jueves, 18 de agosto de 2016


El sabor de tu locura, tiene la culpa de mi mal aliento.
Cada vez que te beso, mi piel se enternece, desquebrajando
la dura corteza que la cubre.
Lo perfecto nace de lo imperfecto. Nace de tus ojos negros
y de los cinco dedos de tu mano. En ti está la panacea que 
me cura de toda soledad, que oprime mi pecho, cuando
el frío penetra mis entrañas.
Petrificada, en algún dolor,te rozas con la muerte, la maldices,
le mientes, le haces el amor  y la dejas balbuceando incoherencias
en medio de un mar de lágrimas, que tú misma le regalas como si
fueran palabras extraídas de algún ritual pagano.
Cuando los relojes se detienen y el mundo se acopla a nuestros
vehementes egoísmos de la carne y la sangre camuflada de sudor,
los pobres vagabundos toman la ciudad, beben a placer y llenan
sus hambrientos estómagos como si fueran los únicos seres del mundo.
Me aferras a tu cuerpo, nos hacemos pequeños, cerramos los ojos
y entramos en trance. Silencio, nada...
Cuando las agujas de los relojes devuelven la vida al tiempo,
un pequeño llanto escapa de tu garganta que aflora en tus ojos.
Te observo, acaricio tus mejillas, beso tu alma.¡Solo tu alma !
Luego, cuando el desahogo termina, miras por la ventana
melancólicamente te ríes y te apiadas, de los que tienen todo y no logran ser felices.

JUAN ARÉVALO.






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