viernes, 30 de septiembre de 2016
El escenario, las luces que se apagan y se prenden y ella
que canta sólo para mí. Grita con todas sus fuerzas, entona y
desentona, sus manos pegadas a su cuerpo se desprenden
y gesticulan palabras, imagines.
El humo del cigarrillo roza su rostro, las lágrimas raspan su garganta,
la vida es un lienzo de retazos de historias, de desencuentros, de tristezas...
Su vida se va en una melodía...¡ Nena, no me dejes atrás !
Yo la miro, sentado en la silla de siempre, en la misma mesa , bebiendo
siempre la misma cerveza. Observo como su cuerpo destella mágicamente,
sus piernas se aferran al sonido y se entrelazan al tiempo como una
frágil mariposa de la noche.
Ella canta sólo para mí. Sus ojos guardan el silencio que viene después
de los aplausos, y el dolor de actuar, de mostrarse fuerte ante los demás.
En un momento deja de cantar, se abraza a ella misma, como cuando uno
tiene frío e intenta darse calor a si mismo...Me vio, su piel aun conserva
las caricias.
Caricias en todo su cuerpo. Cicatrices que aún duelen, cicatrices que nunca
sanarán, pero que se aman...
Viene hacia mí, se detiene en frente de la mesa, toma su micrófono con
fuerzas, lo lleva a sus labios, cierra sus ojos y murmura un adiós.
Un saxofón describe melancolía, una guitarra desnuda un pentágrama,
sus cabellos cubren sus ojos y sus labios gimen por lo bajo, no
hay reproches, no hay resentimientos, solo una distancia, una distancia
que aturde.
" Nene, todo va estar bien, solo deja que el agua siga fluyendo "
Termina la canción, lentamente abre sus ojos, baja la cabeza, da
vuelta su cuerpo y vuelve al escenario.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 29 de septiembre de 2016
Mariposas blancas,
mariposas negras, mariposas rojas, amarillas...
El viento se esconde entre las hojas de los álamos
balanceándolas en un melancólico vaivén.
Alma de los muertos, lágrimas del tiempo
silencios de los desterrados...
Mariposas blancas,
mariposas negras, mariposas rojas, amarillas...
El tibio aliento del sol va desmenuzando las esperanzas
que pequeñas, sollozan desnudas sobre los pétalos de las amapolas.
Niño grande, niña madre, pequeños seres abanicando
las tardes de los molinos en noviembre.
Mariposas blancas,
mariposas negras, mariposas rojas, amarillas...
Niñez que ha muerto, pájaros perdidos en sus nidos,
insípido mar de lunas astilladas, relojes arrebatando el alma
procesión infinita, muerte venciendo a la muerte.
JUAN ARÉVALO.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Y todos los días pasaron por tus ojos, como pasan
las negras nubes sobre el etéreo cuerpo, donde abundan
las esperanzas y sobran las lágrimas.
Cada cual elegimos nuestros nombres, nuestros relojes
biológicos sincronizaron perfectamente.
No es digno volver a mostrarnos estúpidos como antes,
ni arrastrarnos como gusanos en medio del fango podrido
de la miseria.
Y el tiempo se concreto en piedra, en agua, en fuego, en árboles,
en cenizas, en vos en mi y en los pedazos de carne que se desprendieron
del cuerpo a mitad de la noche.
JUAN ARÉVALO.
He vuelto a fumar. Me había jurado no volver hacerlo,
pero nunca pude sostener mis juramentos.
Sentí la necesidad de buscarte entre las estrellas,en cada
una de ellas y más allá.
Esta noche las preguntas vienen a montones, como
enjambres de abejas que se lanzan impiadosamente,
al verse amenazadas, sobre todo aquel que invade su territorio,
se abalanzan sobre él, clavan sus aguijones ferozmente y luego caen
derrotadas ante la muerte.
En este momento siento la necesidad de abrazarte, de acariciar
tu alma, tu rostro encendido, tus ojos negros y penetrantes.
Siento la necesidad de buscarte entre mis recuerdos, desnudarte
en ellos y contarte lo que me pasa, lo que me apena, lo que siento
y no quiero sentir.
Siento la necesidad de llamarte, como un niño llamando a su madre,
a su padre, a su hermana.
Esta noche siento la necesidad de amarte con el alma, con el
momento y el tiempo justo, con caricias, con palabras, con silencios.
Esta noche no quiero tu vientre, no quiero tu vaivén ni tus gemidos.
Esta noche quiero tu paz, tu consuelo, tu amor, tus palabras más
sinceras, tus labios besando mi dolor, tu risa apaciguando mi tristeza,
tus manos dando fuerzas a mis manos...
Esta noche necesito contarte, que estoy vacío, que te extraño, que tengo
miedo a la oscuridad, que soy un pequeño invierno aferrado a este suelo
de flores verdes y perfumadas que es la primavera.
Esta noche, siento culpa, siento los reproches de la soledad, que me acusa
de no saber amar ¿ Acaso el dejarte ir, no fue un gesto noble de amor por ti ?
JUAN ARÉVALO.
lunes, 26 de septiembre de 2016
La nieve sobre su rostro, el frío pasaba desapercibido
la nevada se iba transformando en una lluvia de pétalos.
Pétalos de todos los tamaños.
Carecíamos de la necesaria malevolencia que hay que tener
para poder sobrevivir en el indiferente mundo de las corbatas,
un mundo impreso con trozos de envidias y codicias.
Solo teníamos nuestras ropas y algún dinero para emergencias.
Pero la verdad es que no nos importaba lo que nos podía pasar.
Todo es un arrebato del tiempo, todo sucede en forma arbitraria,
lo que hoy está mañana no y lo que planeamos siempre se anuda
en la piel y muy pocas veces logra pasar la barrera de lo abstracto
y logra concretarse.
Aquel invierno juntos, no fue más que una casualidad, un encuentro
pactado antes de nuestras vidas, antes de nuestros primeros pasos,
antes de nuestro primer encuentro sexual. También las casualidades se
pactan mucho antes de que sucedan.
Nos desnudamos frente a todos y nos burlamos de sus absortos rostros
que parecían morir en sus propias vergüenzas por sus reprimidos
pensamientos. Nos desnudamos, no de ropaje sí de miedos, de complejos
y actuamos como niños, como dos locos adultos que se amaron plenamente
adelante de todos.
Después, la lluvia de pétalos cesó, el frío penetró nuestras miradas, el
amargo café no pudo entibiar nunca más nuestras almas y la felicidad no
fue más que un recuerdo recién acabado de nacer.
JUAN ARÉVALO.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Hay arañas que caminan sobre el agua y perros que ladran
por las madrugadas. Hay estrellas que han muerto hace tiempo
y aún siguen iluminado los cielos.
Hay besos que nunca se olvidan.
Tantas capas de maquillaje cubriendo las heridas, los pequeños
surcos sobre la piel, aún no estan del todo cicatrizados y sangran.
Dicen que no hay que repetirse tanto, pero a veces es necesario hacerlo,
aunque duela.
Los errores son siempre los mismos, solo cambia el escenario,
el color, el aire, el día, las miradas, el momento inicial. Después
de ahí todo es lo mismo. Hay muertes efímeras, muertes en formas
de adioses, muertes que fingen estar muertas, muertes estúpidas,
muertes blandas, muertes duras, muertes perversas, muertes buenas.
Pero todas estas muertes no son más que una alegoría, un profundo
dolor que carcome los huesos, el alma,el cuerpo.
Muerte verdadera,hay una sola y es infinitamente real.
Ella quería sentir mi vida penetrando su vientre y luego fecundar
dentro suyo una vida que fuese de los dos. Pero el tiempo es limitado,
la materia de la que estamos hecho se descompone y el futuro se desploma,
ante los albos ojos , que fríos e inertes enmudecen para siempre.
Por eso no tengo planes para mañana, solo tengo un pedacito de ella
que atesoro dentro mio, lo cuido en silencio, lo amo, lo acaricio, lo
beso y lo arrullo en mis recuerdos.
JUAN ARÉVALO.
¡Corazón de tierra
de agua, de fuego, de aire.
Corazón de carne, de roja sangre !
Corazón que aturdes
con tus latidos,
en medio del abismo
de rostros ciegos
y cuerpos jóvenes,envejecidos.
Corazón de arcilla,
de mil formas te muestras
ante la inclemencia
de la embustera existencia
que derrama sobre ti
la ira muerta de la soledad.
Corazón desgarrado,
la hiel de la noche
te consume,
al igual que un aro de humo
es consumido por la nada.
JUAN ARÉVALO.
de agua, de fuego, de aire.
Corazón de carne, de roja sangre !
Corazón que aturdes
con tus latidos,
en medio del abismo
de rostros ciegos
y cuerpos jóvenes,envejecidos.
Corazón de arcilla,
de mil formas te muestras
ante la inclemencia
de la embustera existencia
que derrama sobre ti
la ira muerta de la soledad.
Corazón desgarrado,
la hiel de la noche
te consume,
al igual que un aro de humo
es consumido por la nada.
JUAN ARÉVALO.
Se parece a una flor, a una cascada diáfana y fresca.
Se parece a una muñeca de porcelana.
Parece que ríe, parece que siente,parece que ama, pero solo finge
para no mostrar sus lágrimas.
Tiene un cuaderno, donde escribe poemas y narra su vida en prosas
y elegías.
La vi dibujar soles entre las sombras
y cielos estrellados entre las nubes grises del otoño .
Tiene miedo a las caricias sinceras y huye del amor cuando se ve
acorralada por el corazón.
Se parece a una ventisca, a una esperanza recién hilada.
Tiene ropa que no usa y dos ojos que siempre están callados.
Tiene un tren de juguete y un alma de niña lastimada.
La vi rezar el día de los muertos y abrazar al viento una tarde
de rosas negras.
Tiene la piel cubierta de cicatrices, por eso usa remeras de mangas largas.
Se parece a un melancólico vergel.
Tiene los años de la luna y la inocencia de las
mariposas. Tiene la poesía de un tango triste y el aroma de los inciensos
que perfuman mis noches y mañas....
JUAN ARÉVALO.
viernes, 23 de septiembre de 2016
--¡ Maldita cucaracha !-- Gritó la mujer.
Todas las mañanas la señora Luisa, saca las bolsas de basura
y las deja en frente del edificio, donde los recolectores la
recogen en minutos.
Esa mañana, al levantar la primera bolsa una pequeña cucaracha
asoma por una rendija de la pared, Luisa sonríe con dulzura
y hasta parece enternecerse con aquella criatura.
Pero en un instante su rostro cambia de repente y sus ojos muestran
el odio que la señora Luisa guarda dentro suyo. Fue ahí cuando
gritó repudiando la presencia de aquel insecto.
Su paso por la magia y la hechicería fue muy satisfactorio,
bueno, al menos para ella, no así para su marido.
JUAN ARÉVALO.
¿ Por qué no puedo escribir un poema de amor ?
A lo mejor soy mal escritor, y no tengo el vocablo
necesario para hacerlo. A lo mejor me siento tonto
buscando palabras que rimen.
No me gusta que un poema se vuelva cuadrado y frío.
La esencia está en el contenido y no en el diccionario.
La esencia es el corazón y no las palabras exuberantes.
Un poema nace del entorno, lo que nos rodea se describe
con palabras, con sentimientos nobles, con elocuencias
simples, con imágenes, con lágrimas.
¿Por qué no puedo escribir un poema de amor ?
Será que no soy más que un mediocre, un pobre tonto
que escribe y describe la vida en pequeños retazos, en
narraciones contradictorias, en pequeñas obleas que se
van desglosando, a la vez que se leen.
Las palabras entran por la boca, muy despacio,la lengua la va saboreando
hasta llegar a la garganta, de ahí se esparcen a todo el cuerpo, algunas
se quedan para siempre dentro de él, otras se disuelven enseguida
en los jugos gástricos, y nada queda de ellas.
El amor está en las paredes de la casa, en las baldosas que se pisan
a diario, en las ventanas, en las puertas, en el jardín con flores o sin
flores. El amor está en la oscura piel de la noche y en el rostro pálido
de la luna. El amor, está en las manos de la madre, del padre, del hijo,
del hermando, de la novia, del nieto y del sobrino. El amor está entre
tus esperanzas desnudas, en tu melancolía, en tu baño nocturno y en las
risas agonizantes del mendigo.
La vida es abstracta, la vida es nada, nosotros la convertimos, la transformamos,
le damos tiempo y espacio, le damos un cuerpo al cual vestimos y desvestimos
cuando queremos. El amor está en tus ojos negros y en cada piedra de tus aros.
El amor eres tú, cuando te cobijas bajo mis brazos y te duermes tranquilamente.
JUAN ARÉVALO.
¿ Qué seria de mí sin vos y vos sin mí ?
Ahora, puedo ver que somos tal para cual,
los principios que seguimos son los que nos mantienen
vivos en este planeta de plataformas superficiales.
Me dices verdades y me cuentas secretos, me llevas
de la nariz a un rincón del universo y me enseñas que grande
e inalcanzable es. Te inclinas y recoges una semilla de
esperanza y la cultivas dentro de mio, luego me cubres
de lágrimas y abrazos, como si yo fuera un niño que recién
esta dando sus primeros pasos. Te aferras a mí y yo me aferro
a ti, cierro los ojos y mil formas nacen de la oscuridad, formas
surgidas de los miedos que fabricamos constantemente.
No me sueltas las manos, no te apartas de mí ni por un segundo,
me enseñas a amar, a buscar sueños en medio de las estrellas que
aún no salen, cantas y te ríes.
Te hago el amor, te acaricio la espalda, me filtro por tus pupilas y
hurgo tu interior, buscando la parte que me pertenece y estas ahí,
agazapada en un estrecho rinconcito, con tus brazos abiertos y tus
pechos desnudos. Estás ahí, siempre esperándome, rodeada de vida,
de tristeza, de alegrías, de súplicas, de muerte.
Te amo. Te amo por lo que eres, por lo que representas, por lo que
piensas, por tu sinceridad siempre a flor de piel, por tu belleza interior,
por tus manos acariciando el alba y el color de tus cabellos. Te amo
en mi tiempo, en mi espacio, en mi lúgubre vida de ayer, de hoy y de mañana.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 22 de septiembre de 2016
Se despojan de sus vidas diarias, de sus compromisos,
de sus familias, de sus trabajos.Se despojan de ellos
mismos y se aman hasta llorar, hasta dejar retazos
de sus vidas entre las sábanas de aquella cama, que todos
los lunes brinda su cuerpo, para que ellos, los amantes se liberen
y vuelen hasta acariciar la culpa que invade la sangre en el
momento preciso.¡Pero ya nada importa...!
Mañana vendrán los reproches,la necesidad imperiosa de aceptar,
que todo nace fuera de ellos. Que todo no es más que un cansancio
de lo rutinario, un revelarse a la convivencia, un despertar a un horizonte
nuevo, un incipiente abismo de lujurias y melancolías disfrazadas de alegrías.
