viernes, 29 de abril de 2016





Se filtraron las lágrimas en la piel
y el corazón empezó a latir como sí la vida
hubiera iniciado su proceso 
a la existencia misma de las sombras
de donde ya no se vuelve.

La carne se pudre , entre las telarañas que
van invisibilizando de apoco la libertad del pensar
del sentir y del amar . 

Las manos se abren como pidiendo ayuda 
pero las voces aturden y las manos se cierran
y se vuelven inertes, frías , miserables.

Las yemas de los dedos se desangran de tanto
rasguñar los muros de la indiferencia.
Cuerpos amontonados pariendo muerte

JUAN ARÉVALO.









 

jueves, 28 de abril de 2016


CARTAS PARA LUCIA

Hoy temprano mientras velábamos el alba un sentimiento
de culpas nos invadió . Como sí fuéramos nosotros los culpables
de los otoños que cubren las calles y dejan al desnudo la soledad
de los que no saben atrapar mariposas entre las  lágrimas que se desprenden
de las pupilas  y con ellas hacer pequeñas esperanzas...
Atormentados nos cubrimos uno al otro como pequeños conejitos que se dan calor
en medio del más frío invierno. Tus cabellos cubrían mi hombro
y tu rostro miraba al infinito que se mostraba atrás de mi espalda.
El alba se moría entre el amarillento sol que de apoco se despertaba
entre las copas de los álamos....
Te busqué en los silencios y te amé en la soledad de la mañana. Dibujé
en tus mejillas con mis labios y en tus oídos te susurré cuanto te necesitaba.
Luego desplazaste tus manos por toda mi espalda, me acariciabas tristemente,
como se acaricia a un niño mientras llora , así me consolabas , así me dabas
tu alma bajo de aquel sol que se iba agrandando en la inmensidad del celeste
cielo...
¡No ! No estábamos enamorados pero nos amábamos. Las horas se acumulaban
en nosotros, nos pesaban, nos ultrajaban, nos iban alejando...Tú reías aún con el
rostro en mi pecho y en tu mirada el infinito se iba destiñendo en un solo color ,
en un solo paraje de cuerpos heridos y mudos...

JUAN ARÉVALO.




Ani tiene guardados en su mochila
los sueños que nunca había realizado.
Los cuida del viento y de las negras nubes
de sus ojos que a al final del día se
convierten en aguaceros.
Ani escribe en las hojas muertas de los
álamos que encuentra cada mañana cuando viene
de los mercados...

Aún tiene en sus bolsillos la piedra que una vez
encontró en la orilla del río, cuando era pequeña.
Todavía sopla burbujas de jabón y ríe cuando el
sol besa sus mejillas y las mariposas brotan de sus
labios en cada bostezo.

JUAN ARÉVALO.


Ani bailaba sobre las melodías
sus pequeños y desnudos pies
rozaban tímidamente las notas del piano
que mágicamente tocaba para ella cuando todos dormían.

JUAN ARÉVALO.

miércoles, 27 de abril de 2016




Nunca se vio tanta sangre. Los primeros en llegar fueron niños, luego
le siguieron los adultos.

DEJAVU


Un grito desgarrador interrumpe mi búsqueda .
Bajo corriendo las escaleras y me dirijo hacía afuera. Al abrir
la puerta una negra y espesa bruma se había adueñado de las calles.
Todo es un solo color. Un color que se mueve y a su paso va matando todo
lo que se encuentra. No puedo creer lo que veo, ni asimilar lo que está
ocurriendo en este momento. Reaccionó y cierro la puerta, me aseguro de poner
los seguros . Luego corro al teléfono, mi esposa ha llevado a nuestro hijo
a la escuela una hora antes como de costumbre. La linea está muerta. Mi desesperación
comienza manifestarse en un sudor que corre por todo mi cuerpo.

Parado y con el teléfono en la mano, puedo ver por la ventana como la espesa
niebla se aferraba a los cristales. Absortó e inmóvil veo como se va visibilizando
entre la negra noche el rostro descarnado de mi esposa .

Sé que es ella, su voz me dice que es ella. Su grito desesperado me dice que es ella.
Sus cabellos se van desprendiendo, sus encías comienzan a sangrar , manchando sus
dientes que mordisquean las rejas de la ventana violentamente.

