no siempre estás con ese
rostro. Tus ademas, tus fragancias, tus esperanzas fluyen
a través de tu piel, como si todo lo que nos rodea alimentará
tu espíritu.
Ya tienes dos aretes y una pequeña casa de muñecas.
Dibujas sobre el aire margaritas y lirios que solo yo sé apreciar.
Te sientes viva y lo haces notar. Mi hermosa desquiciada.
Me pides que escriba en tus pechos los horóscopos de los
animales y me empujas con tus frágiles brazos.
Me miras y dios existe por unos instantes.
Cocinas panecillos en tu cocinita de plástico, me invitas a
probarlos y dejas al desnudo tu sensualidad en una pequeña mueca
de ingenuidad que cala hondo mi alma.
No me atrevo a contradecirte, no tengo ganas de discutir esta noche.
Te aferras a la lluvia que tú inventas, me estiras las manos y me invitas
a bailar...¡ Bailemos !
Han pasado las horas, sigues riendo. No hay nadie, las puertas están
cerradas, las luces de los pasillos están apagadas. Ya es tiempo de que
me marche.
Sí al menos comprendieras que la vida es un dolor constante, no estarías
aquí.
Eres una niña en un cuerpo de mujer. Inocente e indecisa.
Tus pastillas, tus pantuflas, tus brazos cortados, tu cama desecha
y el olor a la muerte me hacen amarte más de lo que te amo.
JUAN ARÉVALO.
A veces quisiera entender a todos y concordar
con cada uno de ellos. Quisiera no sentirme culpable
y mirarlos a los ojos como ellos quisieran.
Pero mi idea de vida es diferente a la de todos,
por lo tanto siempre estoy sobrando.
No tengo una sana razón que me haga pensar en mi error
y dar vuelta la página y volver a reescribir la vida con letras
prestadas. No tengo esa forma de ser, de relacionarme tan
crudamente con ellos.
No tengo nada más que dos ojos y una pequeña voz .
Mis ojos ven más allá de lo que mi piel siente y mi voz
me hace gritar y maldecir efusivamente cada vez que una
injusticia clava su daga en mi cuerpo.
Puedo sentir .Puedo amar y odiar e ir a comprar una
torta de limón en medio de una gran nevada.
No puedo quedarme quieto por un segundo, mi mundo
está totalmente despejado de prejuicios.
Pero afuera ¿ Afuera es igual ?.
Me dicen que soy frío, que los he defraudado,que no tengo
más que una tonta fatuidad. Una forma de ser que irrito a todos.
Sin embargo, son ellos los que no se ríen. Son ellos los que viven
resaltando sus buenas cualidades. Son ellos los que invaden la
privacidad más férrea de los demás. Ellos son los que dictan
formas de vidas e imponen un consumismo de ideas nefastas
con olores a naftalina.
A veces quisiera arrancarme la piel a tirones hasta que mi carne
caliente y roja deje ver a los demás, que ser humano también es
ser delirante, soñador,melancólico.
Todos ellos, juzgan sin contemplar que sus vidas están vacías y no
son más que pequeños autómatas convenciendo a los otros, que ellos
son dignos de su admiración.
Yo me vuelvo pequeño, me hago una volita y me recluyo en mi mundo
imperfecto, donde soy feliz y río constantemente. Ahí, en ese mundo de
mi, soy libre, sin cadenas sin compromisos éticos ni religiones separatistas.
JUAN ARÉVALO.
sábado, 13 de agosto de 2016

Caminamos bajo la lluvia toda la mañana,
agarrados de las manos, siempre con
una sonrisa en los labios . Recorrimos
la ciudad como si fuéramos turistas. Nos
detuvimos en cada esquina a jugar a la
rayuela. Ella saltaba las baldosas como
una pequeña niña desquiciada. Me gustó
verla reír, parecía que el tiempo se detenía
en cada salto. Los charcos reían con ella y
el aroma de la vida se iba impregnando en mis
ojos, en mi piel, en mis piernas, en mi pecho.
Luego, cuando la lluvia se detuvo, nos abrazamos
fuertemente y abrimos el negro paraguas.
El sol comenzaba a mostrarse...
JUAN ARÉVALO.

Amor:
Pronto estaré a tu lado. Hoy he comprado los boletos de tren.
Dos, uno de ida y uno de vuelta.
Ansío demasiado ver tu rostro,estrecharte entre mis brazos,
escuchar tu voz, tu risa, tu silencios...
Ya deje de contar los días, creo que fue cuando leí tú última
carta, donde me decías que aún me esperas, que me necesitas
y no has dejado de pensarme ni un segundo.
Desde ese día, los días se volvieron años desprendiéndose
de los almanaques como hojas cayendo de los árboles, en
plena primavera.
Sabes, estoy nerviosa, mis dedos se duermen, un camino
de hormigas invisibles lo recorren como sí los miedos se
estuvieran marchando de mi cuerpo.
Mientras te escribo, una leve llovizna baña la vida en este
lado del mundo. Los pájaros se refugian bajo los aleros de
la casa, parecen niños destrozones que fueron castigados
y puestos en penitencia en los rincones...
Te extraño tanto...El dolor es un pedacito de pan con manteca
y un café caliente. El dolor es caminar por estás calles, sola
pensándote. El dolor es el mundo, lejos de ti me duele la vida.
Tú estás allá y yo aquí en penumbras riendo sin ganas,
contemplando el mar, las gaviotas que ayer han empezado a venir.
