sábado, 10 de septiembre de 2016
Mis sueños se diluyen en las extrañas formas que a lo lejos
se dibujan por si solas.
Soy tan solo un hombre agotado, un hombre que ha perdido todo,
si es que alguna vez tuve algo.
A veces, cuando estoy tranquilo, mirando por la ventana, olvidado
de mí mismo, un arrebatado pensamiento eriza mi piel, entumeciendo mis
huesos hasta desangrarlos en un inmenso dolor, que me arrastra a la
maldita cama, donde la soledad penetra el caparazón con el que me cubro,
desgarrando con sus filosas garras cada parte de mí.
El silencio perturba mi espacio, tanto que me vuelvo pequeño, me hago
una volita y me desvanezco, me fundo con la nada, con la muerte.
Ahí, en ese rinconcito me encuentro conmigo mismo y entablo
una conversación que nunca concluyo.
Analogías absurdas, la lluvia, el desierto y la castidad del embrión
que aún no nace,que ni siquiera se ha formado y ya me aturde con
sus preguntas. Preguntas que nunca he sido capaz de contestar.
Ingenuo y amable me desvisto entre las ruinas de un mundo
que hasta ayer supo amamantar mis esperanzas.
¿ Qué será de mí?...¿ Qué será de la danza bestial de los malvados
enanos que inyectan continuamente su locura en mis venas ?
Me busco entre los otros, no me encuentro, salgo del camino y me
quedo quieto, esperando que el niño sin rostro reparé en mi una vez más.
No soy yo, y soy todos. Al unísono hablan las voces y el sufrimiento
bloquea mi respiración por unos segundos. Ya no hay lágrimas que derramar.
Tantos ojos que miran y que juzgan sin ver .
El proceso de equiparar toda conciencia en un solo cuerpo, limita la razón y
no queda tiempo que se pueda disfrutar sin remordimientos.
Los enanos, malditos enanos que dejan sobre mí, la infancia más dolorosa y
el sabor agrío del despertar cobijado por la vejez y el martirio de saber que
nunca he podido realizar ninguna meta que me ha sido inculcada por herencia.
El amor, ese mundo tan lejano a mí. Ese universo maravilloso y buscado por
mí. Ese lugar, donde las almas habitan desnudas , inocentemente despliegan
sus alas y gritan dichosamente, bailan, se acarician y se aman libremente.
Ese trozo de piel, anudada en la garganta.
Mi legado, mi sangre, las pocas cosas que poseo y el infinito abismo que
envuelve mi vida.
Invisibilizarme, ser y poder creer en algo, esa intención de querer tomar lo
que me pertenece,todas las cosas que fueron mías, sabiendo que no están en
el lugar donde las dejé, después de haberlas usado por última vez.
JUAN ARÉVALO.
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