JUAN ARÉVALO.
martes, 20 de septiembre de 2016
--No creo en lo paranormal, nunca me ha llamado
la fantasía -- Dijo Leandro cuando le fue entregada la llave.
Era su primera noche como cuidador, el galpón era bastante
frío, más de lo que él pensaba.
Cuando cerró la puerta de entrada y apagó las luces del patio, una sombra
atravesó las paredes y sin darle alguna oportunidad lo tomó del cuello,
al momento en que una ráfaga de viento muy frío cubría el cuerpo petrificado
de Leandro. Al otro día, en una vieja estación de tren yacía parada, en frente
de una tienda de antigüedades, una estatua de cera, tan muerta, como real.
JUAN ARÉVALO.
Me fascina la forma de hacerla sentir. Su desnudez resalta
entre la tranquilidad de la casa.Cuando las luces se apagan
ella se vuelve una pequeña luciérnaga. Tiene un don magistral,
hace el amor como ninguna. Sus manos acarician mi cuerpo
lentamente. Tiene magia en sus dedos, el cansancio del día
se desvanece en un pestañar. No tiene inhibiciones a la hora
del amor, ni le gusta que yo las tenga. Se alimenta de mi carne,
bebe de mi jugo, muere y nace entre mis brazos toda la noche.
Hay momentos que se tatúan en el alma,momentos únicos que no
se olvidan, aunque recordarlos nos duela profundamente.
Tiene un alma angelical, no sabe de limites, pero es rehén de la realidad.
Tiene un corazón enrome, ama demasiado y por lo tanto sufre
continuamente. El amor, el verdadero amor no es más que un
dolor que se impregna en la piel, hurga dentro de ella y no para
hasta verla sangrar.
Hay días en que no dice nada, muda, al costado de la ventana,
espiando a la vida en su juego diario, juego que aprendimos a jugar,
aunque a veces terminamos por entregarnos a los suburbios de la
melancolía...
El invierno esta a punto de terminar, la primavera se asoma por el
horizonte, lentamente, como un caracol sin tiempo, sin prisa, sin remordimientos...
Noviembre se acerca y con el un año que muere y otro que nace, ella lo
sabe y me abraza, me acaricia el rostro, los cabellos y me dice tiernamente
-- Juan, estas viejo...¿ Qué haremos con tanta vida ?...¿Donde guardaremos
tanto dolor ? ---
Luego, se ríe, se aleja de mi, llevándose con ella una parte de mi ser, de mis
miedos, de mis lágrimas, de mis esperanzas.
JUAN ARÉVALO.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Las negras nubes pasaron de largo. Fuimos inmunes esta vez.
--¿Dime, que día es hoy ? --
--Hoy es hoy. No tiene nada de especial este día --
-- ¡Sabes, no te creo !...Mira, una mariposa. Ya es primavera...--
--Ja !...Y que hay con eso, ¿o acaso el hambre, el dolor, la tristeza se
pierde, se aleja, se muere ?...¡No seas ridículo !--
-- ¡ No !...Es cierto, pero hay una sensación nueva, una especie desconocida
esta tomando la tierra. Jajajajaa...Te exasperas por nada --
-- Ya, déjame tranquila. Tú sabes que nos soy muy alegre. ¡ No
entiendo aún porque sigues acá ! ---
-- ¿ Porque sigo aquí ?...A lo mejor será que te siento más frágil cada
día, y sé bien que aunque digas que no, la vida te gusta. Sin más lejos
ayer te oí cantar, te reías...¿O me vas a decir que miento ?--
--- Juan, eres insoportable, pareces un niño. ¡ Estas desquiciado !---
-- Si, lo estoy. Sé que a veces actuó como un estúpido, y que mi humor
suele ser bastante cargoso...Perdón, a veces no me doy cuenta --
El cielo se ha despejado. Ambos se quedan en silencio. Es mediodía,
los niños salen de las escuelas dibujando infinitas rayuelas sobre el aire.
La casa se aleja de apoco, dos rostros se alcanzan a ver por la ventana, la
primavera aún no llega, ni tampoco las mariposas...
JUAN ARÉVALO.
No fue tu intención más que relegarme a las sombras.
Tu idiotez por la mañana y el olor siempre penetrante
de tu aliento a alcohol me asqueaba demasiado. Tú palabra
era la única que valía, no importase que estuvieses equivocado,
todo era a tu razón. Es cierto que también sabías abrazarme muy
fuerte, como todo un padre. Pero era demasiado para ti, después
te volvías un animal, gritabas y maldecías, como si algo hubieses
recordado, algo que verdaderamente te hacía enfurecer y doler al mismo tiempo.
Mamá no existía, cuando tú estabas, ella se volvía sumisa, un espectro
que solo servía para cocinar y amamantar a Elena.
Pero en el fondo nos querías, cuando estabas perdido en borracheras,
la bondad surgía de tus entrañas hasta la piel y vomitabas el lloriqueo
cobarde,que hacía que después de todo, sintiéramos pena por ti.
Tu vida fue difícil, y eso te llevo al eterno resentimiento , y todo el
odio que estaba anclado en tu pecho, lo dejabas en nosotros.
Padre, hoy ya grande te veo venir y gritarme toda tus mierdas, todas tus
inclemencias y las lágrimas después.
Me costó años entender tu resentimiento, tu ira inculcada por tu padre, mi abuelo.
JUAN ARÉVALO.
viernes, 16 de septiembre de 2016

Una caja de sorpresas, un envoltorio vacío, un cuerpo
sin alma, un sueño atrapado en una simple caja de cartón.
Solo hay que dejarse llevar por la imaginación, así como
una acto de magia...Nada por aquí, nada por allá y al final
todo surge de su vientre. Una perfecta obra teatral, un escenario
donde los personajes manipulan la vista del público, se desvisten
de sus cuerpos y una vez desnudos e invisibles actúan dramáticamente.
¡Pero ojo, esta obra no es apta para incrédulos !
Vengan, ocupen sus butacas, las luz esta por apagarse, suena la
música, el presentador sale al escenario...
Todo, todo surge del vientre de esta simple caja de cartón.´
JUAN ARÉVALO
Cada mañana veíamos el horizonte desde la casa.
La ventana, el vidrio, las grandes montañas y el cielo azul.
Éramos dos y éramos uno a la vez, la cama revuelta, el cenicero
repleto de cenizas y colillas que humeaban continuamente.
Leíamos poesías, Borges, Cortázar, Pizarnik, Poe por nombrar algunos.
Leíamos por largas horas sin detenernos, ella recostada sobre el sillón
o sobre la cama, con su libro entre sus manos. Sus ojos perdidos en las hojas,
sus labios moviéndose en silencio. Yo sentado en la silla de madera, el libro en la mesa,
la pava y el mate a su lado. Cada uno en su lectura, a veces, yo levantaba la vista,refregaba
mis ojos y la espiaba por debajo de mis anteojos y ahí estaba ella, inmóvil,secreta, misteriosa.
No era difícil verla llorar, siempre fue enamoradiza y vulnerable a todo acto romántico.
JUAN ARÉVALO.
El pasado descascarado y las nostalgias revolviendo todo.
La insaciable soledad, herida siempre punzante, desmenuzando
el cuerpo, paralizando el tiempo en una suave y trasparente caricia.
El profundo sentimiento de estar sujeto a una vana esperanza,
a un sueño corrompido. Cruelmente corrompido por la muerte .
JUAN ARÉVALO.
Gracias por hacerme entender que soy un hombre vivo,
que tengo vida, que por mis venas corre la sangre que
alimenta la existencia, los latidos,las palabras, los sentidos.