El invierno se está marchando...
Amor, quiero besarte, hacerme pequeña en tus brazos, sentir
tus manos en mis pechos. Quiero que entres dentro mio,
sentirte más joven y fuerte que ayer, aunque el tiempo nos
haya tocado a los dos.
Corazón, carne mía,insomnio amado,mi faro, mi placer
te amo y pronto volveremos a estar juntos...El tren partirá
el jueves y yo con él...Te amo, como el primer día.
P.D : Muy atentamente tu amor Lucia,
la que nunca dejará de amarte.
JUAN ARÉVALO
Flora.
Nos gusta cantar desnudos y hacer tortas fritas cuando llueve.
Ella tiene la costumbre de besar mi cuello con sus labios
empolvados de harina. Yo, la alejo con mis brazos, con mis manos
desdeñosamente. Ella enfadada, se va hacía un rincón de la
cocina y no me habla por horas.
Pero cuando la vida vuelve a la normalidad, seguimos siendo
los mismos desocupados de siempre.
A veces, me gusta acariciar sus piernas bajo las sábanas
con mis dedos congelados. Aquí el frío es intenso y no tenemos
calefacción.
Cuando logramos pegar la cabeza sobre la almohada y reconciliar
el sueño, las luces se apagan.
El silencio se adueña de nosotros.
Los fantasmas nos acechan. Siempre callados, siempre invisibles.
Nos despertamos de madrugada, ella siempre primero.
Sus cabellos despeinados, marañas de pelos negros. Enredados
mundos que nada tienen, más que nulas esperanzas.
Yo, la observo desde la cama. Me aterra su belleza, su sensualidad
de mujer despeinada...
Mientras se baña, el humo de mi cigarrillo escribe su nombre en
el aire, disipándose en segundos. Contemplo esa lucha por permanecer.
Me aferro a las cobijas. Aterrado, como sí fuera la muerte quién esta
escribiendo nuestros epitafios.
Cuando sale de la ducha, su piel brilla y huele a mente y a chocolate.
Sus pechos parecen enormes. Su vientre pare deseos y sus ojos tienen
el silencio de la melancolía, que arrastra el viento, los domingos por
las tardes.
Entonces me quito de encima las cobijas, las sábanas.
Con mis brazos la traigo hacia mí, busco sus labios con los míos
(nunca le importó mi mal aliento) y es ahí cuando nuestras lenguas
chocan entre sí. Todo se vuelve nada.
La piel se desnuda dejando al descubierto la carne.
Hacemos el amor una y otra vez. Luego, la rutina diaria.
Flora se viste. Se maquilla. Peina sus largo cabellos y se marcha.
Yo, retomo el escrito del día anterior y lentamente me pierdo en la soledad de mis miedos.
JUAN ARÉVALO.
viernes, 12 de agosto de 2016
Rosarito
Sumisa, siempre esperando que la amen.
No sabe caminar sin zapatillas. Tiene miedo que sus
pies se lastimen.
Parece una pequeña bailarina de cristal.
Modesta en su existencia, no tiene amuletos ni corta papeles
bajo la mesa. Libre de vilezas, amontona pedacitos de sueños
en sus lapices de colores.
Cuando duerme, las horas le cantan villancicos a los oídos y
las luciérnagas destellan mágicamente, como farolas sonrientes.
Rosarito, tiene cinco años y juega con la luna cuando tiene deseos
de llorar...
JUAN ARÉVALO.
Tras esas montañas el mundo es diferente.
Sus lagos son azules y cristalinos.
Cada pierda que allí se encuentra tiene un trozo de nosotros...
Cuando éramos niños sabíamos correr por sus praderas y
contar mariposas en pleno vuelo o deshojábamos al tiempo bajo la
sombra de los grandes y juiciosos abetos.
Ahora, estamos arraigados en este otro lado. Perdidos en medio de
páramos donde imperan el alquitrán y el hollín.
Sé que ayer nos dijimos lo que nunca quisimos oír.
Pero siempre supimos que esas palabras estaban ahí.Agazapadas esperando salir.
La sensibilidad se esconde en gotitas de rocío y el dolor del otoño
está oculto, en las niñas de los ojos de tu luna más humana.
¿ Será que algún día podamos regresar y ser aquellos impolutos seres que
jugaban en silencio, bajo las estrellas en las noches de calor ?
Mi reloj cuenta historias. Diminutas vidas cobijadas por minutos,
donde la muerte carece de sentido.
El presente no es más que un delirio y el futuro un titilar de nostalgias que ya
fueron vividas.
-- Una a una bebo tus lágrimas -- Te dije en un suave murmullo.
Todas las caricias que fueron dadas, se desvanecieron.
Tú piel guarda entre sus poros, las promesas infinitas del verdadero amor,
que un día deje en el más frío silencio... Mientras tú dormías.
JUAN ARÉVALO.
Anclados en nuestro universo
Me dices que te vas. Me amenazas
cada mañana, cada noche, pero siempre te quedas.
A veces creo que necesitas gritar. Insultar a los cuatro
vientos para sentirte amada.
No sé que sientes en realidad. Tu forma de ser me
enloquece, me seduce y te amo...
Pero también me hace querer marchar.
Ya no eres una niña, tu vida se está volviendo un infierno.
No hay maquillaje que oculte tu desazón con la vida.
Me arrastras a tus avernos, me empujas a tus abismos
y en tus cinismos me desprecias, creo, sin saberlo.
