miércoles, 21 de febrero de 2018

Idilio.

Describió sobre cinco renglones un cielo para ella, un cielo celeste
impoluto y eterno.
Le dio una identidad terrenal, lo llamó " tus ojos " .
Ella sabía pintar sobre lienzos a la luna, rodeada de mil constelaciones
con pinturas de todos los colores, que luego regalaba a los niños pobres de la ciudad.
Marginados por el mundo de la estética se refugiaron en la soledad
más acérrima de la lágrima que aflora de los corazones despojados
de felicidad. La muerte, esa misteriosa vastedad silenciosa consumía sus
vidas lentamente.
El otoño comenzaba a agudizar su austeridad, el dolor de ser los inducía
a trasmutar en versos, acuarelas, caricias, plegarias.
Llegó el último de los ocasos, miles de libélulas invadieron el lugar.
Anochecía en pleno día, un idilio casi mágico los iba envolviendo....ambos se
tomaron de las manos, se miraron con melancolía y sonrieron por última vez.

JUAN ARÉVALO.

















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