martes, 20 de septiembre de 2016
Me fascina la forma de hacerla sentir. Su desnudez resalta
entre la tranquilidad de la casa.Cuando las luces se apagan
ella se vuelve una pequeña luciérnaga. Tiene un don magistral,
hace el amor como ninguna. Sus manos acarician mi cuerpo
lentamente. Tiene magia en sus dedos, el cansancio del día
se desvanece en un pestañar. No tiene inhibiciones a la hora
del amor, ni le gusta que yo las tenga. Se alimenta de mi carne,
bebe de mi jugo, muere y nace entre mis brazos toda la noche.
Hay momentos que se tatúan en el alma,momentos únicos que no
se olvidan, aunque recordarlos nos duela profundamente.
Tiene un alma angelical, no sabe de limites, pero es rehén de la realidad.
Tiene un corazón enrome, ama demasiado y por lo tanto sufre
continuamente. El amor, el verdadero amor no es más que un
dolor que se impregna en la piel, hurga dentro de ella y no para
hasta verla sangrar.
Hay días en que no dice nada, muda, al costado de la ventana,
espiando a la vida en su juego diario, juego que aprendimos a jugar,
aunque a veces terminamos por entregarnos a los suburbios de la
melancolía...
El invierno esta a punto de terminar, la primavera se asoma por el
horizonte, lentamente, como un caracol sin tiempo, sin prisa, sin remordimientos...
Noviembre se acerca y con el un año que muere y otro que nace, ella lo
sabe y me abraza, me acaricia el rostro, los cabellos y me dice tiernamente
-- Juan, estas viejo...¿ Qué haremos con tanta vida ?...¿Donde guardaremos
tanto dolor ? ---
Luego, se ríe, se aleja de mi, llevándose con ella una parte de mi ser, de mis
miedos, de mis lágrimas, de mis esperanzas.
JUAN ARÉVALO.
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