La cordura es algo que desconozco, sé bien que el mundo
es alocado y no tiene tiempo para nosotros.
No estoy pidiendo normalidad, nunca me gustó esa palabra.
Pero, es necesario que dejes de tentar al diablo.
Las promesas no siempre se rompen apropósito.
Te he visto desnuda en medio de la lluvia. Vi como mordías
cada trozo de realidad y luego vomitarlos furiosamente en medio
de la mesa tergiversados siempre a tu favor.
Que tontos somos a veces, siempre viendo quimeras donde no las hay.
Ven. Dame tu mano y dejemos que el universo siga su curso.
¡No le demos a los impostores más fundamentos !
Dejemos que el sol nos entibia las miradas y despojémonos de odios.
El amor humano no es ilimitado si no todo lo contrario.
Una vez que un lazo se forma ya no se puede cortar.
Claro, un lazo verdadero así, como el que ahora nos sujeta.
No te aferres a una despedida que nunca lo será.
Ya no podemos cortar las cadenas, amor estamos encadenados .
Tú, yo y el entorno que parimos de nuestros vientres, de nuestros
corazones, de nuestras soledades.
Siempre fuimos nosotros...
Amor, ya no me niegues solo ámame como lo hacías ayer.
Mi amor por ti, aún sigue intacto.
JUAN ARÉVALO.
Me dices que te vas. Me amenazas
cada mañana, cada noche, pero siempre te quedas.
A veces creo que necesitas gritar. Insultar a los cuatro
vientos para sentirte amada.
No sé que sientes en realidad. Tu forma de ser me
enloquece, me seduce y te amo...
Pero también me hace querer marchar.
Ya no eres una niña, tu vida se está volviendo un infierno.
No hay maquillaje que oculte tu desazón con la vida.
Me arrastras a tus avernos, me empujas a tus abismos
y en tus cinismos me desprecias, creo, sin saberlo.
La cordura es algo que desconozco, sé bien que el mundo
es alocado y no tiene tiempo para nosotros.
No estoy pidiendo normalidad, nunca me gustó esa palabra.
Pero, es necesario que dejes de tentar al diablo.
Las promesas no siempre se rompen apropósito.
Te he visto desnuda en medio de la lluvia. Vi como mordías
cada trozo de realidad y luego vomitarlos furiosamente en medio
de la mesa tergiversados siempre a tu favor.
Que tontos somos a veces, siempre viendo quimeras donde no las hay.
Ven. Dame tu mano y dejemos que el universo siga su curso.
¡No le demos a los impostores más fundamentos !
Dejemos que el sol nos entibia las miradas y despojémonos de odios.
El amor humano no es ilimitado si no todo lo contrario.
Una vez que un lazo se forma ya no se puede cortar.
Claro, un lazo verdadero así, como el que ahora nos sujeta.
No te aferres a una despedida que nunca lo será.
Ya no podemos cortar las cadenas, amor estamos encadenados .
Tú, yo y el entorno que parimos de nuestros vientres, de nuestros
corazones, de nuestras soledades.
Siempre fuimos nosotros...
Amor, ya no me niegues solo ámame como lo hacías ayer.
Mi amor por ti, aún sigue intacto.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 11 de agosto de 2016
No hubo ninguna razón. El reloj marcaba el tiempo
bajo la manga de su saco. Le sabía gustar aparentar
más de lo que era. Pero solo lo hacía conmigo.
Era un juego que yo acepté jugar con gustó. Nunca fui
de renunciar ante ningún desafío.
Pero también es cierto que sufrí mucho, su indiferencia
me dolía. Cada vez que venía, mi mundo se daba vuelta.
La reciprocidad amorosa casi no existía, el amor se diluía
entre su cuerpo. Nada para mí, los cristales de los anteojos
se empañaban con el aliento tibio de su respiración.
Cada noche en que estábamos juntos mis esperanzas
renacían y morían entre sus labios.
Cuando vestía de traje y corbata, su cuerpo se estremecía
en un vaivén de nostalgia.
Fue una tarde de domingo cuando la conocí.
Ella paseaba por las calles de la ciudad. Despreocupada y hermosa.
Tenía en sus manos un ramo de flores, creo se lo habían regalado
minutos antes de nuestro encuentro.
Nunca pregunte, nunca me lo dijo.
Vestía de traje, pantalón y saco gris, corbata blanca, zapatos negros
y anteojos grandes acompañados de una melancólica sonoriza.
Yo caminaba en medio del gentío, no me interesaba socializar con
nadie, solo quería llegar a casa.
Ella venía, yo iba y el destino estaba varado en medio de nosotros.
Nuestras miradas chocaron y el gentío se desvaneció al instante.
Hoy antes de decirme adiós, beso mi frente y dejó en mi piel
el dolor más profundo que jamás haya sentido.
Sé que vendrá de nuevo, no sé cuando pero sé que volverá.
De lo que sí estoy seguro es que ya no aceptaré ningún otro desafío,
o al menos no, de este tipo.
JUAN ARÉVALO.
miércoles, 10 de agosto de 2016

Dicen que cada puerta tiene una historia escondida.
detrás de ellas, siempre hay mundos distintos, palabras
desconocidas cuerpos diferentes. Una vez que uno traspasa
una puerta está rompiendo una barrera, descifrando un enigma.
Lo ilógico es creer que ellas son las culpables del olvido, del
regreso o de la muerta.
