jueves, 15 de septiembre de 2016


Un pequeño charco,
donde miles de niños se ven reflejados a si mismos.
La pobreza y la desilusión,
el cuenco rebalsando y los estómagos vacíos.
La vida en su complejidad,
el amor de la inocencia, cabalgado caballos de maderas
que nunca llevarán a ninguna parte.
Poeta embustero, soñador entre las miserias
viejo cuerpo que se rompe,
y entre las ruinas se desangra, maldito coto de existencia.
Perdurarán las acciones, legado del pensamiento
manipulador de emociones, morir en vida,
padecer las violentas embestidas del viento
que arrastra la ingenuidad de los derrotados por el cruel
silencio de la indiferencia.
Todo transcurre en un pequeño charco,
un mundo ignorado, secándose por el sol del mediodía,
por la estúpida bula y el penetrante oxidó del abandono.
Las palabras vertidas sobre el aire,
se esparcen hacía la nada,
oídos sordos, ignorancias que imponen su doctrina malvada,
rebaños hambrientos ruegan ser despojados.
Todo, todo fluye de un pequeño charco,
una charco de lágrimas, de sangre y esperanzas que agonizan
bajo la atenta mirada del inquisidor.

JUAN ARÉVALO.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario