martes, 6 de septiembre de 2016



Ani.


El silencio la asusta y la noche  clava su puñal
en su pequeño corazón .

Cuando todos se acuestan, las luces se apagan. Los niños se cubren
la cabeza con las sábanas y comienzan sus plegarías.
Ani los escucha, ella no puede rezar, no sabe, no quiere.
¡No entiende de milagros!
Sus manos atrapan pequeños recuerdos y los arropan en un
triste vaivén, como si fueran niños desamparados.
Sus ojos se van volviendo fríos, los sentimientos van muriendo.
No hay nada para ella, todo es para los otros.
Tía vela las sombras y Hermana murmura nombres que solo Ani
logra escuchar.
El orfanato tendrá una gran fiesta el domingo. Una fiesta de beneficencia,
donde vendrá gente de todos lados, gente adinerada, que se enamorarán
de las infelices almas,le darán caramelos y acariciarán sus cabelleras fingiendo
amarlos, sintiendo nauseas después.
La hipocresía suele vestirse de saco y corbata, de benevolencia y sotana.
Cinthia no vendrá, y Ani lo sabe. Sus lágrimas comienzan a fluir.
Debajo de su cama los monstruos están listos para emerger y ellos
no son distintos a los que vendrán el domingo.

JUAN ARÉVALO.


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