Ana cerró la puerta para siempre y para siempre. Fue el día que
terminamos. Esa tarde me juro que me quería,pero que lo nuestro
era imposible. Sus padres habían descubierto nuestro escondido
romance. Ese día, las puertas de todo el mundo se cerraron al unísono,
dejándome fuera de ellas por el resto de mi vida.
Entonces fue en ese momento que decidí inventar mi propia puerta.
La dibuje en una hoja de cartulina marrón, luego recorte perfectamente
la cancela y la guarde en el bolsillo de mi pantalón.
Ahora, cada vez que estoy sin ánimo, saco de mi bolsillo aquella
abertura e imagino que es un portal a otras dimensiones.
Ya sé, ustedes dirán, que tontería, pero para mí fue la solución
a mi soledad. Ahora tengo miles de amigos y he conocido mundo nuevos.
Sí, tengo una puerta de bolsillo. A veces cuando la abro puedo ver un inmenso
mar y un hermoso crepúsculo.
JUAN ARÉVALO.
Tantos años. Tantos diluvios. Tanto sufrimiento.
Todos saben lo que ocurrió, ellos estaban ahí,
vieron como fueron exterminados los "otros "
los "algo habrán echo ".
Yo los vi a ellos, a los que hoy ríen sin remordimientos.
Los vi esconderse dentro de la sin razón, los
vi refugiarse en las sangrientas excusas.
Yo aún no nacía, pero los sentía y los veía.¡ Me dolían !
Hoy el tiempo se retrotrae y nada ni nadie puede negarlos.
Los gritos se escuchaban a lo largo de la cuadra. El frío
pesaba y la indiferencia reinaba en todos lados.
El miedo desmembraba la coherencia y los ojos se cegaban
continuamente.
Yo los vi morir entre balas de odios y me sentí vacío cuando
aún no tenía cuerpo, ni alma,ni lágrimas.
Ellos, los que hoy no están, hoy están siendo atacados, degradados
y silenciados. Dentro de sus muertes, están siendo profanados.
No me digas que fue una guerra sucia, no me digas que no sabes
que fue lo que paso.
Tú eres el más grande asesino, el más repugnante ser que el mundo
haya creado.
Yo los vi, a ellos los sin almas roban, matar, torturar,violar, robar bebes,
enterrar a gente viva,sedar y subir a los aviones a "los otros " a los
indefensos y tirarlos al mar como objetos .
Hoy, el tiempo se retrotrae y las realidades ya no se pueden tapar.
Nosotros,los invisibles no podemos permitir que nos sigan atormentando
aún más.
JUAN ARÉVALO.
martes, 9 de agosto de 2016
1...La batalla de las dos aguas.
Primer acto.
--Mí rey, mi soberano...No acepto vuestro premio,
ya que lo que me fue encomendado, lo he cumplido--
-- Pero, yo os digo y mando que tú, hermano mío, seáis
recompensado --
-- Mi rey, ya no puedo seguir derramando sangre --
Saca, su espada, la coge entre las palmas de su mano y se inclina ante su majestad.
-- Mi amado rey, mi espada ha concluido su trabajo--
-- Yo os ruego, mi mejor soldado . No rechacéis este obsequio--
Un frío silencio envuelve la sala. Los caballeros se miran entre sí.
El sol se ha escondido, el último invierno esta por comenzar.
-- Vuestra majestad, mi único obsequio será saber que vuestro reinado
será justo, noble, piadoso y sobre todo un reinado libre de toda codicia--
La guerra de las dos aguas, comenzó hace mucho tiempo.
Cuando aún la tierra era un solo continente.
Bestias y hombres convivían en un solo reino. La vida era dura e impiadosa.
Tempestades y enfermedades corrompían los días y los meses.
Entre la neblina,la figura de un corcel se va acrecentado. Un jinete trae un recado .
Es el heraldo de las tierras bajas donde la maldad y el ocio han aniquilado
toda cordura.
Nada es lo que parece, las sombras tienen ojos y la muerte hambre.
Alabarderos custodian los caminos, escondidos en acotadas cuevas
protegen la abadía que se encuentra en lo alto de la montana, cuyos
muros guardan enormes tesoros.
-- ¡Deteneos ahora mismo !--
A filadas lanzas apuntan al hidalgo, quién sin dudarlo detiene su negro corcel.
-- Vengo a vuestras tierras trayendo un mensaje de mi soberano. No
busco más que llegar a mi destino...¡ Por favor dejadme pasar !--
Los valientes soldados de armaduras opacadas por el barro se muestran
ante el solitario heraldo.
-- No podéis cruzar más allá que esta colina. ¡ Dadme el mensaje, os
prometo que os haré llegar a mi rey !--
De pronto un trueno enciende el cielo, una fuerte lluvia da comienzo.
-- Aceptaré vuestra voluntad...¡ Solo os diré que esperaré vuestra respuesta
en este lugar. No puedo marcharme sin una contestación --
--Os advierto que su respuesta será dentro de dos días --
-- Esperaré..¿Puedo refugiarme bajo esos árboles ?--
-- Desmontad tranquilo. Os refugiaréis bien ahí, si queréis podéis dormir un poco ---
En segundos todo vuelve a la normalidad. El barro la sed y el hambre.
El honor de ambos bandos aún no ha sido profanado.
Las dos aguas es como llaman a la batalla por los ríos que bordean
ambos reinos.
JUAN ARÉVALO.
lunes, 8 de agosto de 2016

La soledad se manifiesta en los viejos
zapatos que adornaban macabremente las calles .
En el centro de las ruinas, me hallo perdido.
Todo mi mundo ha desaparecido.
Los abandonados edificios contienen las risas que ayer sabían despertar
mis sueños.
Ahora, no tengo más que un negro traje y un corazón que se va apagando
en medio del mortífero y silencioso desierto.
Los niños ya no juegan en las calles, el miedo de las bombas
hizo que todos se marcharan.
La guerra aún no ha termina. He oído que están negociando la paz.
pero para que engañarme, sé que soy el único que se ha salvado,
el resto ha muerto.
Solo escucho la voz re grabada de la vieja radio que al igual que yo
está muriendo.
Mis puños aprietan la empuñadura del arma, ya no tengo miedo.
Ya no hay nada que me aferre a este mundo.
JUAN ARÉVALO.
Nada se tomaba en serio. Su vida no era más que un juego.
Sus uñas pintadas de azul y sus esperanzas trazadas con
tizas blancas.
Me solía abrazar con ternura. Besaba mi cuello apasionadamente.
sabía como excitarme, aunque nunca llegáramos a más.
Fumaba siempre con la ventana abierta, le gustaba exhalar
el humo por fuera de la casa. Sus ojos brillaban viendo como
se esparcían las figuras, que el humo paría en el vientre, del
viento fresco que remolinaba melancólicamente haciendo de
la vida un estanque efímero de sueños...
Cuando se quedaba dormida en mis brazos, su aliento rozaba
mis labios y el aroma de su piel penetraba mi pecho, el mundo
parecía dormir con ella.
No tenía ambiciones, todo en ella era real.
Sus años se iban adueñando de sus impaciencias, tanto que ya
no le molestaba mi mal humor.
Mi inteligencia es nula, básica y me cuesta entenderle algunas
cosas. Sí, siempre la sabía exasperar, me gustaba cuando se enfurecía.
Sus mejillas se tornan rojizas y de su boca las malas palabras fluyen
como si nada...¡ Ah !...Me enamoraba. Si, su furia me enamora
aún más.
Flora tiene magia en su cuerpo ,pero también dolor, el cual nunca lo
supo esconder, sabe fingir, claro que lo sabe. Pero nunca supo
ocultar el dolor que su existencia acumula entre las yemas de sus
dedos.
Cada vez que me acaricia, siento como las lágrimas se deslizan por su alma...
JUAN ARÉVALO.
domingo, 7 de agosto de 2016

No hay necesidad de ocultar lo que no se ve,
todo gira en nombre de dios y sus ángeles celestiales.
Mi vida es un pergamino a medio escribir.
Me reincorporo a este mundo luego de sucumbir ante
los sucesos del destino, que fueron arremetiendo mi ser
a una pequeña esfera de sueños muertos.
Mi piel lleva las marcas de una guerra fecundada en el vientre
mismo del amor y la equidad.
Mi alma no es más que un pasado de muerte, donde la verdad
siempre fue destronada por la ambición terrenal de los que decían
amar y velar por las esperanzas de los que no sabían de dogmas
pragmáticos de la fe más tétrica .
Ruinas se revelaron y la voces de los mendigos fueron coronadas
con coronas de espinas en medio de los desiertos más abismales
de la indiferencia.
Ahora, he renacido de entre los muros de los olvidos.
Soy los ojos del ciego y la voz de los amordazados. Soy la espada
del guerrero que marcha a la victoria sin importarle la muerte.
Soy la impureza de la pureza falsa y de ella me nutro como se
nutren los mares de las tormentas.
JUAN ARÉVALO.
Muros

Un día me sentí cansado, salí a fuera y grité. Grité
con todas mis fuerzas, con todas mis voces,con todas
mis tristezas,mis olores y dolores.
Mi voz penetro los oídos de nadie. Nadie me escucho.
Todos seguían sus diarias rutinas.
Los comerciantes seguían negociando los sueños y dignidades de
los más débiles.
Los niños jugaban hacer y los abuelos melancolizados recordaban
su niñez.
El caluroso verano sudaba su fatiga en el oscuro alquitrán de
las calles, mientras un viejo perro descansaba de la vida, bajo
la sombra de un árbol de naranjas.
El cielo totalmente despejado dibujada una perfecta acuarela
celeste donde dios miraba en silencio a sus descarriados hijos.
Grité una y otra vez, mi cansancio se fue transformando en odio
en frustración y al final, solo quedaba resignación.
Todos pasaban a mi lado, pero nadie parecía reparar en mí.
Les rogué que me escucharán, estiraba mis manos intentando
tocar sus flacas y arrugadas pieles.
Los amé y los odié, me desnude de cuerpo y llore a sus pies,
imploré y reí.
Quise mostrarles mis miedos, mis cansancios,como el sistema
me fue marginado de la existencia.
Les grité que estaba muerto,que no tenía nada,que mis brazos
estaban cortados por furiosas navajas.Que mi pequeña verdad había sido profanada,
que ahora,solo poseía un reloj que no andaba y un par de anteojos
sin cristales.
Algunos me dijeron "loco ",otros decían que estaba ebrio.
Las abuelas que estaban sentadas en las veredas, por un segundo
se apiadaron de mi rostro enfurecido de lágrimas, me miraron con
ternura,sus ojos gastados por el tiempo manipularon mi certeza, luego
siguieron hilando puntos con la landa y las agujas de tejer.
Pero en realidad nadie me vio, nadie sintió mi dolor.
Esta búsqueda por recuperar el lugar que me corresponde me llevo a romper la cáscara
que cubre la cordura, esa especie de nuez que nos va asfixiando hasta
no poder respirar.
Me sentí en una gran noria de feria que giraba sobre sus cabezas, mis lágrimas
se iban volviendo profundas fosas donde miles de niños jugaban en medio de la nada.
Grité una vez, me ignoraron como en el primer alarido.
Entonces decidí cerrar mis labios, asesinar mi voz y ocultarme entre estos muros, donde
el dolor es moneda corriente, así como el abandono, como el olvido,como la supresión.
JUAN ARÉVALO.

Un día me sentí cansado, salí a fuera y grité. Grité
con todas mis fuerzas, con todas mis voces,con todas
mis tristezas,mis olores y dolores.
Mi voz penetro los oídos de nadie. Nadie me escucho.
Todos seguían sus diarias rutinas.
Los comerciantes seguían negociando los sueños y dignidades de
los más débiles.
Los niños jugaban hacer y los abuelos melancolizados recordaban
su niñez.
El caluroso verano sudaba su fatiga en el oscuro alquitrán de
las calles, mientras un viejo perro descansaba de la vida, bajo
la sombra de un árbol de naranjas.
El cielo totalmente despejado dibujada una perfecta acuarela
celeste donde dios miraba en silencio a sus descarriados hijos.
Grité una y otra vez, mi cansancio se fue transformando en odio
en frustración y al final, solo quedaba resignación.
Todos pasaban a mi lado, pero nadie parecía reparar en mí.
Les rogué que me escucharán, estiraba mis manos intentando
tocar sus flacas y arrugadas pieles.
Los amé y los odié, me desnude de cuerpo y llore a sus pies,
imploré y reí.
Quise mostrarles mis miedos, mis cansancios,como el sistema
me fue marginado de la existencia.
Les grité que estaba muerto,que no tenía nada,que mis brazos
estaban cortados por furiosas navajas.Que mi pequeña verdad había sido profanada,
que ahora,solo poseía un reloj que no andaba y un par de anteojos
sin cristales.
Algunos me dijeron "loco ",otros decían que estaba ebrio.
Las abuelas que estaban sentadas en las veredas, por un segundo
se apiadaron de mi rostro enfurecido de lágrimas, me miraron con
ternura,sus ojos gastados por el tiempo manipularon mi certeza, luego
siguieron hilando puntos con la landa y las agujas de tejer.
Pero en realidad nadie me vio, nadie sintió mi dolor.
Esta búsqueda por recuperar el lugar que me corresponde me llevo a romper la cáscara
que cubre la cordura, esa especie de nuez que nos va asfixiando hasta
no poder respirar.
Me sentí en una gran noria de feria que giraba sobre sus cabezas, mis lágrimas
se iban volviendo profundas fosas donde miles de niños jugaban en medio de la nada.
Grité una vez, me ignoraron como en el primer alarido.
Entonces decidí cerrar mis labios, asesinar mi voz y ocultarme entre estos muros, donde
el dolor es moneda corriente, así como el abandono, como el olvido,como la supresión.
JUAN ARÉVALO.
viernes, 5 de agosto de 2016
CARTAS PARA LUCIA
Mientras despierta la mañana, puedo sentir
el comienzo de la lluvia. Primero una pequeña
gotita, luego otra y otra así hasta el aguacero .
El frío carcome las calles, los pocos caminantes
que se atreven a desafiar la inclemencia del tiempo
se aferran a sus pies como los árboles se aferran a sus raíces.
Lucia, amor mio tengo frío, estoy en medio de la primavera
más álgida que he conocido.
Los pájaros se posan en los cables de los teléfonos.
Un olor a pan recién horneado se filtra por las rendijas de mis ventanas y el
sutil silencio de la nostalgia cala hondo en mis huesos.
Mientras tomo mate un recuerdo rompe mi soledad.
Una noche en que ambos estábamos desnudos,ociosamente
tirados en la cama, disfrutando de la muerte que llega después de hacer el amor.
Tú, empezaste a reír alocadamente, de improvisto como
una hermosa diablilla.
Reías a carcajadas, me mirabas y te ibas sumiendo en una atolondrada
obra teatral.
Tus gestos, tus ojos a punto de lagrimear, tus pechos
moviéndose de un lado a otro. Tu vientre, desnudo de toda castidad
se mostraba libre y hermoso.
Nunca me dijiste el motivo de aquella risa inesperada, jamás pregunte
solo me deje llevar por tu ira irracional de aquel momento.
Amor, hace mucho tiempo que olvide reír...
JUAN ARÉVALO.
Mientras despierta la mañana, puedo sentir
el comienzo de la lluvia. Primero una pequeña
gotita, luego otra y otra así hasta el aguacero .
El frío carcome las calles, los pocos caminantes
que se atreven a desafiar la inclemencia del tiempo
se aferran a sus pies como los árboles se aferran a sus raíces.
Lucia, amor mio tengo frío, estoy en medio de la primavera
más álgida que he conocido.
Los pájaros se posan en los cables de los teléfonos.
Un olor a pan recién horneado se filtra por las rendijas de mis ventanas y el
sutil silencio de la nostalgia cala hondo en mis huesos.
