jueves, 15 de septiembre de 2016


Juntos eligieron el lugar. La lejanía de la ciudad y la tierra fresca
por la luvia de hace días atrás, daban perfectamente con lo que
estaban buscando. Solo había que esperar la noche. Todo estaba
minuciosamente planeado. Los guantes de latex, la pala de punta
y el veneno, descansaban en el baúl del auto.
Hace tiempo deseaban concluir esta etapa. Ya habían crecido, y sus
avaricias los llevaron a perder toda piedad, ni siquiera se toleraban
uno al otro, pero era necesario hacer una tregua y trabajar juntos en
este macabro plan.
Las horas pasaban lentamente, sus rostros enceguecidos por la ambición
y el odio, fingían amor al besar los rostro de sus padres.

JUAN ARÉVALO.

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