la fantasía -- Dijo Leandro cuando le fue entregada la llave.
Era su primera noche como cuidador, el galpón era bastante
frío, más de lo que él pensaba.
Cuando cerró la puerta de entrada y apagó las luces del patio, una sombra
atravesó las paredes y sin darle alguna oportunidad lo tomó del cuello,
al momento en que una ráfaga de viento muy frío cubría el cuerpo petrificado
de Leandro. Al otro día, en una vieja estación de tren yacía parada, en frente
de una tienda de antigüedades, una estatua de cera, tan muerta, como real.
JUAN ARÉVALO.
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