Mientras tomo mate un recuerdo rompe mi soledad.
Una noche en que ambos estábamos desnudos,ociosamente
tirados en la cama, disfrutando de la muerte que llega después de hacer el amor.
Tú, empezaste a reír alocadamente, de improvisto como
una hermosa diablilla.
Reías a carcajadas, me mirabas y te ibas sumiendo en una atolondrada
obra teatral.
Tus gestos, tus ojos a punto de lagrimear, tus pechos
moviéndose de un lado a otro. Tu vientre, desnudo de toda castidad
se mostraba libre y hermoso.
Nunca me dijiste el motivo de aquella risa inesperada, jamás pregunte
solo me deje llevar por tu ira irracional de aquel momento.
Amor, hace mucho tiempo que olvide reír...
JUAN ARÉVALO.
jueves, 4 de agosto de 2016
Sabía venir todos los sábados por la tarde.
Traía sus bolsillos repletos de sueños y en su rostro
el rojizo frió del invierno, dibujaba crepúsculos
los cuales, me enamoraban inocentemente.
Me contaba lo que había hecho en la semana.
Desglosaba los días tranquilamente, sobre la mesa
de madera que tenía en el jardín del fondo de casa.
A veces, cuando estaba triste solía cantar en ingles,
solo para ella.
Sus ojos se desteñían y su piel palidecía, como palidecen
los bancos de la plaza en los otoños o las puertas de las escuelas
en vacaciones.
Ya no éramos niños, tampoco éramos adultos, solo éramos...
Un sábado olvido de venir, la extrañe y hasta sentí romperse
en pedacitos las agujas del reloj.
Me quedé esperando hasta última hora.
El sábado siguiente de vuelta olvido venir.
Un suave viento soplaba las nubes y el miedo a no volverla
a ver, se fue adueñando de mi cuerpo, de mis pensamientos.
Pasaron tres años, las lunas se fueron devorando a si mismas
y el barrio se fue urbanizando, evolucionó, como dicen algunos.
Esta mañana, mientras desayunaba, una voz pronuncio mi nombre.
Dejé la taza sobre la mesa, levante la mirada y la vi...Para frente a la ventana,
con su sombrero de paja marrón, con sus largos vestidos, sus cabellos
largos hermosos.Sus ojos grandes y negros y su sonrisa, viva, trasparente...
Flora ha vuelto y con ella el dolor de la vida antes de su partida.
JUAN ARÉVALO.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Al abrir el contenedor se dio cuenta de que
estaba empezando a olvidar el nombre de
las cosas.
Sus manos temblaron al sujetar aquella
fotografía. El rostro le era familiar, pero su nombre
le era desconocido.
Se vio sentada junto aun hombre de espesa barba con una
pipa en sus labios que la abrazaba tiernamente.
De pronto un recuerdo rompió su tranquilidad,
dejo caer la foto y corrió hacia el espejo.
Ahora recordaba todo, el abuso,el revolver, la bala, la sangre, la policía
y la voz de su niño gritándole que no se valla...
Por un momento, cerro los ojos, trago saliva y sin remordimientos se sumió
en una amnesia infinita.
JUAN ARÉVALO.
Se tendía sobre la nada, suspiraba en melancolía,
tenía el rostro pálido y sus ojos parecían besar el infinito.
Pasaba horas levitando sobre las flores silvestres,
su cuerpo desnudo tenía el brillo de la luz más real y
verdadera que jamás haya existido.
Ingenuas, las horas iban y venían a su alrededor,
como niñas jugando en medio de la eternidad.
Así, velaba los recuerdos, los atesoraba dentro de su alma
purificándolos, amamantándolos.
La amé y la protegí.Sentado a su lado vi crecer la hierba
y acaricie la muerte cada vez que el sol se escondía bajo
la piel de la luna...La amé sin remordimientos.
Flora, me ignoraba, no porque no me amará, si no, porque
se había jurado no lastimar más a nadie.
Su egoísmo nacía de su amor, y sus lágrimas de su carne.
Ingenuamente se dejaba llevar por las bandadas de mariposas
monarcas que sabían llegar del norte solo para beber del sudor
de su piel...Mariposas, que hoy ya no vienen...
Nada parecía molestarle, ni la lluvia, ni los vientos, ni el dolor
de las flores deshojadas. Nada, nada parecía inmutarla .
La amé, siempre en silencio, siempre con mi alma, siempre
con el amor más puro y sincero.
Pero la vida pasa, los años se acumulan en el cuerpo y el amor suele
deshacerse en pequeñas fibras hiladas o en pequeños dientes de león
también llamados panaderos...
Un día, me puse de pie, bese su frente y me aleje.
Desde ese día, la risa de lo niños es lo único que me contiene.
JUAN ARÉVALO.
martes, 2 de agosto de 2016
A UNA POETA
Poeta tus penas traspasan mis penas
y el aroma de tus nostalgias hacen de mis horas,
enteros jardines de recuerdos apelmazados.
Hay algo en tus pupilas, un silencio a punto de quebrarse,
una pequeña esperanza que destella entre la oscuridad.
Tus cabellos enredados a tu cuello y el mundo cada vez más
impermeable...
Te aferras a mi y yo a tus manos.
Me inclino ante tu elegancia y reafirmo tus elocuencias.
No me interesan los noticieros ni los versos rebuscados .
Pareces cansada, los que ayer estaban hoy ya no están.
El corazón se siente defraudado por tanta estupidez.
