miércoles, 27 de abril de 2016




Nunca se vio tanta sangre. Los primeros en llegar fueron niños, luego
le siguieron los adultos.

DEJAVU


Un grito desgarrador interrumpe mi búsqueda .
Bajo corriendo las escaleras y me dirijo hacía afuera. Al abrir
la puerta una negra y espesa bruma se había adueñado de las calles.
Todo es un solo color. Un color que se mueve y a su paso va matando todo
lo que se encuentra. No puedo creer lo que veo, ni asimilar lo que está
ocurriendo en este momento. Reaccionó y cierro la puerta, me aseguro de poner
los seguros . Luego corro al teléfono, mi esposa ha llevado a nuestro hijo
a la escuela una hora antes como de costumbre. La linea está muerta. Mi desesperación
comienza manifestarse en un sudor que corre por todo mi cuerpo.

Parado y con el teléfono en la mano, puedo ver por la ventana como la espesa
niebla se aferraba a los cristales. Absortó e inmóvil veo como se va visibilizando
entre la negra noche el rostro descarnado de mi esposa .

Sé que es ella, su voz me dice que es ella. Su grito desesperado me dice que es ella.
Sus cabellos se van desprendiendo, sus encías comienzan a sangrar , manchando sus
dientes que mordisquean las rejas de la ventana violentamente.

Un golpe seco se escucha en la habitación de arriba, en donde minutos antes buscaba
las llaves del auto. Suelto el teléfono y camino temblorosamente hacia el pie de la
escalera .

--- ¿¡ Quién anda ahí ! ?...¡ Di...Diga..me...Quién Anda !---

Mi voz retumba en el silencio. Un olor putrefacto baja de arriba, y con él unos pasos
que se acercan muy lentamente.

-- ¡ Tengo un arma y estoy dispuesto a disparar !---

Digo mientras mis ojos buscan algún objeto para defenderme . Es cierto tengo un
arma, pero está arriba , sí arriba en donde ahora se escuchan los pasos .

Mi temor se aplaca y en un instante de valentía me decido a subir la escalera.
Un escalón, dos ,tres y me detengo. Una sombra se refleja en el suelo. Una sombra
que se aproxima hacia el umbral que da paso a la escalera. Retrocedo lentamente
tres, dos escalones y una voz detrás mío dice mi nombre.

--- ¡ Gabriel, al fin lograste lo que tanto buscabas !...¡ Tú hiciste esto !---

Un frío intenso corre por toda mi espalda. Esa voz es la voz de mi esposa.
Me doy vuelta y ahí está, tan hermosa como horas antes. Maquillada y elegante.

---¿¡ Dora...Dora eres tú ! ?---

Me sonríe, mira el reloj que trae en su muñeca

--- Amor ya es tarde para el trabajo. ¿ Que haces aquí y por qué sudas ?...¿ Estás bien ?---

Da unos pasos hacia mí e intenta tomar mis manos. Retrocedo. La miro de pies a cabeza
sí, es ella. Pero no sé , algo hay en su mirada , en sus ademanes, en sus labios.

Mientras la observó Sultán baja corriendo la escalera. Ladra Y mueve la cola.

---  ¡Sultán que haces arriba !...¡ Gabriel , otra vez lo dejaste subir !. Seguro habrá
ensuciado todo...¡ Claro cómo tú no limpias !---

Dora agarra del collar al perro y lo lleva afuera , cuando va agarrar el picaporte
de la puerta.

--- ¡ No !...No abras la puerta...La niebla...Ten cuidado. Amor...no abras....---

Me mira, hace un gestó de enfado y abre la puerta. Los rayos del sol se reflejan
en el espejo de la sala, en los cristales de las alacenas y en los cerámicos del piso.

Bajo uno a uno los escalones, un hormigueo corre por mis brazos , camino
hacía la puerta , mientras me acerco puedo distinguir los autos estacionados
en la vereda. También unos niños que van tomados de las manos de sus madres y las
flores del jardín que orgullosamente muestran sus rosados pétalos.

Me detengo en la puerta. Ningún vestigio de la niebla que antes se había
adueñado de las calles. Nada. Solo gente y autos estacionados.

Pienso. Me detengo en cada detalle, en cada paso de los niños . Respiro, huelo,
acaricio la puerta. Me toco el cuerpo. Si aún estoy vivo...Suena el teléfono.

-- Gabriel , es para vos...¡ GABRIEL, me escuchas !---

Me doy vuelta...Voy al teléfono.

--- Hola, ¿quien habla ?---

--- De la planta nuclear. Ya es hora de que se haga presente . ¿O no se acuerda que hoy
es el experimento  ?---

Bajo el tubo, y me quedo mirando el florero marrón que se halla junto
al teléfono, al lado de la fotografía de mi esposa y mi hijo.

JUAN ARÉVALO.



















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