Un golpe seco se escucha en la habitación de arriba, en donde minutos antes buscaba
las llaves del auto. Suelto el teléfono y camino temblorosamente hacia el pie de la
escalera .

--- ¿¡ Quién anda ahí ! ?...¡ Di...Diga..me...Quién Anda !---

Mi voz retumba en el silencio. Un olor putrefacto baja de arriba, y con él unos pasos
que se acercan muy lentamente.

-- ¡ Tengo un arma y estoy dispuesto a disparar !---

Digo mientras mis ojos buscan algún objeto para defenderme . Es cierto tengo un
arma, pero está arriba , sí arriba en donde ahora se escuchan los pasos .

Mi temor se aplaca y en un instante de valentía me decido a subir la escalera.
Un escalón, dos ,tres y me detengo. Una sombra se refleja en el suelo. Una sombra
que se aproxima hacia el umbral que da paso a la escalera. Retrocedo lentamente
tres, dos escalones y una voz detrás mío dice mi nombre.

--- ¡ Gabriel, al fin lograste lo que tanto buscabas !...¡ Tú hiciste esto !---

Un frío intenso corre por toda mi espalda. Esa voz es la voz de mi esposa.
Me doy vuelta y ahí está, tan hermosa como horas antes. Maquillada y elegante.

---¿¡ Dora...Dora eres tú ! ?---

Me sonríe, mira el reloj que trae en su muñeca

--- Amor ya es tarde para el trabajo. ¿ Que haces aquí y por qué sudas ?...¿ Estás bien ?---

Da unos pasos hacia mí e intenta tomar mis manos. Retrocedo. La miro de pies a cabeza
sí, es ella. Pero no sé , algo hay en su mirada , en sus ademanes, en sus labios.

Mientras la observó Sultán baja corriendo la escalera. Ladra Y mueve la cola.

---  ¡Sultán que haces arriba !...¡ Gabriel , otra vez lo dejaste subir !. Seguro habrá
ensuciado todo...¡ Claro cómo tú no limpias !---

Dora agarra del collar al perro y lo lleva afuera , cuando va agarrar el picaporte
de la puerta.

--- ¡ No !...No abras la puerta...La niebla...Ten cuidado. Amor...no abras....---

Me mira, hace un gestó de enfado y abre la puerta. Los rayos del sol se reflejan
en el espejo de la sala, en los cristales de las alacenas y en los cerámicos del piso.

Bajo uno a uno los escalones, un hormigueo corre por mis brazos , camino
hacía la puerta , mientras me acerco puedo distinguir los autos estacionados
en la vereda. También unos niños que van tomados de las manos de sus madres y las
flores del jardín que orgullosamente muestran sus rosados pétalos.

Me detengo en la puerta. Ningún vestigio de la niebla que antes se había
adueñado de las calles. Nada. Solo gente y autos estacionados.

Pienso. Me detengo en cada detalle, en cada paso de los niños . Respiro, huelo,
acaricio la puerta. Me toco el cuerpo. Si aún estoy vivo...Suena el teléfono.

-- Gabriel , es para vos...¡ GABRIEL, me escuchas !---

Me doy vuelta...Voy al teléfono.

--- Hola, ¿quien habla ?---

--- De la planta nuclear. Ya es hora de que se haga presente . ¿O no se acuerda que hoy
es el experimento  ?---

Bajo el tubo, y me quedo mirando el florero marrón que se halla junto
al teléfono, al lado de la fotografía de mi esposa y mi hijo.

JUAN ARÉVALO.



















martes, 26 de abril de 2016




Sin ti a mi lado
la luna es más pequeña.

Los vocablos no existen,
no hay palabras que escriban
lo que siento en mi pecho
está noche en que tú no estás.

Mis ojos vierten
tristezas y mi cuerpo
se inmortaliza en el silencio
nocturno...

Se desangran las notas
de la guitarra.
Susurran los vientos tu nombre.

El mar se desnuda de su espuma
y las conchas marinas
de sus cascarones y tendidas
sobre la arena mueren tristemente,
como mueren las lunas en las lejanías...

Sin ti a mi lado
el tiempo se aferra
a las asperezas de mi piel
que sin tus caricias
envejecen en dunas de dolor
y de olvidos....

