jueves, 14 de septiembre de 2017

Golondrinas.


Las golondrinas han muerto. El instinto asesino del animal
se ha extinguido,ahora no hay depredadores naturales,
las odiseas han terminado.
Insípida tarde de sol, los vagabundos se arrodillan ante las corbatas,
las corbatas ante el dinero, el dinero ante la muerte.
Las golondrinas fueron un sueño del viento, una historia que jamás
nadie volverá a contar, una lealtad quebrada a fuerza de voluntad.
El viento solloza entre las montañas, ahora se ha quedado sin alas.
Intangible cuerpo, mortífero desdén, esperanzas rotas danzan sobre
las copas de los árboles, como abejas mutiladas de ojos.

Hace miles de años, el hombre carecía de la noción del amor, copulaba
como copulan las bestias más feroces.
Hace miles de años, el hombre no podía imaginar una flor, ni siquiera
una luna llena en medio del mar.
En ese entonces las golondrinas florecían de la tierra, de los mares, de cada
piedra, como hoy lo hace la hierba.
Con el tiempo el hombre evolucionó, las aves una a una fueron cazadas,
sometidas y enjauladas.
Su canto marchitó, sus plumas envejecieron y murieron.
El viento solloza entre la gramilla,los tréboles de cuatro hojas, jamás se volvieron a ver.

JUAN ARÉVALO.


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