domingo, 10 de abril de 2016
Ya no somos más nada que un puñado de recuerdos.
Ya no somos más nada que un puñado de lágrimas .
Ya no somos más nada que un puñado de hojas secas
en un rincón de la casa que yace en silencio...Muerta.
Los dos fuimos imágenes concretas del alma . Retazos
de vidas se fueron escribiendo en la piel y a medida que
los días se multiplicaban, los silencios se iban haciendo
más grandes, se iban expandiendo por los cuerpos, se iban
adueñando de las letras, que de apoco, ya dejaban de escribirse.
Fuimos ateos y creyentes . Fuimos buenos y malos. Fuimos
locos deshojando margaritas en medio de la lluvia del sol
o del agua de la nieve o de los copos de la lluvia o de los
ojos del astronauta que un día murió soñando tocar el rostro
de la luna.
Fuimos amantes engreídos que por las noches desatábamos
feroces tormentas en nuestros lechos y moríamos y renacíamos
una y otra vez ,hasta que nos mirábamos y nuestras miradas se
perdían en las dunas del invisible desierto del silencio que fluía
de nuestras pupilas hasta tocar el corazón de la misma muerte.
Pero hoy ya no somos más que un tiempo pasado, un poema
escrito y leído una sola vez, un agitar de alas de mariposa muriendo
en el fango melancólico del olvido.
JUAN ARÉVALO.
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