lunes, 15 de agosto de 2016
A veces quisiera entender a todos y concordar
con cada uno de ellos. Quisiera no sentirme culpable
y mirarlos a los ojos como ellos quisieran.
Pero mi idea de vida es diferente a la de todos,
por lo tanto siempre estoy sobrando.
No tengo una sana razón que me haga pensar en mi error
y dar vuelta la página y volver a reescribir la vida con letras
prestadas. No tengo esa forma de ser, de relacionarme tan
crudamente con ellos.
No tengo nada más que dos ojos y una pequeña voz .
Mis ojos ven más allá de lo que mi piel siente y mi voz
me hace gritar y maldecir efusivamente cada vez que una
injusticia clava su daga en mi cuerpo.
Puedo sentir .Puedo amar y odiar e ir a comprar una
torta de limón en medio de una gran nevada.
No puedo quedarme quieto por un segundo, mi mundo
está totalmente despejado de prejuicios.
Pero afuera ¿ Afuera es igual ?.
Me dicen que soy frío, que los he defraudado,que no tengo
más que una tonta fatuidad. Una forma de ser que irrito a todos.
Sin embargo, son ellos los que no se ríen. Son ellos los que viven
resaltando sus buenas cualidades. Son ellos los que invaden la
privacidad más férrea de los demás. Ellos son los que dictan
formas de vidas e imponen un consumismo de ideas nefastas
con olores a naftalina.
A veces quisiera arrancarme la piel a tirones hasta que mi carne
caliente y roja deje ver a los demás, que ser humano también es
ser delirante, soñador,melancólico.
Todos ellos, juzgan sin contemplar que sus vidas están vacías y no
son más que pequeños autómatas convenciendo a los otros, que ellos
son dignos de su admiración.
Yo me vuelvo pequeño, me hago una volita y me recluyo en mi mundo
imperfecto, donde soy feliz y río constantemente. Ahí, en ese mundo de
mi, soy libre, sin cadenas sin compromisos éticos ni religiones separatistas.
JUAN ARÉVALO.
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