JUAN ARÉVALO.













Levantó su espada y en el momento de dar muerte a su oponente
un dolor agudo se adueño de su pecho.
La sangre de los caídos se fundía con la negra noche.
Los buitres festejaban la jornada en un banquete diabólico.
Mientras en un charco de sangre  aquella espada se iba
enrojeciendo junto al cuerpo de quien horas antes había
sido su poseedor.

JUAN ARÉVALO.


Mujer en ti está el día y la noche
la poesía y la prosa
la alegría y el desencanto,
el idilio eterno en tus  pechos
y en tus ojos mi luna y mi sol.

JUAN ARÉVALO.


EL ESCRITOR.

El cigarrillo consumiéndose en el cenicero . Al lado una taza de café
que se enfrío hace horas. En medio de la luz , un rostro que sutilmente
absorbe y exhala el aire de la habitación. El silencio interrumpido
por el leve roce del dedo que acariciando las teclas de la vieja máquina de
escribir va cubriendo de palabras el endeble y pálido cuerpo de la hoja....

JUAN ARÉVALO.



Tantas formas se deshacen
en tus labios desnudos y hambrientos.
No hay necesidad de buscar diccionarios
ni técnicas nuevas para escribir te amo.

Un solo roce de tus dedos y el mundo comienza a girar.
No importa cuantas dudas haya entre nosotros,
el amor es un delirio que nos envuelve
hasta perdernos en los abismos mismos de nuestros corazones.

Las palabras se van destilando una a una
en el aliento tibio de tu boca , mientras tu lengua
se desnuda y hace el amor con mi lengua.

Amor mio, no soy poeta, solo soy un ser que escribe
en el viento que esparce sutilmente cada  letra
sobre las planicies desnudas de tu cuerpo.

No hace falta inventar un nuevo lenguaje
para decirte cuanto te necesito,
ni detener los astros y en ellos tatuar tu nombre.

Amor mio, las estaciones nos pasan de lado
nos esquivan, nos prohíben , nos niegan.

Cada silencio que respiramos
nos va marcando la piel.
Nos va empujando al abismo
de recordarnos y esperarnos eternamente.

JUAN ARÉVALO.




Niño que juegas en la tierra
y de ella te nutres cómo se nutre
la vida de tus risas y lágrimas.

Hoy ha llovido y en las calles
efímeros ríos
manipulan pequeños barcos
invisibles de papel,
que alguna vez supieron surcan los mares de mi infancia.

Niño, tu piel desnuda refleja
las horas y los días que ya no volverán

Un ocaso de rostros se vislumbra
en la oscuridad de los olvidos,
donde las palabras se han detenido
en una incolora fotografía
que yace arraigada a una historia
que sucumbe, olvidada en el pasado del tiempo...

Sombras mudas que gritan, bajo una lluvia
constante de imágenes...Imágenes que son testigas nitidas de mi paso por está vida.

JUAN ARÉVALO.






Escucha, alguien viene y las luces , allá en el cielo se han prendido ya.
Se escuchan pasos y risas y la noche se ha iluminado, como se iluminan
tus ojos cuando me cuentas del país de las hadas.

Mira, una luciérnaga se ha reposado sobre las pupilas de la luna, creo quiere
beber sus secretos.

Ven, siente cómo laten los caminos que van desde el aljibe hasta la puerta de entrada
de casa...No escuchas como suspiran las flores ...¡ Están soñando !

Ah !....Pero que dulces palabras dice el niño a los oídos de su madre.
Con que tiernas manos acaricia el rostro de su madre.

Ah !...Pero que sonrisa tan sincera evocan los labios del niño.
Sus ojos se llenan de agua y la alegría brota de ellos en un camino
infinito de lágrimas....

Mira, un unicornio de juguete contempla en silencio el encuentro.

Mamá abraza al niño y en su pecho el corazón de su vejez absorbe
cada caricia y se vuelve joven...Por un ratito se vuelve joven ...

Ven, mira cómo las olas de los cielos menean los vergantiles de los piratas
en donde juegan los niños que se han marchado cuando las mañanas
cantaban canciones de cunas y el sol despertaba junto a la primavera.

Niño, dile a mamá que eres dueño de mi alma y que tienes en tus manos
el corazón mio, así como en las niñas de tus ojos el color de la vida que nace
continuamente en tu sonrisa....

JUAN ARÉVALO.






lunes, 25 de abril de 2016



Hermosa sirena que vives en mis sueños
y por las noches sales de ellos y te materializás
en cuerpo y alma. Tú sabes que no soy  poeta,
que nada sé de los destinos de las flores , ni de las
hormigas viajeras. Tú sabes, que no quiero entender
las cosas que otros entienden, que solo soy un hombre
de silencios y que en los tejidos de los años mi cuerpo
se envejece , no como todos, porque mis días no son lo de ellos,
mis días son distintos, mis horas son más cortas y mis noches más
oscuras....Tú me entiendes y me abrazas como abrazan las madres
a sus niños y entre sus pechos los cobijan.

Hermosa sirena que acompañas mi soledad y besas mi frente
cuando la fiebre del recuerdo humedece mis ojos.
Un sentimiento triste baña mis costas. Las gaviotas han emigrado
para siempre, las barcas han anclado en los puertos y el abandono
carcome sus cuerpos , cuerpos que se van volviendo invisibles.

Mamá dice que mi niño duerme en una estrella al ladito de otros niños
que como él, se fueron sin conocer  las auroras, los cantos de los pájaros
y el azul del verano en la piel de las aguas.

Mamá dice que todo está bien y que no hay tristezas en donde están, así
como no se conoce el odio ni las caricias falsas. Mi niño está bien, dice
que ríe por las mañanas mientras se despabila con chistosos movimientos.
Sirena que habitas los mares de mi alma y de ella te apiadas, tú sabes que
mamá no  miente.

Hoy no tengo ganas de contemplar la salida del sol. No tengo ganas de ver
las calles pobladas de almas, no quiero sentir más este vacío.
Sirena que me amas, como se ama al alba y a las montañas que besan las nubes
y en la piel de la vida se desangran en lágrimas, dime,¿ ya es mi hora ?

JUAN ARÉVALO.







Pequeñas niñas que juegan en el silencio,
de un mundo escondido en las pupilas de la luna.

Mágicas y hermosas niñas de luz,
se aferran a las esperas
como flores esperando primaveras
en medio de los fríos inviernos...

Luces que titilan como pequeñas estrellas
hadas que van y vienen , se divierten
como frágiles gotas de rocío
que bañando esperanzas
mueren y renacen en infinitos idilios ....

Árboles que velan con sus lágrimas
a las pequeñas almas que inocentes,
se revelan al tiempo como las horas a los relojes...

JUAN ARÉVALO.

domingo, 24 de abril de 2016


Escribir en la oscuridad
los versos que nunca se dirán
esos versos que dormirán
en las hojas que nunca serán leídas...

Descubrir que la vida
no es más que un juego
en donde la verdad se disfraza de mentira
y los adioses son solos
esperas frías
que van envejeciendo en un cajón
de la cómoda
junto a los pañuelos con naftalina.

JUAN ARÉVALO.


sábado, 23 de abril de 2016




Me despertaba por las madrugadas con su llanto.
Su melancólica voz penetraba mis oídos y mi piel
moría en las soberbias de la soledad absoluta.
Siempre a la misma hora.Siempre el mismo llanto,siempre la misma tristeza.
Mis brazos la enredaban, su rostro húmedo de lágrimas
se escondía en mi pecho desnudo y su cabellera se perdía en su espalda,
y todas las palabras eran para ella. Un dolor corría por sus piernas
hasta alcanzar su escote semidesnudo y ahí se quedaba,
latiendo tímidamente.
No lo hacía para molestarme, ni por miedo a los monstruos que
a menudo invadían sus sueños, tampoco lo hacía por codicia,
su llanto era verdadero. Sus ojos se desnudaban de toda vida
y un rio de lágrimas corría por sus mejillas , mientras sus labios
hilaban palabras que solo ella entendía y que yo fingía entender
solo para no afligir aún más su dolor.
Al otro día cuando nos despertábamos, me sonreía y con un gesto
de piedad acariciaba mi rostro dulcemente .Sus manos suaves y
delicadas se detenían en mis labios ,(también se detenía el tiempo)
sus dedos jugaban en ellos mágicamente.
Después de hacer el amor, nos levantábamos, uno iba a la ducha,
el otro a preparar el café, las tazas y el pan con manteca.
 Mientras esperaba su turno para el baño matinal .Cuando
terminábamos de desayunar , cada uno se iba a sus tareas diarias.

