
No hay necesidad de ocultar lo que no se ve,
todo gira en nombre de dios y sus ángeles celestiales.
Mi vida es un pergamino a medio escribir.
Me reincorporo a este mundo luego de sucumbir ante
los sucesos del destino, que fueron arremetiendo mi ser
a una pequeña esfera de sueños muertos.
Mi piel lleva las marcas de una guerra fecundada en el vientre
mismo del amor y la equidad.
Mi alma no es más que un pasado de muerte, donde la verdad
siempre fue destronada por la ambición terrenal de los que decían
amar y velar por las esperanzas de los que no sabían de dogmas
pragmáticos de la fe más tétrica .
Ruinas se revelaron y la voces de los mendigos fueron coronadas
con coronas de espinas en medio de los desiertos más abismales
de la indiferencia.
Ahora, he renacido de entre los muros de los olvidos.
Soy los ojos del ciego y la voz de los amordazados. Soy la espada
del guerrero que marcha a la victoria sin importarle la muerte.
Soy la impureza de la pureza falsa y de ella me nutro como se
nutren los mares de las tormentas.
JUAN ARÉVALO.
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