viernes, 16 de septiembre de 2016


Gracias por hacerme entender que soy un hombre vivo,
que tengo vida, que por mis venas corre la sangre que
alimenta la existencia, los latidos,las palabras, los sentidos.
Tu olvido ha despertado en mí,
la noche, los insomnios,las esperas. Esperas que hacen al amor,
al egoísmo del sometimiento necesario que envuelve la piel
y hace estremecer el cuerpo todo, cuando no estás.

Yo creía que no había nada dentro mío, que solo era una marioneta,
un trinar de pájaro herido, un silencio siempre creciente.
Mi vida, antes de ti, no tenia el dolor de la soledad,ni el incipiente
deseo de la piel, de la carne. Sentimiento que tú me has hecho revivir.

Antes, cuando el día no era más que un triste simulacro de vida,
yo carecía de tristezas fundamentadas. Todas mis agonías eran
simples y empobrecidas, huérfanas de cuerpo, de ojos, de esperanzas.

Pero tú, me has hecho querer buscar el tiempo,
me has hecho querer recorrer la distancia que nos separan,
con mis pies descalzos,
con mis lágrimas de hombre, lágrimas verdaderas, lágrimas que vienen
de adentro, de la profundidad de mi ser, de mi muerte que hasta ayer
imperaba mis emociones, acosando mi vacío silencio .

No tengo dudas, tú me has devuelto las ganas de vivir,
de querer tatuar el infinito con mis manos descarnadas,
donde Eva juntas flores y las manzanas no son más que besos lujuriosos.

Gracias por tu olvido, por tu partida, por tu adiós.
Ahora sé, que amar no es solo cuando se juntan dos seres, dos cuerpos.
Amar es algo sobrenatural, una vez que has probado de su cuerpo
ya nada puede asesinarnos.

JUAN ARÉVALO.


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