Las horas pasaban tranquilamente. Ella sentada sobre una silla
escribía en silencio,perdida en su mundo, en el cual no había espació
para mí .En ese mundo habitado por seres extraños que absorbían
todo su tiempo yo no existía.

Mientras ella acumulaba secretos yo pintaba árboles y sombras en
lienzos que después vendía en la feria dominical.

Una madrugada su llanto enmudeció en un otoño infinito.
Su cuerpo frío, rodeado de idilios y mariposas invisibles yacía desnudo de alma,
huérfano de sentidos, libre de movimientos , rígido, muerto.

El dolor que vivía en ella había mudado para siempre. Ahora después de
tantos años de su partida yo me despierto por las madrugadas, llorando
y sintiendo en mis piernas una punzada que se va deslizando por todo mi
cuerpo hasta llegar a mi pecho.

JUAN ARÉVALO.









Se estimulan uno al otro, caricias y besos
recorren los cuerpos hambrientamente.
El tiempo no existe, nunca existio para ellos
ni las lluvias ni las mariposas volando de
flor en flor....En cada intervalo, la seducción
renace con más fuerzas apresando a los cuerpos
entre sus fauces asfixiándolos hasta morir...

Lágrimas agridulces emergen de las pieles.,
despiadadas recorren los contornos de su torso,
de sus pechos, de sus rostros que enceguecidos
se trasmutan en gemidos que abarcan toda la
habitación...Testigo muda de aquel encuentro.

Las horas se paralizan junto a las agujas de los relojes
que adornan las paredes blancas , resaltando en la oscuridad
como cuerpos agazapados listo para abalanzarse sobre la ardiente
y desnuda carne una y otra vez.

JUAN ARÉVALO.




Perderme en las calles
de los silencios
para olvidar que existo,
y en los cordones
de las veredas dejar
anclado mis pasos
para siempre...

Inocente de la noche muerta
me destierro
a los abismos del olvido,
lágrimas de rocío
cortejan mi desnuda piel
como extrañas palabras
que van escribiendo
epitafios sobre la palmas de mis manos...

JUAN ARÉVALO.

jueves, 21 de abril de 2016

MEMORIAS DE UN OTOÑO

Una a una las hojas se fueron desprendiendo de los árboles,
y en su vuelo hacía los silencios de la muerte , las
palabras mudaron de boca en boca, como sí el viento
frío del aliento las hubiera desterrado a las desiertas fauces
de una taza vacía de café.

Los mercados cerraron temprano. Las luces
de la ciudad se iban encendiendo,
como se encienden las estrellas en los cielos,
como se encienden las llamas de las antorchas de los castillos
medievales, al son de las trompetas .

Él, tendido sobre su lecho acariciaba los cabellos
de su amada, que desnuda de ropajes y esperanzas
besaba el pecho de su amante con sus labios, con su rostro ,
que humedecido de lágrimas se aferraba ferozmente  a aquella piel
despojada de codicias y egoísmos.

Afuera, la lluvia insistía con su melancólico repiquetear
de gotas sobre las calles, sobre los cristales de las ventanas,
sobre las flores que ya vueltas capullos exploraban la libertad,
que solo el sueño puede brindarles.

Algunos paseantes se refugiaban bajo las marquesinas
despintadas y descascaradas , otros con sus manos en los bolsillos
caminaban sin tiempo bajo las lágrimas, que caían continuamente
del negro cielo que parecía no tener consuelo.

Adentro, los dos amantes mirándose a los ojos se decían cuánto se amaban,
cuánto se necesitaban y que uno sin el otro no era más que una sombra
andando los caminos de un páramo cuyos soles no eran más que pupilas
apesadumbradas que nada expresaban...Pupilas exangües....

Una fuerte ráfaga de viento abrió de par en par las hojas de las ventanas
y el olor a perfumes baratos invadió toda la habitación. Los latidos
de aquellos corazones apresuraron su marcha, como previendo lo
que estaba a punto de suceder.

Las campanas de la catedral que abarcaba toda la esquina, dieron doce campanadas,
apurando así la madrugada y con ella el cruel desenlace.

