Desquiciados.
Desnudos y hambrientos nos mirábamos con
el dolor que tienen las aves al emigrar.
Me diste una última oportunidad y no la supe
aprovechar. Me dijiste lo malo que era yo y que no
tenía conciencia de lo que eras tú.
Estábamos totalmente desquiciados. Tus brazos marcados
con el rojo de tu labial y las tatuadas mariposas en tus
pechos, arraigadas a la melancolía de una piel que se iba
tornando prejuiciosa y solitaria.
Un mundo de falsas orugas esperando ser mariposas, de ojos
tristes y corazones destrozados. Un mundo insensible, frío
a nosotros e indiferente al amor.
Siempre creímos que nosotros estábamos fuera de él, que no pertenecíamos
a esas hectáreas de almas muertas dentro de cuerpos desgarrados por el tiempo
y las lágrimas.
Desquiciados,enamorados del ocio y del soñar despiertos, con los
ojos bien abiertos, con las tazas de café y los ceniceros nunca vacíos.
Siempre esperando que los relojes detengan sus agujas y las lluvias
laven nuestras heridas.
Fue un momento hermoso, maravilloso, honesto y embriagador.
Te hice mía,hurgé tu alma,sentí tus latidos en cada gota de sudor que
nacía en tus mejillas, en tus pechos, en tus silencios. Nacían en tu piel cuando
aún no sabía de rencores,y morían en mis labios, en mis papilas fungiformes,
en mis papilas filiformes, en mi alma, en mi vida toda.
Fue un tiempo desquiciado, que nos amontonó en un rincón del mundo
como si fuéramos libres e inmortales.
JUAN ARÉVALO.
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