Tu olvido ha despertado en mí,
la noche, los insomnios,las esperas. Esperas que hacen al amor,
al egoísmo del sometimiento necesario que envuelve la piel
y hace estremecer el cuerpo todo, cuando no estás.
Yo creía que no había nada dentro mío, que solo era una marioneta,
un trinar de pájaro herido, un silencio siempre creciente.
Mi vida, antes de ti, no tenia el dolor de la soledad,ni el incipiente
deseo de la piel, de la carne. Sentimiento que tú me has hecho revivir.
Antes, cuando el día no era más que un triste simulacro de vida,
yo carecía de tristezas fundamentadas. Todas mis agonías eran
simples y empobrecidas, huérfanas de cuerpo, de ojos, de esperanzas.
Pero tú, me has hecho querer buscar el tiempo,
me has hecho querer recorrer la distancia que nos separan,
con mis pies descalzos,
con mis lágrimas de hombre, lágrimas verdaderas, lágrimas que vienen
de adentro, de la profundidad de mi ser, de mi muerte que hasta ayer
imperaba mis emociones, acosando mi vacío silencio .
No tengo dudas, tú me has devuelto las ganas de vivir,
de querer tatuar el infinito con mis manos descarnadas,
donde Eva juntas flores y las manzanas no son más que besos lujuriosos.
Gracias por tu olvido, por tu partida, por tu adiós.
Ahora sé, que amar no es solo cuando se juntan dos seres, dos cuerpos.
Amar es algo sobrenatural, una vez que has probado de su cuerpo
ya nada puede asesinarnos.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 15 de septiembre de 2016
La muerte se desviste frente mío. Me enseña su cuerpo, su amor
humano, su amor mortífero. Ella sufre, siempre está sola, no tiene
amigos ni alguien que la amé.
Me cuenta secretos, me hace reír, me entristece, me atormenta.
La muerte, se desviste, solo para mí. Sus pechos son pequeños,
su casto vientre me seduce, sus ojos imploran que la amé.
No es malvada, solo hace lo que su destino le dicta. Una inmortalidad
que duele.Inocentemente se balancea en un melancólico vaivén ,
gira su rostro, no quiere que la vea llorar.
Tiene en sus manos el peor de los dones, cuando acaricia mata.
Poeta de la noche, siempre llega cuando menos se la espera.
Amiga de la desolación, no habla mucho, pero sabe todos los idiomas.
Es una intelectual incomprendida, una dama siempre de luto.
Poeta, amante del misterio, sabía, infeliz.
La muerte, perversa sin quererlo, confesora, no tiene prejuicios, ni conoce
de jerarquías ni de clases sociales.
Ella, se desviste para mi, pero sabe que amarla sería morir, entonces se vuelve
a vestir, no quiere lastimarme, aún no me llega la hora.
Nos hicimos amigos, ella me cuenta su dolor y yo le cuento sobre el amor,
sobre la piel, sobre el goce del sexo, sobre todo lo que conoce, pero nunca podrá
sentir sobre su piel. Sé que le afecta, que le duele, pero es lo que pactamos.
Debo decir, que le he tomado un profundo afecto. Espero no apresurar mi partida
en una caricia piadosa.
JUAN ARÉVALO.
Un pequeño charco,
donde miles de niños se ven reflejados a si mismos.
La pobreza y la desilusión,
el cuenco rebalsando y los estómagos vacíos.
La vida en su complejidad,
el amor de la inocencia, cabalgado caballos de maderas
que nunca llevarán a ninguna parte.
Poeta embustero, soñador entre las miserias
viejo cuerpo que se rompe,
y entre las ruinas se desangra, maldito coto de existencia.
Perdurarán las acciones, legado del pensamiento
manipulador de emociones, morir en vida,
padecer las violentas embestidas del viento
que arrastra la ingenuidad de los derrotados por el cruel
silencio de la indiferencia.
Todo transcurre en un pequeño charco,
un mundo ignorado, secándose por el sol del mediodía,
por la estúpida bula y el penetrante oxidó del abandono.
Las palabras vertidas sobre el aire,
se esparcen hacía la nada,
oídos sordos, ignorancias que imponen su doctrina malvada,
rebaños hambrientos ruegan ser despojados.
Todo, todo fluye de un pequeño charco,
una charco de lágrimas, de sangre y esperanzas que agonizan
bajo la atenta mirada del inquisidor.
JUAN ARÉVALO.
Juntos eligieron el lugar. La lejanía de la ciudad y la tierra fresca
por la luvia de hace días atrás, daban perfectamente con lo que
estaban buscando. Solo había que esperar la noche. Todo estaba
minuciosamente planeado. Los guantes de latex, la pala de punta
y el veneno, descansaban en el baúl del auto.
Hace tiempo deseaban concluir esta etapa. Ya habían crecido, y sus
avaricias los llevaron a perder toda piedad, ni siquiera se toleraban
uno al otro, pero era necesario hacer una tregua y trabajar juntos en
este macabro plan.
Las horas pasaban lentamente, sus rostros enceguecidos por la ambición
y el odio, fingían amor al besar los rostro de sus padres.
JUAN ARÉVALO.
La mierda que pisábamos a diario y el olor a vino agrío
nos entumecían en melancólicos silencios.
El falso pudor de los cuerpos desnudos, miserables cuerpos que
daban vueltas sobre la cama. Los insomnios nos fueron desgastando,
el desagrado y el mal humor.
El sentido opuesto de la vida, desangraba en la piel herida por el
llanto y las súplicas. Nos teníamos uno al otro, siempre listos para
apaciguar las tristezas.
La indiferencia de los demás, el aire frío que entraba por la ventana
mal cerrada, los juegos de naipes, el amontonamiento de esperanzas
dentro del placar, sobre los muebles, sobre las hojas marchitas de las
flores.
Marginados por nosotros mismos, pasábamos horas dentro de una burbuja
de suspiros y recuerdos. El tocadiscos siempre encendido, un tema de Gardel
y después uno de Charly Garcia y así, hasta que la madrugada nos cerraba los
ojos. Ella, se peinaba sus cabellos recién lavados, el peine iba y venía desenredando
cada pelo lenta y melancólicamente.
La escena se repetía todos los días, siempre la misma hora, siempre las mismas miradas,
siempre los mismos temores, el mismo color y el mismo humo de cigarrillo.
Muchas veces, la miraba desde mi asiento, la veía elegante, mustia, abrazada
a la elocuencia de la belleza que poco a poco iba desapareciendo, ella lo sabía y con voz
entre cortada murmuraba entre sollozos, vulgaridades, en medio de la tarde, entre las
cuatro paredes, entre las sábanas y los misterios del pensamiento que se guarda para uno.
Yo presentía el estallido, sentía en mis venas el solitario palpitar del egoísmo.
Entonces me acercaba a su lado, besaba sus manos, su cuello, su alma empequeñecida,
le daba fuerzas, le contaba chistes malos que a fuerza de voluntad ella reía,
no por el chiste si no por lo mal que lo contaba, nunca fui bueno para los chistes.
Pero reía, por un rato se amoldaba a la felicidad y se liberaba de fantasmas,
me abraza fuertemente, y sus lágrimas se esfumaban en un estrujar de cuerpos que
se perpetuaba en un profundo y sincero silencio.
no por el chiste si no por lo mal que lo contaba, nunca fui bueno para los chistes.
Pero reía, por un rato se amoldaba a la felicidad y se liberaba de fantasmas,
me abraza fuertemente, y sus lágrimas se esfumaban en un estrujar de cuerpos que
se perpetuaba en un profundo y sincero silencio.
La belleza para ella, no era lo esencial, pero duele ver como se va degradando la piel,
como dunas se van formando sobre ella,como la juventud se va alejando de apoco y en ese
como dunas se van formando sobre ella,como la juventud se va alejando de apoco y en ese
proceso natural,sentir la soledad que trae la muerte, tanto que alcanzamos a percibir su mal aliento.
La opacidad de la luz que se originaba en las lámparas colgadas del techo, hacia de la habitación un estrecho callejón de nostalgias.
Hubiera dado mi vida por verla reír sin que los ojos se le nublaran, que la tristeza que
la envolvía se disolviera para siempre. Pero había nacido lastimada, huérfana de sentimientos alegres. Había nacido demasiado frágil, demasiado humana, tanto que nunca se atrevió a odiar.
la envolvía se disolviera para siempre. Pero había nacido lastimada, huérfana de sentimientos alegres. Había nacido demasiado frágil, demasiado humana, tanto que nunca se atrevió a odiar.
Tuve la suerte de conocerla, de sentir su cuerpo quebrarse en pedacitos entre mis brazos.
Suerte que a veces maldigo. Aunque sin ella, no hubiera conocido la belleza real de las palabras, la belleza real de un corazón puro y relegado a las huellas siempre del pasado.
Suerte que a veces maldigo. Aunque sin ella, no hubiera conocido la belleza real de las palabras, la belleza real de un corazón puro y relegado a las huellas siempre del pasado.
Me dejó un sol de bolsillo, una vieja máquina de escribir y un lloriqueo constante, como una llovizna que va bañando continuamente el pavimento, la vereda, la casa, los recuerdos, la efímera vida de las rosas que a menudo frecuento .
JUAN ARÉVALO.
miércoles, 14 de septiembre de 2016

No hay nada en este universo que no se pueda transformar.
Tú, tienes el poder de cambiar el presente, de hacer de la
realidad un concepto que no tenga definición.
Todo esta en tu alma, en tus recuerdos deformados y en
la insaciable voluntad de cambiar el mundo.
Tu voracidad de crear ventanas con mil horizontes, suprime
la maquinaria absorbente de la rutinaria prisión.
Lo imposible tiene cuerpo, tiene visibilidad, tiene espacio y
lugar dentro tuyo. Todo se concreta, aún la vida dentro de la muerte.
Tú tienes la capacidad de transformar el entorno, la habilidad
no es más que una necesidad de revelarse a uno mismo.
Tú eres irreal, eres mil cuerpos en uno solo.Tienes el don de
la metamorfosis, de ampliar el tiempo y desfigurar el rostro de la conciencia,
de tu resentimiento, de tu sufrida niñez, de tus muertes, de tus silencios, de tus
lágrimas continuas, de tus miedos, de tus egoísmos.
Todo en este mundo es un espejismo. Tú no eres más que una imagen, aboliendo
el razonamiento universal, de lo real.
JUAN ARÉVALO.
martes, 13 de septiembre de 2016
El camino estaba lleno de flores de todos los colores.
El agua caía suave y frescamente. El calor era agobiante.
La necrofilia que emanan los desiertos se desvanecía en los
ojos de Flora. La tarde se adentraba dentro nuestro. El aire
tibio se arrinconaba en los parques, bajo los árboles, en los toboganes,
en las calesitas despintadas, en los bustos de las estatuas...
El placer de contener el tiempo en las palmas de las manos,de nuestras manos,
en una pequeña libreta de notas, en un triste silbido.
Todo, todo estaba perfectamente dibujado,.
Sus párpados vencidos por el sueño, caían suavemente y se levantaban en un brusco despertar.
La miseria de los otros, las nuestras, descansaban sobre el piedrigullo, reposaban
calladamente, invisibles y dolorosas.
Por momentos Flora, bebía de mi agua, absorbía con sus labios el fresco liquido que corría
por su garganta. Sus mejillas enrojecidas y su pequeña nariz de algodón se fundían con la
sed y la nada.
El aroma de las margaritas penetraban el alma, intensificando aún más el sueño de
de volar, de sentirnos únicos con el viento. La pequeña llovizna seguía mojándonos...
La vida se desgarraba, Flora sabía contar pétalos de margaritas, los acariciaba con ternura,
con cuidado para no lastimarlos, son frágiles los pétalos de margaritas, tan frágiles que
cuando se desarmaban en sus manos,en sus dedos Flora lagrimeaba, con un profundo penar..
Los perros venían, movían sus colas y extendían sus hocicos hacía ella, buscando caricias
como si supieran de su tristeza.
El girar de las agujas de los relojes, nos imponían las leyes del tiempo. Ese tiempo que yace encerrado en una acota carcasa de diferentes formas.
La tarde ya se había vuelto noche, la llovizna seguía derramando sus nostalgias sobre nuestros cuerpos. Las polillas daban vueltas bajo las farolas, un silencio estremecedor
agitaba el momento, la vida desgarrada, se refugiaba en los enorme ojos negros de Flora.
Todo estaba imperfectamente dibujado.La perfección de antes, mutaba en pequeños
fragmentos de distancias.
Las cadenas de supermercados bajaban sus persianas, al momento en que una sirena
de policía o de ambulancia, sonaba a los lejos...Nos miramos y en ese momento las
lágrimas comenzaron a rondar lentamente sobre sus mejillas.
JUAN ARÉVALO.
Flora se viste y se desviste en la oscuridad de la habitación.
Su olor se impregna en mis ropas, todo pasa con lentitud,
primero las palabras, luego las caricias y acto seguido el amor.
El silencio se rompe con los quejidos que salen de nuestras bocas.
La sensualidad se envuelve y se desenvuelve en nuestros cuerpos,
se anuda y se desanuda en nuestros vientres , siempre con lentitud.
Nos abrazamos con fervor, sus piernas entrelazadas con las mías,
la razón y la cordura descansan sobre la alfombra.
La distancia que nos separa en lo cotidiano, se acorta en cada embestida
de mi cuerpo. Sus uñas se clavan en mi espalda, cada vez con más fuerza,
el sudor corre por la piel, libremente .
La vida se amontona en la garganta, como un insomnio sin café.
Los plenilunios enamoran, los poetas escriben por las noches, las marionetas
a veces cortan sus hilos y el cimbrar de los vidrios por el viento del temporal
acallan las risas y hacen pensar en los recuerdos que habíamos olvidados.
Flora, se acurruca bajo las sábanas, el amor ya ha concretado su obra.
JUAN ARÉVALO.
lunes, 12 de septiembre de 2016
Pasábamos los días en absurdas discusiones, las palabras
iban y venían, perdidas en el tiempo y en las penosas baldosas
de los pisos. A veces sabíamos reír, pero muy pocas veces, lo
hacíamos verdaderamente.
Los vidrios de las ventanas se empañaban con el tibio aliento que
dejábamos como recuerdos de una contienda.
Pero a pesar de todo, nos queríamos.
Sus manos tomaban las mías,cuando el llanto afloraba de sus ojos,
como una niña inocente, apoyaba su rostro en mis hombros, cerraba
los ojos y dejaba escapar las lágrimas.
En ese momento, mi cuerpo se debilitaba, mis piernas se aflojaban, y mis
labios mordían el dolor que salia de su desconsuelo.
Cuando lloraba, su alma se volvía una fuente rota, dejaba salir el agua
acumulada por días, en ella, la bronca, la tristeza, el tormento y la desolación
renacían y morían, dios no estaba para ella.
Su voz se quebraba en mil pedacitos, los cuales yo trataba de juntar y pegarlos en
un fuerte abrazo.