Los dos cuerpos desnudos se abalanzaron hacía el abismo incipiente,
incipiente y efímero que habían pactado.

Él ,consumió primero aquel liquido que yacía en una pequeña copa
de cristal. Mientras bebía, en sus ojos la vida se marchitaba lentamente.
Luego le siguió ella, que sin arrepentimientos ni reproches absorbió
lo último de aquel veneno que sin misericordia apagaba la pequeña
llama  de su alma...

La lluvia seguía mojando las calles, las estatuas arraigadas a sus
miserias le hacían el amor...

Los dos amantes dormían , entrelazados sus cuerpos, cada uno
contenía el aroma del otro...Infinitamente dormían.
Ninguno de los dos era libre, pero se amaban .

JUAN ARÉVALO.











miércoles, 20 de abril de 2016




COLORES PERDIDOS


Colores que se van destiñendo,
al correr de los días,
en pequeños retazos de infertiles esperanzas ...

Silencios que hoy se aferran a mi piel
desgárrandola impiadosamente,
hasta hacer de las agujas del reloj
infinitos otoños de lágrimas mudas...

Soledad de niño grande, de poeta perdido
en barcazas invisibles,
que surcando la niebla del olvido, perece cada noche.

El camino se acorta. Poeta envejecido
de lágrimas de tiempo y ausencias,
de mustios soles y lunas de latas oxidadas
que ayer brillaron como infinitos faros.

Buscando vestigios de  la vida,
que ayer, ingenua se balanceaba
entre las farolas mustias de mi infancia.

Buscando las formas
que me hicieron sentir los sabores del mundo,
en la punta de mi lengua
y en ellos detener a la misma muerte.

Hoy voy buscando aquellos colores
que pinté en hojas blancas,
cuando la noche se habría
y las estrellas surgían de su vientre,
destellantes y eternas.

Un camino de jardines marchitos
y osos de felpas, olvidados por el niño
que apresurado por crecer
renuncio a la inocencia de la aurora y al simple aleteo del ruiseñor.

Un camino de recuerdos y melancolías
que se va evaporando a medida que lo voy andado,
como la carne de mis huesos y el despertar
de mi juventud...

Un camino de cuerpos muertos
y almas consumidas por el polvo de la derrota.

JUAN ARÉVALO.
























sábado, 16 de abril de 2016

Muerta la espera , 
silenciada la noche.
Oscuros laberintos 
de rostros mutilados,
cruelmente desgarrados
hasta desangrar
en lágrimas de agonías y soledades...

JUAN ARÉVALO.

Preguntarme ¿sí alguna vez, en verdad fuimos dos en un solo cuerpo.
Sí todo lo vivido fue verdadero o sí alguna vez fingimos ser felices.?
Poemas de amor, cartas y esperas , silencios y aromas de inciensos
húmedos es todo lo que tengo. La necesidad de hurgar entre la piel
y sacar lo que se esconde bajo de ella, exponerlo a la luz del sol y
descubrir los secretos que nunca supe que existierán.

Ya no hay vida que vivir, ni muerte que morir, todo se ha vuelto un oleaje
frío de recuerdos y presentes de inviernos y primaveras.
Tantas veces estuvimos desnudos , temblando de miedo , agazapados
entre las sombras esperando que un milagro nos devuelva las ganas de amar,
de sentirnos, de besarnos de jugarnos nuevamente uno por el otro.
Tantas veces que ya he perdido la cuenta . Pero tú bien sabes que no fueron
milagros , nunca rezamos, no sabemos rezar ni aprenderemos nunca a hacerlo.
Todo lo que pasamos fue real, las risas, el dolor, las lágrimas , el suicidarnos
cada noche entre las brazas de la pasión, tu cuerpo desgarrado entre mi carne
y las melodías que mágicamente nos invadían a la hora de morir placenteramente.

¡No !. No fueron milagros solo fuimos nosotros que nos necesitábamos. Nunca
estuvimos enamorados, es cierto, pero sí fuimos creados para estar juntos.
Ahora que solo me encuentro mi memoria es un mapa de imagenes tan nítidas
como tus largos cabellos, como tus mejillas rosadas y tus pechos de miel. Un
mapa que describe todo lo vivido antes de tu partida....Amor mío , que habrá sido
de aquella golondrina que sabía venir todas las primaveras y anidaba en el limonero
que desde que te fuiste ya nunca más dio frutos y aquella golondrina ya no volvió a cantar
por la mañanas...

