sábado, 23 de abril de 2016
Se estimulan uno al otro, caricias y besos
recorren los cuerpos hambrientamente.
El tiempo no existe, nunca existio para ellos
ni las lluvias ni las mariposas volando de
flor en flor....En cada intervalo, la seducción
renace con más fuerzas apresando a los cuerpos
entre sus fauces asfixiándolos hasta morir...
Lágrimas agridulces emergen de las pieles.,
despiadadas recorren los contornos de su torso,
de sus pechos, de sus rostros que enceguecidos
se trasmutan en gemidos que abarcan toda la
habitación...Testigo muda de aquel encuentro.
Las horas se paralizan junto a las agujas de los relojes
que adornan las paredes blancas , resaltando en la oscuridad
como cuerpos agazapados listo para abalanzarse sobre la ardiente
y desnuda carne una y otra vez.
JUAN ARÉVALO.
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