Era solo de nosotros, ese momento, era solo de nosotros.
Hoy, que llueve a montones, me acuerdo de sus ojos, de sus promesas que
al rato rompería, de sus cansancios que disimulaba torpemente y de sus largos
vestidos floreados que sabían volverme loco. Sí, me gustaban esos vestidos, aferrados
a su cuerpo, como la vida se aferra a los suspiros del que agoniza. Que triste alegoría,
pero ella agonizaba, en medio de la gente, ella agonizaba, en silencio, en el doblez
de la hoja del libro que a diario leía y en sus gafas humedecidas de su amor, ella agonizaba.
Los años han pasado rápidamente. Los amigos se fueron todos, las calles se volvieron
desconocidas, mi ciudad se ha despintado, ya no tiene el olor de las esperanzas ni
los bares que solíamos frecuentar.
Hoy. Ahora, en este momento, escribo para ella, para su pequeño mundo de colores,
para sus muñecas rotas y sus dulces olvidados arriba de la mesa. Escribo para ella,
para sus primaveras siempre en inviernos, para su huesos doloridos, para sus cuentos
de hadas, para sus estrellas muertas.
Sé que en donde este, me recuerda. Sé que aún conserva en su piel, en sus uñas, en sus
pupilas el olor a mi, el silencio mio, las risas y las lágrimas que juntos supimos
parir. Sé que aún me quiere y que todo lo que vivimos lo guarda fielmente en su
frágil corazón, que un día arrebatado por la muerte dejó sus latidos en las palmas de
mis manos, desnudos, fríos...
JUAN ARÉVALO.
Flora.
El amor le chorreaba por sus labios, los deseos
se desnudaban en sus pechos y en sus ojos,asomaba el temor
de amar demasiado, más de lo permitido.
Caminaba sin rumbó, siempre perdida en los invisibles
páramos que nos rondaban.
El trabajo, los estudios y la sensación de estar atados, nos
alejaban por momentos. Lo monótono estaba en las diarias
rutinas y en los espejos .
No tenía elección, su vida no le era fácil, los contornos de su
existencia limitaban sus arrebatos de locura y cuando estábamos
felices, sin decir nada se marchaba.
Una sutil melancolía bañaba la casa, el silencio y la gravedad de los
diarios nos imponían sus tristezas importadas.
Nos acostumbramos a no soñar, ni a planificar el futuro.
Las consecuencias irresponsables de nuestros actos se manifestaban
en largos días de soledad, donde los recuerdos nos consolaban por
ratos. Un día, nos escondimos en un viejo vagón de tren, que había
sido abandonado en una esquina del barrio. Nos escondimos e hicimos
el amor una y otra vez. Yo, besando su cuerpo desnudo, su piel absorbiendo
mi alma, su vientre balanceándose suavemente sobre mi, sus cabellos
tapabando su rostro, sus gemidos quemando el aire. Sus manos sobre mi
pecho y sus labios emanando el aliento del goce más hermoso que
pueda existir. Luego cuando ambos estallábamos en fluidos nacidos de
nuestras entrañas, nos perdíamos en largos silencios.¡Nada, ni una palabra !
Afuera, la vida brotaba de la tierra en varias formas, en ojos, en piernas, en
lluvia, en viento, en lágrimas...
JUAN ARÉVALO.
sábado, 10 de septiembre de 2016
Mis sueños se diluyen en las extrañas formas que a lo lejos
se dibujan por si solas.
Soy tan solo un hombre agotado, un hombre que ha perdido todo,
si es que alguna vez tuve algo.
A veces, cuando estoy tranquilo, mirando por la ventana, olvidado
de mí mismo, un arrebatado pensamiento eriza mi piel, entumeciendo mis
huesos hasta desangrarlos en un inmenso dolor, que me arrastra a la
maldita cama, donde la soledad penetra el caparazón con el que me cubro,
desgarrando con sus filosas garras cada parte de mí.
El silencio perturba mi espacio, tanto que me vuelvo pequeño, me hago
una volita y me desvanezco, me fundo con la nada, con la muerte.
Ahí, en ese rinconcito me encuentro conmigo mismo y entablo
una conversación que nunca concluyo.
Analogías absurdas, la lluvia, el desierto y la castidad del embrión
que aún no nace,que ni siquiera se ha formado y ya me aturde con
sus preguntas. Preguntas que nunca he sido capaz de contestar.
Ingenuo y amable me desvisto entre las ruinas de un mundo
que hasta ayer supo amamantar mis esperanzas.
¿ Qué será de mí?...¿ Qué será de la danza bestial de los malvados
enanos que inyectan continuamente su locura en mis venas ?
Me busco entre los otros, no me encuentro, salgo del camino y me
quedo quieto, esperando que el niño sin rostro reparé en mi una vez más.
No soy yo, y soy todos. Al unísono hablan las voces y el sufrimiento
bloquea mi respiración por unos segundos. Ya no hay lágrimas que derramar.
Tantos ojos que miran y que juzgan sin ver .
El proceso de equiparar toda conciencia en un solo cuerpo, limita la razón y
no queda tiempo que se pueda disfrutar sin remordimientos.
Los enanos, malditos enanos que dejan sobre mí, la infancia más dolorosa y
el sabor agrío del despertar cobijado por la vejez y el martirio de saber que
nunca he podido realizar ninguna meta que me ha sido inculcada por herencia.
El amor, ese mundo tan lejano a mí. Ese universo maravilloso y buscado por
mí. Ese lugar, donde las almas habitan desnudas , inocentemente despliegan
sus alas y gritan dichosamente, bailan, se acarician y se aman libremente.
Ese trozo de piel, anudada en la garganta.
Mi legado, mi sangre, las pocas cosas que poseo y el infinito abismo que
envuelve mi vida.
Invisibilizarme, ser y poder creer en algo, esa intención de querer tomar lo
que me pertenece,todas las cosas que fueron mías, sabiendo que no están en
el lugar donde las dejé, después de haberlas usado por última vez.
JUAN ARÉVALO.
viernes, 9 de septiembre de 2016

Se vio solo entre tantos rostros y la incomodidad de saberse vivo
lo llevó a buscar la soledad. Parado en medio de cuerpos inertes buscó
con desesperación la cura para su tristeza. Desafió al destino y derribó
el muro de sus miedos, corrió a toda velocidad hacía las sombras que
ocultan la verdadera existencia y se desnudó de ropajes, así como de
la piel que cubría sus sentimientos. Ahora es libre, ya nada lo encadena
al mundo de los vivos, ni siente el dolor correr por su cuerpo.
No tiene nombre, solo es un cuerpo que se va desvaneciendo.
El precipicio, no es más que la salida del laberinto de emociones,
donde vivió preso toda su vida. Ahora, es él quien tiene la última
palabra.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Cada día empezar de nuevo,
bucear en las aguas del presente
y aferrase al miedo de vivir.
Las calles predican soledades,
el síndrome de la existencia
y la vana esperanza de perdurar
en el tiempo.
Partículas que se desprenden
y vuelan por el aire, van y vienen
perdidas en laberintos de soledades,
lágrimas y agonías.
Duele verse reflejado,
en los espejos astillados de la mentira
camuflados de verdades y alegrías.
Reír, aunque por dentro se este muriendo.
Vagar por las mañanas,
por las tardes, en la inmensa deforestación
del alma, que implora la muerte.
No, no se puede prevalecer entre las ruinas
ni se puede envejecer en la muerte.
Todo es nada y a la vez es todo.
La tenue luz y la culpa de la vida
sangrando en mis manos,
hasta mutilar mi grito de auxilio.