JUAN ARÉVALO.










viernes, 15 de abril de 2016



Desnudo en medio del desierto , contemplo
el danzar de los días que a medida que pasan,
mi alma se va volviendo solo un marchito recuerdo



domingo, 10 de abril de 2016



Ya no somos más nada que un puñado de recuerdos.
Ya no somos más nada que un puñado de lágrimas .
Ya no somos más nada que un puñado de hojas secas
en un rincón de la casa que yace en silencio...Muerta.

Los dos fuimos imágenes concretas del alma . Retazos
de vidas se fueron escribiendo en la piel y a medida que
los días se multiplicaban, los silencios se iban haciendo
más grandes, se iban expandiendo por los cuerpos, se iban
adueñando de las letras, que de apoco, ya dejaban de escribirse.

Fuimos ateos y creyentes . Fuimos buenos y malos. Fuimos
locos deshojando margaritas en medio de la lluvia del sol
o del agua de la nieve o de los copos de la lluvia o de los
ojos del astronauta que un día murió soñando tocar el rostro
de la luna.

Fuimos amantes engreídos que por las noches desatábamos
feroces tormentas en nuestros lechos y moríamos y renacíamos
una y otra vez ,hasta que nos mirábamos y nuestras miradas se
perdían en las dunas del invisible desierto del silencio que fluía
de nuestras pupilas hasta tocar el corazón de la misma muerte.

Pero hoy ya no somos más que un tiempo pasado, un poema
escrito y leído una sola vez, un agitar de alas de mariposa muriendo
en el fango melancólico del olvido.

JUAN ARÉVALO.






Mi reflejo no es más que un espejo vacío
donde mi rostro avejentado se desangra
en la soledad de un viejo reloj
cuyas agujas van siendo carcomidas por el óxido
del tiempo...

Mi áspera piel, trabajada por los días
lastimada por el frío y la codicia del olvido
que impiadoso se aferra mi cuerpo
y de apoco me desgarra...

Mi ojos se nublan y todos se vuelven
formas abstractas, formas mudas, formas muertas.

Y entre medio de las risas mustias del silencio
un pequeño burro se asoma y entre lágrimas
se deshace en medio de la nada, en medio del abismo
más abismal de mis horas , de mis muertes...

JUAN ARÉVALO.

Poeta de luces y sombras de lágrimas y senderos
mutilados por el ansias de amar y no amar .

Corteza dura desquebrajándose
ante la mira silenciosa del que dice amarte.

Poeta de cabellos negros y de soles muertos.
Tu alma, infinita morada de los dioses más carnívoros
que ríen y bailan jactándose de ser inmortales
y aferrados a la carne roja que late cada vez con menos fuerza
impiadosos ...







sábado, 9 de abril de 2016

Me dicen que ya no vuelves, que tu vida ya no te pertenece. 
Que ahora tu cuerpo yace desnudo y vacío de vos, de tu esencia
de tus sueños y risas y lágrimas y de mí.

No !...No puedo entender este momento, no puedo aceptar está realidad 
que hoy me abraza y se aferra a mi piel tan fuertemente
que no me deja respirar.

Tan osada la muerte que no tiene escrúpulos 
y sin ningún corazón te ha llevado a su mundo. 
A un mundo oscuro, a un mundo sin miradas,
sin amaneceres y sin jardines de violetas
sin mariposas , sin escarchas , sin soles tibios...

JUAN ARÉVALO.

viernes, 8 de abril de 2016


Caminamos toda la noche. El insomnio nos describió la madrugada,
el rocío en las plantas , la calles desoladas y la luna escondiéndose 
entre las nubes...

JUAN ARÉVALO.



No se puede negociar el amor. Cada punto de partida
está en la lengua, está en los labios está en lo ojos y
en el corazón, el cual una vez gastado ya no se puede
volver a rejuvenecer. Es mentira que la vuelta viene con
más ímpetu y  que todo lo vivido vuelve a renacer de entre
las cenizas. Amor ya no podemos curar las heridas, a lo
mejor cicatrizarán y no sangren pero una vez roto el encantó
ya no se puede volver a amar.

