martes, 2 de agosto de 2016
Despojado de toda identidad
me voy volviendo sombra entre las sombras.
Camino descalzo entre los pequeños rostros
que habitan dentro de mi hueco de locura.
Emigran los pájaros de la hoja
que pinte hace varios años atrás.
Varado en una isla desconocida
muero de apoco...
Mi forma de actuar no es sencilla,
me bifurco y mis partes se vuelven páramos
y edenes donde nada se sostiene por sí solo.
Singular, plural...Todo se hace y se deshace
en minúsculas partituras.
Me duelen los abismos, impiadoso dios de sal,
mis manos se cuartean y se desangran
como se desangran las rosas en los picos del colibrí.
Suenas las campanas de los monasterios
aludes de miserias cubren mi cuerpo,
estoy detenido dentro de un viejo reloj de arena.
Ya no hay risas ni lágrimas.
Poeta, las cuerdas del laúd
han detenido sus melodías, la eterna noche
da comienzo al alba de la vida,
que desnuda de cuerpo yace invisible
entre las mareas celestiales de los silencios.
JUAN ARÉVALO.
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