jueves, 15 de septiembre de 2016
La muerte se desviste frente mío. Me enseña su cuerpo, su amor
humano, su amor mortífero. Ella sufre, siempre está sola, no tiene
amigos ni alguien que la amé.
Me cuenta secretos, me hace reír, me entristece, me atormenta.
La muerte, se desviste, solo para mí. Sus pechos son pequeños,
su casto vientre me seduce, sus ojos imploran que la amé.
No es malvada, solo hace lo que su destino le dicta. Una inmortalidad
que duele.Inocentemente se balancea en un melancólico vaivén ,
gira su rostro, no quiere que la vea llorar.
Tiene en sus manos el peor de los dones, cuando acaricia mata.
Poeta de la noche, siempre llega cuando menos se la espera.
Amiga de la desolación, no habla mucho, pero sabe todos los idiomas.
Es una intelectual incomprendida, una dama siempre de luto.
Poeta, amante del misterio, sabía, infeliz.
La muerte, perversa sin quererlo, confesora, no tiene prejuicios, ni conoce
de jerarquías ni de clases sociales.
Ella, se desviste para mi, pero sabe que amarla sería morir, entonces se vuelve
a vestir, no quiere lastimarme, aún no me llega la hora.
Nos hicimos amigos, ella me cuenta su dolor y yo le cuento sobre el amor,
sobre la piel, sobre el goce del sexo, sobre todo lo que conoce, pero nunca podrá
sentir sobre su piel. Sé que le afecta, que le duele, pero es lo que pactamos.
Debo decir, que le he tomado un profundo afecto. Espero no apresurar mi partida
en una caricia piadosa.
JUAN ARÉVALO.
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