martes, 6 de septiembre de 2016


Soñé, que  tenía entre mis manos el libro que contiene
los secretos del universo. Cada página contenía las horas
y las tareas cotidianas de cada ser humano.Vi a mi familia,
los que están y los que su fueron. Todo estaba minuciosamente
ordenado. Cada página tenia una reflexión y una moraleja.
Vi la grieta, los gases acumulándose y la gran explosión.
También redescubrí mi pasado, ese, que había olvidado por
completo. Mis raices, mis miedos de niño y mis primeros silencios.
Cada fotografía contenía el tiempo de vida de cada ser, su existencia
en miniatura y las gradas de la muerte. Me resultó escalofriante,
despiadadamente sutil .
Mientras más páginas daba vuelta, más corta se hacía mi vida.
Mi niñez, mi juventud, mi madurez y mi vejez pasaron frente mio
en segundos.
Las lunas y los soles se prestaban el día y la noche a cada minuto.
La tierra giraba rápidamente. Enfrente mío había un gran espejo, el
cual reflejaba todo mi cuerpo. Cuando tome el libro, mis cabellos
aún no habían envejecidos.
En el sueño la nada se manifestaba en oscuras mareas que se prendían
y se apagaban continuamente. Estaba en el vientre mismo del universo.
Por un momento una lluvia de lágrimas rozó mi rostro, era una vida que
concluía su ciclo en la tierra.
Un viento sensual cubrió mi cuerpo y me encontré desnudo en medio de
cuerpos sin rostros,era el amor y sus desilusiones.
Di vuelta otra página y un frío congeló mi piel, en esa página se hallaban
las ruinas y los olvidos, era la muerte y el dolor.
Al dar vuelta la hoja, mi fotografía estaba cubierta de polvo, ese polvo
que reposa en los muebles que yacen acumulados en los rincones de las
casas, ahí,donde nada se mueve y el tiempo perpetúa la vida y la muerte.
Levanté la vista, seque el sudor de mi frente y cerré el libro.

JUAN ARÉVALO.


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