viernes, 1 de abril de 2016
Todos los días se paseaba en ropa interior
iba y venia , libre , sin importarle los que
los demás decían de ella. Su piel joven
su aroma dulce y su sonrisa destellante
hacían de ella una loca hermosa, tan hermosa
que los que una vez la tildaron de desquiciada
la terminaron amando.
Nunca se supo bien porqué estaba en ese lugar.
Su inteligencia era notable, su capacidad de entender
su educación, su bondad hacía los demás era algo que
muy pocas veces se veía en las personas normales.
Un día cuando se despertaba la primavera y los naranjos
mostraban sus flores y las nubes lentamente limpiaban lo que quedaba
del invierno, ella se durmió para siempre.
Todos se entristecieron, el llanto se adueño de aquellos pasillos.
Los que nunca mostraban sentimientos, ese día fueron vulnerables.
La velaron entre flores y lágrimas, entre miradas absortas y silencios
mustios. Nunca antes un hospital estuvo tan triste como ese día.
Los doctores, las enfermeras, los pacientes y los muros ,envejecieron
de un día para el otro y nunca más volvieron a reír.
JUAN ARÉVALO.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario