martes, 13 de septiembre de 2016
Flora se viste y se desviste en la oscuridad de la habitación.
Su olor se impregna en mis ropas, todo pasa con lentitud,
primero las palabras, luego las caricias y acto seguido el amor.
El silencio se rompe con los quejidos que salen de nuestras bocas.
La sensualidad se envuelve y se desenvuelve en nuestros cuerpos,
se anuda y se desanuda en nuestros vientres , siempre con lentitud.
Nos abrazamos con fervor, sus piernas entrelazadas con las mías,
la razón y la cordura descansan sobre la alfombra.
La distancia que nos separa en lo cotidiano, se acorta en cada embestida
de mi cuerpo. Sus uñas se clavan en mi espalda, cada vez con más fuerza,
el sudor corre por la piel, libremente .
La vida se amontona en la garganta, como un insomnio sin café.
Los plenilunios enamoran, los poetas escriben por las noches, las marionetas
a veces cortan sus hilos y el cimbrar de los vidrios por el viento del temporal
acallan las risas y hacen pensar en los recuerdos que habíamos olvidados.
Flora, se acurruca bajo las sábanas, el amor ya ha concretado su obra.
JUAN ARÉVALO.
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