JUAN ARÉVALO.

martes, 5 de abril de 2016


Un silencio eterno habita en los labios de la razón.
La boca seca de la muerte se anima y prueba el vino
agrio del cuerpo desnudo de la margarita, que yace
envuelta en rocío, exhalando un último suspiro.

El grito desgarrador de la madrugada , rompe los cristales
de las ventanas de los solitarios cuerpos que beben el seco
y agonizante nectar que va dejando el amor a su paso.

Las palomas se amontonan en las plazas, comen las migajas
que el gentío les arroja, no sin un gesto de codicia, el don de
dar no nace del alma si no de la piedad.

Llueve y las calles se vuelven efímeros mares, en donde
las lágrimas de los muertos se desplazan con total tranquilidad.
La angustia de los vivos se muestra en los trancos largos de sus pasos
que apurados por llegar a algún lado se olvidan de detenerse a sentir
el llamado insistente de la piel sedienta de caricias.

Caen las pesadas puertas de la realidad y cada uno se encuentra consigo mismo
dolor de olvidos, dolor de estar sin sentir la culpa de vivir,
vivir no es más que un camino de pendientes y claros cubiertos de musgos
y arenas movedizas que sin piedad engullen todo lo que pasa sobre ellas.

El tiempo no es más que un viejo calendario ,
días acumulados en su interior. Días, meses , años, décadas, siglos...

JUAN ARÉVALO.








Se pierde el mundo en tus ojos.
En tu piel, el mar se desnuda de su espuma
y acaricia el silencio de tus labios.

Tus cabellos nacen de la noche
y de ellos nace la sensual odisea de dedos
temblorosos surcando el sendero místico de tu sombra.

Blanca e incipiente luz , torbellino de ausencias
que se van poblando de palabras.
Tu cáliz vierte el jugo dulce del deseo que corrompe toda castidad.

Oh ! Amada mía , tu verdad es una llama
que se va volviendo mil antorchas
iluminado el desterrado y oscuro páramo en el que hoy me encuentro.

JUAN ARÉVALO.









Bandadas de aves emigran 
hacia el otro lado del mundo,
así como se despide el sol por las tardes,
agonizando lentamente en el horizonte
hasta desaparecer en el vientre taciturno de la noche... 
Horas muertas que arrastran su infinita melancolía. 
Versos heridos, que se mecen en la solitaria lontananza de hojas caídas , 
suspiros de los árboles , frágiles esperanzas...

JUAN ARÉVALO.

viernes, 1 de abril de 2016


Todos los días se paseaba en ropa interior
iba y venia , libre , sin importarle los que
los demás decían de ella. Su piel joven
su aroma dulce y su sonrisa destellante
hacían de ella una loca hermosa, tan hermosa
que los que una vez la tildaron de desquiciada
la terminaron amando.
Nunca se supo bien porqué estaba en ese lugar.
Su inteligencia era notable, su capacidad de entender
su educación, su bondad hacía los demás era algo que
muy pocas veces se veía en las personas normales.
Un día cuando se despertaba la primavera y los naranjos
mostraban sus flores y las nubes lentamente limpiaban lo que quedaba
del invierno, ella se durmió para siempre.
Todos se entristecieron, el llanto se adueño de aquellos pasillos.
Los que nunca mostraban sentimientos, ese día fueron vulnerables.
La velaron entre flores y lágrimas, entre miradas absortas y silencios
mustios. Nunca antes un hospital estuvo tan triste como ese día.
Los doctores, las enfermeras, los pacientes y los muros ,envejecieron
de un día para el otro y nunca más volvieron a reír.

JUAN ARÉVALO.



No hubo rostros ilesos cada uno de ellos
llevaba en sus ojos la cicatrices de la tristeza.

Los cuerpos se paseaban desnudos
por las calles. Heridos y hambrientos
morían de melancolía, nadie sabía sus nombres
ni que hacían , ni donde vivían.

La noche se había terminado. Había muerto
consumida  por el día. Ya no se volvió a ver el color
negro ni las estrellas, ni la luna, ni los insectos nocturnos.

La noche fue acribillada por  las balas perversas
de los que quemaron libros en hogueras de odio.

JUAN ARÉVALO.