martes, 16 de agosto de 2016


Flora .

Más allá de esa esquina, se encuentra el verdadero mundo.
El mundo oculto. El mundo de las miserias y los gestos
obscenos. El mundo del hambre y los egoísmos los cuales
manipulan las almas descarriadas que no conocen más que el
barro y el cruel dolor de la indiferencia.
Ahí, en ese mundo, los ojos siempre están húmedos.
La luna no es musa de nadie, los poetas no existen.
El amor es una experiencia sucia y vil donde las billeteras
siempre se apoderan de la juventud, la inocencia y la corrompen,
la asesinan sin escrúpulos.
Ahí, en ese mundo huérfano de mañana, conocí a Flora.
Paseaba sin compromiso alguno con el tiempo,
Haciendo graciosos malabares para no pisar la mierda de los perros
callejeros.
Además estaban los charcos que la lluvia del día anterior había dejado,
dentro de los huecos del pavimento destrozado, lienzo que jamás será
pintado por pintores de renombres. ¿Quién se atrevería a perpetuar
lo miserable, dentro de lo real ? pensaba, mientras esquivaba los últimos
montoncitos de hojas que el viento de otoño había amontonado como
pequeños remansos de letras olvidadas.

JUAN ARÉVALO.






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