sábado, 3 de septiembre de 2016
Después de tanto andar y desandar los caminos
y la vida, decidimos dejar todo atrás.
El amor se fue apagando, las miradas ya no decían nada.
El silencio nos fue envolviendo sigilosamente, como se
envuelven las enredaderas en las paredes de las casa abandonadas.
No es culpa de nadie, el tiempo aplacó los sentimientos.
Te amé, me amaste, nos amamos y reímos y amanecimos
borrachos de sueños, vomitamos odios y lloramos a dúo,
cantamos la canción de los olvidos y volvimos a creer en el otro.
Quisimos empezar de nuevo, tomaste mi mano y yo acaricie tus
mejillas, bese tus labios y tú rozabas mi lengua con la tuya.
Pero la intensidad que había en nuestro desquiciado mundo
se había marchado para siempre.
Fuimos dos amantes, dos enamorados, una mujer y un hombre
que dejaron la piel en cada encuentro. Nos olimos y escribimos
nuestros nombres en el vientre del otro, me necesitaste, te necesite
y te imploré mil veces que no me olvides.
Sé que aún me quieres, como yo te quiero . Pero querer no es amar.
Ahora, que estamos distantes, los recuerdos me invaden, me lastiman
me sofocan inútilmente.
JUAN ARÉVALO.
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