miércoles, 21 de febrero de 2018

Idilio.

Describió sobre cinco renglones un cielo para ella, un cielo celeste
impoluto y eterno.
Le dio una identidad terrenal, lo llamó " tus ojos " .
Ella sabía pintar sobre lienzos a la luna, rodeada de mil constelaciones
con pinturas de todos los colores, que luego regalaba a los niños pobres de la ciudad.
Marginados por el mundo de la estética se refugiaron en la soledad
más acérrima de la lágrima que aflora de los corazones despojados
de felicidad. La muerte, esa misteriosa vastedad silenciosa consumía sus
vidas lentamente.
El otoño comenzaba a agudizar su austeridad, el dolor de ser los inducía
a trasmutar en versos, acuarelas, caricias, plegarias.
Llegó el último de los ocasos, miles de libélulas invadieron el lugar.
Anochecía en pleno día, un idilio casi mágico los iba envolviendo....ambos se
tomaron de las manos, se miraron con melancolía y sonrieron por última vez.

JUAN ARÉVALO.

















jueves, 1 de febrero de 2018



Mi apariencia es la de una niña inocente, pero no
siempre fui una muñeca. Cuando era humana lo tuve
todo, fama, amor, dinero, familia y un perro.
Cuando morí todas mis malas acciones fueron juzgadas
y condenadas. Me dieron a elegir, el infierno, un árbol o una muñeca.
Opté por la última opción.
Fui adoptada por una niña cuyos ojos tienen el color del cielo y sus cabellos
el color del sol.
Dicen que todo se paga, que tarde o temprano nos llega la factura de lo que
hacemos y puedo asegurarles que no es mentira.
Tengo que dejar de escribir, escuché los pasos de la niña, pronto estará
aquí. Solo espero que hoy no se le ocurra jugar a ser Víctor Frankenstein.


JUAN ARÉVALO.

















Se fue a pasos de murga, parecía como si todas
las cosas del mundo se hubieran detenido.

Imagina lo que hay dentro de un cuerpo sólido,
partículas  bien ordenadas sosteniendo una simetría
resistente al cambio.
Imagina una vida sin curvas, sin caídas, sin estruendo, sin subidas.
Imagina una base de concreto, ahora pon sobre ella una
cajita musical, dale cuerda y deja que poco a poco la bailarina
vaya cubriendo con su danza todas las horas muertas.
Prestá atención, no quites tu ojos de tu mente, observa
con detenimiento como todo va cambiando.
El silencio ahora es una suave melodía, la soledad ha dejado de doler,
todo lo áspero está siendo pulido.
¡No! No te rías, es la vida...

JUAN ARÉVALO.