miércoles, 28 de septiembre de 2016


Y todos los días pasaron por tus ojos, como pasan
las negras nubes sobre el etéreo cuerpo, donde abundan
las esperanzas y sobran las lágrimas.
Cada cual elegimos nuestros nombres, nuestros relojes
biológicos sincronizaron perfectamente.
No es digno volver a mostrarnos estúpidos como antes,
ni arrastrarnos como gusanos en medio del fango podrido
de la miseria.
Y el tiempo se concreto en piedra, en agua, en fuego, en árboles,
en cenizas, en vos en mi y en los pedazos de carne que se desprendieron
del cuerpo a mitad de la noche.

JUAN ARÉVALO.

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