Ya no hay lugar donde su pueda ocultar
de la desdicha,
ya no hay rincón donde esconderse
de la nada,
si mi mundo todo, es un invierno muerto.
JUAN ARÉVALO.
Surgir de entre las cenizas
y volver a sentir como fluye la vida entre mis dedos,
beber de su esencia hasta perpetuar el tiempo en mi piel
sin preocuparme de lo que vendrá.
Platicar con el viento y elevarme mágicamente
en medio de la nada,
girar la cabeza y visualizar el rostro mudo del silencio
concretando el llanto del alba.
Estimular mis pensamientos con la lluvia de estrellas
y entregarme por completo a las codicias del universo.
Regresar al principio y reescribir mi destino
hurgar en al barro del ayer,
mojar mis pies en la marea de lágrimas.
Contemplar a la muerte, desglosar la historia de mi vida.
Renacer sin tiempo, ir escribiendo el entorno a mi regocijo.
Ir pariendo, lentamente ciudades y crepúsculos.
Dejar para siempre, el mundo del dolor,
cubrirme de esperanzas, de colores, de caricias y de flores.
Que la ausencia se llene de confianza, que las dudas no sean más
que rostros gravitando fuera de mi espacio,
y el final una historia siempre comenzando, con soles radiantes,
sin fronteras ni razas.
Nacer por segunda vez en el vientre casto de mi madre,
abrazar su cuerpo y llenarme de su muerte, de su sabiduría,
de su amor incondicional, de sus virtudes y sus defectos.
Volver a sentir al niño que en su ingenuidad,
jugaba con ramas secas y relojes rotos.
JUAN ARÉVALO
miércoles, 7 de septiembre de 2016
La bailarina
En medio del escenario, ella danza para ellos.
Su cuerpo se balancea como un péndulo hiriente.
Sus brazos se enroscan en sus piernas, sus cabellos
se desatan y caen sobre sus hombros...
Sus ojos no ven, sus oídos no escuchan, su piel se estremece
cuando el silencio la acaricia sutilmente.
Las luces la siguen, una aureola amarilla bajo su cuerpo
le marca el ritmo y los latidos de su corazón se apaciguan.
La vida no es más que un triste danzar, su esbelta figura se
empaña de recuerdos y los aromas de ayer invaden sus pupilas.
El piano surca el aire con sus melodías, el público admira los
mágicos movimientos de la bailarina, pero no ven el sufrimiento,
ni las pequeñas lágrimas que ruedan por sus mejillas.
El tiempo parece no correr, las agujas de los relojes se vuelven
insensibles al dolor, la agonía de tratar de ser es conmovedora.
Nadie es capaz de visualizar la pena ni el cansancio de la existencia.
La bailarina y su cabriole se funden en un solo instante.
Su alma emerge de sus huesos y por un segundo retoma el vuelo de
las aves y se olvida de todos y toca el cielo con sus manos, las lágrimas se acrecientan.
Ya nada importa, más que terminar la función.
Su dolor seguirá impregnado en su ser, solo para ella.
JUAN ARÉVALO.
entrechat,entrentrechat, cabriole, assembléechat, cabriole, assemblé cabriole, assemblé
martes, 6 de septiembre de 2016
Flora.
--Las grandes cadenas que atan los barcos a los puertos,
no son más que brazos firmes, del hiriente destino del abandono--
Decías, mientras fumabas sentada sobre la arena, en la orilla del mar.
Tenías razón en todo. Soberbia te mostrabas ante mi ingenuidad
rompiendo toda barrera que se atravesará entre tú y la libertad.
Mientras mirabas naufragar los veleros, en medio del ocaso,yo
me perdía en tu desnuda piel.
El mar se regocijaba en una vehemente danza , sus olas iban y venían
mojando las uñas de los dedos de tus pies.
El viento soplaba la espuma y en tus ojos la vida resplandecía por momentos.
Las kamikazes gaviotas se sumergían en el fondo del agua y luego resurgían
remontando violentamente el vuelo, se alimentaban gustosamente frente a nosotros,
dejando visible el dolor de la muerte.
El sexo renacía de entre la arena, dunas se formaban y se deshacían en
un remolino sensual que cubría tus piernas, tu rostro, tu vida...
Yo, siempre a tu lado, siempre manipulando al tiempo, siempre
cargando a mis espaldas la melancolía de la existencia y las ruinas
de las barcazas oxidadas, que se meneaban mortiferamente, sobre
la nada, sobre el agua, sobre las esperanzas rotas que yacían esparcidas
por todo el puerto, también en nosotros, en nuestras almas, en nuestros relojes,
en nuestras miradas.
¡Sí, tenías razón en todo!
El silencio se rompía, en las olas golpeando furiosamente las escolleras, y
el miedo a olvidar, penetraba mi carne llegando a los huesos donde el escalofrío
se adueñaba de mis pensamientos.
Flora, tienes el don de bucear dentro de las profundidades de la tristeza
y hacer de ella, un edén de risas con sabor a menta y a resignados olvidos.
Después de unas horas sin hablar, nos mirábamos, nos reíamos y nos
marchábamos, dejando atrás todo lo vivido en ese momento.
JUAN ARÉVALO.
Ani.
El silencio la asusta y la noche clava su puñal
en su pequeño corazón .
Cuando todos se acuestan, las luces se apagan. Los niños se cubren
la cabeza con las sábanas y comienzan sus plegarías.
Ani los escucha, ella no puede rezar, no sabe, no quiere.
¡No entiende de milagros!
Sus manos atrapan pequeños recuerdos y los arropan en un
triste vaivén, como si fueran niños desamparados.
Sus ojos se van volviendo fríos, los sentimientos van muriendo.
No hay nada para ella, todo es para los otros.
Tía vela las sombras y Hermana murmura nombres que solo Ani
logra escuchar.
El orfanato tendrá una gran fiesta el domingo. Una fiesta de beneficencia,
donde vendrá gente de todos lados, gente adinerada, que se enamorarán
de las infelices almas,le darán caramelos y acariciarán sus cabelleras fingiendo
amarlos, sintiendo nauseas después.
La hipocresía suele vestirse de saco y corbata, de benevolencia y sotana.
Cinthia no vendrá, y Ani lo sabe. Sus lágrimas comienzan a fluir.
Debajo de su cama los monstruos están listos para emerger y ellos
no son distintos a los que vendrán el domingo.
JUAN ARÉVALO.
Soñé, que tenía entre mis manos el libro que contiene
los secretos del universo. Cada página contenía las horas
y las tareas cotidianas de cada ser humano.Vi a mi familia,
los que están y los que su fueron. Todo estaba minuciosamente
ordenado. Cada página tenia una reflexión y una moraleja.
Vi la grieta, los gases acumulándose y la gran explosión.
También redescubrí mi pasado, ese, que había olvidado por
completo. Mis raices, mis miedos de niño y mis primeros silencios.
Cada fotografía contenía el tiempo de vida de cada ser, su existencia
en miniatura y las gradas de la muerte. Me resultó escalofriante,
despiadadamente sutil .
Mientras más páginas daba vuelta, más corta se hacía mi vida.
Mi niñez, mi juventud, mi madurez y mi vejez pasaron frente mio
en segundos.
Las lunas y los soles se prestaban el día y la noche a cada minuto.
La tierra giraba rápidamente. Enfrente mío había un gran espejo, el
cual reflejaba todo mi cuerpo. Cuando tome el libro, mis cabellos
aún no habían envejecidos.
En el sueño la nada se manifestaba en oscuras mareas que se prendían
y se apagaban continuamente. Estaba en el vientre mismo del universo.