Te han lastimado, han rasgado tus ropas con sus garras,
y en el tumultuoso silencio del averno te han dejado a tu suerte.
Pero, la vida sigue. El ocaso aún no llega. Tu rostro ilumina
las estrellas y tu alma embelese la luna y haces del infinito
un instante etéreo.
Cuando te ríes, ah ! Cuando te ríes, las constelaciones parecen
cobrar vida y los inmortales sienten verguenza de si mismos.
Me has enseñado a lloran sin lágrimas, solo en letras.
Tú, me has dado el otro lado de la luna y el sol en miniatura.
Me has dado tu desnudez de musa y poeta.
Humildemente, te has ocultado entre el rojo del crepúsculo vespertino
para enseñarme los matices de la vida renaciendo por las tardes...
JUAN ARÉVALO.
El ocio de la espera
reúne en su vientre las más cruda ilusión.
Dilación perpetua...
Bruto diamante que jamás será trabajado,
niño mudo, acumulando pobrezas.
No vasta el mundo para tanta soledad,
lo saben los hambrientos de amor
que imploran en la prudencia del crepúsculo matinal.
Desnudos y crucificados los huesos y los sueños.
Mendaces rostros, profanan la mirada de la casta joven
quien solloza sobre los hombros del silencio.
JUAN ARÉVALO.
Despojado de toda identidad
me voy volviendo sombra entre las sombras.
Camino descalzo entre los pequeños rostros
que habitan dentro de mi hueco de locura.
Emigran los pájaros de la hoja
que pinte hace varios años atrás.
Varado en una isla desconocida
muero de apoco...
Mi forma de actuar no es sencilla,
me bifurco y mis partes se vuelven páramos
y edenes donde nada se sostiene por sí solo.
Singular, plural...Todo se hace y se deshace
en minúsculas partituras.
Me duelen los abismos, impiadoso dios de sal,
mis manos se cuartean y se desangran
como se desangran las rosas en los picos del colibrí.
Suenas las campanas de los monasterios
aludes de miserias cubren mi cuerpo,
estoy detenido dentro de un viejo reloj de arena.
Ya no hay risas ni lágrimas.
Poeta, las cuerdas del laúd
han detenido sus melodías, la eterna noche
da comienzo al alba de la vida,
que desnuda de cuerpo yace invisible
entre las mareas celestiales de los silencios.
JUAN ARÉVALO.
lunes, 1 de agosto de 2016
¿Quién fue el qué nos mintió?
¿Porqué se fueron esas ganas de amar
dejando frías las almas ?
Este amor, que hoy yace muerto
entre los dedos de las manos,
el mismo que ayer nos vio manipular
la vida en medio de los fuertes vientos.
¡No ! No dejemos que el agua
se lleve todo lo que construímos.
No permitamos
que el destino se salga con la suya.
Liberémonos de la cordura que nos apresa,
salgamos fuera de este circulo que nos asfixia.
¿ Desdé cuándo es sensato el amor ?
Prejuicios y más prejuicios...¿ No viste el sol esta mañana ?
Pequeños racimos de sueños
se desprenden de nosotros...¿Ya no hay metáforas amor ?
Estoy aturdido de tanto esperarte,
¿ Quién dijo, qué en el silencio todo es quietud ?
Amor, rompamos las barreras de los miedos
y empecemos una nueva etapa...¿ Amor, ya no me sientes ?
Mi piel se desgrana, en cada caricia del viento,
mi piel se desgrana...
Mis letras son pequeñas, mi vocablo es estéril,
incapaz de describir lo que mi pecho atesora,
no soy poeta...Amor, solo soy un ser que te espera.
Ya se fueron las nubes de enero, y con ellas las últimas miradas.
Amor, el tiempo se nos va...
JUAN ARÉVALO.
Parece que no hay nadie.
No escuchan, no sienten,no existen.
Todos permanecen en silencio, argumentando
el olvido que aflora de su pieles.
Ellos tienen miedo a gritar, no desean ser escuchados.
Una vez le dijeron, que tenían que aceptar todo sin decir nada
y ellos obedecen.
El tiempo los va involucionando, los vuelve productos,
simples objetos.
La soledad los va destrozando, funestos cuerpos desnudos.
Heridos cuerpos olvidados por sus almas.
Púdicos seres de limitados pensamientos, se ahogan en sus
propias miserias.
No soportan la verdad,se flagelan frente a dioses inventados.
Cavernosas voces los hostigan hasta encerrarlos dentro de
un sistema corrupto e impiadoso.
Ellos, los invisibles,los que temen,los que lloran en silencio.
JUAN ARÉVALO.
No escuchan, no sienten,no existen.
Todos permanecen en silencio, argumentando
el olvido que aflora de su pieles.
Ellos tienen miedo a gritar, no desean ser escuchados.
Una vez le dijeron, que tenían que aceptar todo sin decir nada
y ellos obedecen.
El tiempo los va involucionando, los vuelve productos,
simples objetos.
La soledad los va destrozando, funestos cuerpos desnudos.
Heridos cuerpos olvidados por sus almas.
Púdicos seres de limitados pensamientos, se ahogan en sus
propias miserias.
No soportan la verdad,se flagelan frente a dioses inventados.
Cavernosas voces los hostigan hasta encerrarlos dentro de
un sistema corrupto e impiadoso.
Ellos, los invisibles,los que temen,los que lloran en silencio.
JUAN ARÉVALO.
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