Se filtraron las lágrimas en la piel
y el corazón empezó a latir como sí la vida
hubiera iniciado su proceso
a la existencia misma de las sombras
de donde ya no se vuelve.
La carne se pudre , entre las telarañas que
van invisibilizando de apoco la libertad del pensar
del sentir y del amar .
Las manos se abren como pidiendo ayuda
pero las voces aturden y las manos se cierran
y se vuelven inertes, frías , miserables.
Las yemas de los dedos se desangran de tanto
rasguñar los muros de la indiferencia.
Cuerpos amontonados pariendo muerte
JUAN ARÉVALO.

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