Por un momento una lluvia de lágrimas rozó mi rostro, era una vida que
concluía su ciclo en la tierra.
Un viento sensual cubrió mi cuerpo y me encontré desnudo en medio de
cuerpos sin rostros,era el amor y sus desilusiones.
Di vuelta otra página y un frío congeló mi piel, en esa página se hallaban
las ruinas y los olvidos, era la muerte y el dolor.
Al dar vuelta la hoja, mi fotografía estaba cubierta de polvo, ese polvo
que reposa en los muebles que yacen acumulados en los rincones de las
casas, ahí,donde nada se mueve y el tiempo perpetúa la vida y la muerte.
Levanté la vista, seque el sudor de mi frente y cerré el libro.
JUAN ARÉVALO.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Desquiciados.
Desnudos y hambrientos nos mirábamos con
el dolor que tienen las aves al emigrar.
Me diste una última oportunidad y no la supe
aprovechar. Me dijiste lo malo que era yo y que no
tenía conciencia de lo que eras tú.
Estábamos totalmente desquiciados. Tus brazos marcados
con el rojo de tu labial y las tatuadas mariposas en tus
pechos, arraigadas a la melancolía de una piel que se iba
tornando prejuiciosa y solitaria.
Un mundo de falsas orugas esperando ser mariposas, de ojos
tristes y corazones destrozados. Un mundo insensible, frío
a nosotros e indiferente al amor.
Siempre creímos que nosotros estábamos fuera de él, que no pertenecíamos
a esas hectáreas de almas muertas dentro de cuerpos desgarrados por el tiempo
y las lágrimas.
Desquiciados,enamorados del ocio y del soñar despiertos, con los
ojos bien abiertos, con las tazas de café y los ceniceros nunca vacíos.
Siempre esperando que los relojes detengan sus agujas y las lluvias
laven nuestras heridas.
Fue un momento hermoso, maravilloso, honesto y embriagador.
Te hice mía,hurgé tu alma,sentí tus latidos en cada gota de sudor que
nacía en tus mejillas, en tus pechos, en tus silencios. Nacían en tu piel cuando
aún no sabía de rencores,y morían en mis labios, en mis papilas fungiformes,
en mis papilas filiformes, en mi alma, en mi vida toda.
Fue un tiempo desquiciado, que nos amontonó en un rincón del mundo
como si fuéramos libres e inmortales.
JUAN ARÉVALO.
Desnudos y hambrientos nos mirábamos con
el dolor que tienen las aves al emigrar.
Me diste una última oportunidad y no la supe
aprovechar. Me dijiste lo malo que era yo y que no
tenía conciencia de lo que eras tú.
Estábamos totalmente desquiciados. Tus brazos marcados
con el rojo de tu labial y las tatuadas mariposas en tus
pechos, arraigadas a la melancolía de una piel que se iba
tornando prejuiciosa y solitaria.
Un mundo de falsas orugas esperando ser mariposas, de ojos
tristes y corazones destrozados. Un mundo insensible, frío
a nosotros e indiferente al amor.
Siempre creímos que nosotros estábamos fuera de él, que no pertenecíamos
a esas hectáreas de almas muertas dentro de cuerpos desgarrados por el tiempo
y las lágrimas.
Desquiciados,enamorados del ocio y del soñar despiertos, con los
ojos bien abiertos, con las tazas de café y los ceniceros nunca vacíos.
Siempre esperando que los relojes detengan sus agujas y las lluvias
laven nuestras heridas.
Fue un momento hermoso, maravilloso, honesto y embriagador.
Te hice mía,hurgé tu alma,sentí tus latidos en cada gota de sudor que
nacía en tus mejillas, en tus pechos, en tus silencios. Nacían en tu piel cuando
aún no sabía de rencores,y morían en mis labios, en mis papilas fungiformes,
en mis papilas filiformes, en mi alma, en mi vida toda.
Fue un tiempo desquiciado, que nos amontonó en un rincón del mundo
como si fuéramos libres e inmortales.
JUAN ARÉVALO.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Después de tanto andar y desandar los caminos
y la vida, decidimos dejar todo atrás.
El amor se fue apagando, las miradas ya no decían nada.
El silencio nos fue envolviendo sigilosamente, como se
envuelven las enredaderas en las paredes de las casa abandonadas.
No es culpa de nadie, el tiempo aplacó los sentimientos.
Te amé, me amaste, nos amamos y reímos y amanecimos
borrachos de sueños, vomitamos odios y lloramos a dúo,
cantamos la canción de los olvidos y volvimos a creer en el otro.
Quisimos empezar de nuevo, tomaste mi mano y yo acaricie tus
mejillas, bese tus labios y tú rozabas mi lengua con la tuya.
Pero la intensidad que había en nuestro desquiciado mundo
se había marchado para siempre.
Fuimos dos amantes, dos enamorados, una mujer y un hombre
que dejaron la piel en cada encuentro. Nos olimos y escribimos
nuestros nombres en el vientre del otro, me necesitaste, te necesite
y te imploré mil veces que no me olvides.
Sé que aún me quieres, como yo te quiero . Pero querer no es amar.
Ahora, que estamos distantes, los recuerdos me invaden, me lastiman
me sofocan inútilmente.
JUAN ARÉVALO.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Pensar, que nunca le gustó la formalidad.
Siempre fue una más, aunque era distinta siempre lo fue.
No tenía maldad, no conocía el rencor y reía a toda hora.
Su blanca dentadura destellaba esperanzas que a su vez
desnudaban pequeños páramos en formas de lágrimas.
Siempre muy afable con las personas, nunca se negó a prestar
ayuda, ni a un abrazo de consuelo.
Sus miserias las ocultaba demasiado bien bajo su suave y frágil
piel. Nunca me animé a preguntarle porque eligió este lado del mundo.
Sé bien que es de familia adinerada, que tiene todo, que no necesita nada,
al contrario de nosotros.
Cuando llegó el primer día, me conquistó su risa, sus trenzas, sus ojos
sin brillo, algo raro para una persona que no hacía otra cosa que reír.
Sus ojotas gastadas y un montón de vida acumulada entre los dedos
de las manos.
Tantas horas abrazada a mis hombros, tantas palabras dichas en mis oídos,
tantos besos dejados en mi cuello, en mis mejillas, en mis silencios.
Prefirió callar, ocultar el dolor, reír por fuera y llorar por dentro.
Olvidé de poner en hora el reloj, así que no sé bien a que hora desperté esta
mañana. El sol todavía no había salido y el frío calaba los huesos.
Espero que nunca se olvide de regresar. Creo que se fue en el micro de
las tres de la madrugada.
Hoy entre sueños como el perro ladraba, cuando pude abrir los ojos ella ya no
estaba.
Fue en ese momento cuando las campanas de la catedral, sonaron más tristes que
de costumbre.
JUAN ARÉVALO.
jueves, 1 de septiembre de 2016
Tan bella. Tan elegante. Tan fresca. Tan viva.
Tiene dos mundos. Uno es solo para ella y sus lágrimas.
El otro mundo, donde seres extraños ríen, bailan y comentan
lo que el día les va dejando en sus manos, en sus almas, en sus
bolsillos vacíos, en sus resignada existencias, en sus soledades
matutinas y en sus soledades nocturnas. Ahí, entre ellos estoy yo.
Sé que me necesita, aunque a veces me ignora, sé que me necesita.
Cuando el alcohol no hace efecto y la vida sigue tal cual es hiriendo
profundamente su piel, ella me llama y a los oídos,casi suplicando me
pide que la abrace.
JUAN ARÉVALO.
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