lunes, 25 de septiembre de 2017

Caes dentro mío
como un desprendimiento de montaña
te apropias de mi ser con tu agonizante desnudez.
Me envuelves con tus opacidades
dejándome en incontables desiertos
luego lentamente te rehaces
dejando inerte a mi esqueleto.

JUAN ARÉVALO.



jueves, 14 de septiembre de 2017

Golondrinas.


Las golondrinas han muerto. El instinto asesino del animal
se ha extinguido,ahora no hay depredadores naturales,
las odiseas han terminado.
Insípida tarde de sol, los vagabundos se arrodillan ante las corbatas,
las corbatas ante el dinero, el dinero ante la muerte.
Las golondrinas fueron un sueño del viento, una historia que jamás
nadie volverá a contar, una lealtad quebrada a fuerza de voluntad.
El viento solloza entre las montañas, ahora se ha quedado sin alas.
Intangible cuerpo, mortífero desdén, esperanzas rotas danzan sobre
las copas de los árboles, como abejas mutiladas de ojos.

Hace miles de años, el hombre carecía de la noción del amor, copulaba
como copulan las bestias más feroces.
Hace miles de años, el hombre no podía imaginar una flor, ni siquiera
una luna llena en medio del mar.
En ese entonces las golondrinas florecían de la tierra, de los mares, de cada
piedra, como hoy lo hace la hierba.
Con el tiempo el hombre evolucionó, las aves una a una fueron cazadas,
sometidas y enjauladas.
Su canto marchitó, sus plumas envejecieron y murieron.
El viento solloza entre la gramilla,los tréboles de cuatro hojas, jamás se volvieron a ver.

JUAN ARÉVALO.


martes, 12 de septiembre de 2017

No eran sus piernas ni sus caderas las que la hacían brillar.
Era su modo de hablar, su modo de caminar, sus pensamientos.
No era su sensualidad la que le había dado un lugar en el mundo,
era su actitud, su manera de estar en la vida y su elección de
saberse libre entre tanta jaula.

JUAN ARÉVALO.