lunes, 15 de agosto de 2016


 Te ríes. Me dices cosas que no entiendo, tu humor esta 
libre esta noche y me acosa con tonterias que me hacen 
reír.
Hace tiempo que no te veía así, no siempre estás con ese
rostro. Tus ademas, tus fragancias, tus esperanzas fluyen
a través de tu piel, como si todo lo que nos rodea alimentará
tu espíritu.
Ya tienes dos aretes y una pequeña casa de muñecas.
Dibujas sobre el aire margaritas y lirios que solo yo sé apreciar.
Te sientes viva y lo haces notar. Mi hermosa desquiciada.
Me pides que escriba en tus pechos los horóscopos de los
animales y me empujas con tus frágiles brazos. 
Me miras y dios existe por unos instantes.
Cocinas panecillos en tu cocinita de plástico, me invitas a 
probarlos y dejas al desnudo tu sensualidad en una pequeña mueca
de ingenuidad que cala hondo mi alma.
No me atrevo a contradecirte, no tengo ganas de discutir esta noche.
Te aferras a la lluvia que tú inventas, me estiras las manos y me invitas 
a bailar...¡ Bailemos !
Han pasado las horas, sigues riendo. No hay nadie, las puertas están
cerradas, las luces de los pasillos están apagadas. Ya es tiempo de que
me marche.
Sí al menos comprendieras que la vida es un dolor constante, no estarías
aquí. 
Eres una niña en un cuerpo de mujer. Inocente e indecisa.
Tus pastillas, tus pantuflas, tus brazos cortados, tu cama desecha
y el olor a la muerte me hacen amarte más de lo que te amo.

JUAN ARÉVALO.

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