domingo, 10 de abril de 2016



Mi reflejo no es más que un espejo vacío
donde mi rostro avejentado se desangra
en la soledad de un viejo reloj
cuyas agujas van siendo carcomidas por el óxido
del tiempo...

Mi áspera piel, trabajada por los días
lastimada por el frío y la codicia del olvido
que impiadoso se aferra mi cuerpo
y de apoco me desgarra...

Mi ojos se nublan y todos se vuelven
formas abstractas, formas mudas, formas muertas.

Y entre medio de las risas mustias del silencio
un pequeño burro se asoma y entre lágrimas
se deshace en medio de la nada, en medio del abismo
más abismal de mis horas , de mis muertes...

JUAN ARÉVALO.

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