martes, 2 de agosto de 2016


El ocio de la espera
reúne en su vientre las más cruda ilusión.

Dilación perpetua...

Bruto diamante que jamás será trabajado,
niño mudo, acumulando pobrezas.

No vasta el mundo para tanta soledad,
lo saben los hambrientos de amor
que imploran en la prudencia del crepúsculo matinal.

Desnudos y crucificados los huesos y los sueños.

Mendaces rostros, profanan la mirada de la casta joven
quien solloza sobre los hombros del silencio.

JUAN ARÉVALO.




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