Parece que no hay nadie.
No escuchan, no sienten,no existen.
Todos permanecen en silencio, argumentando
el olvido que aflora de su pieles.
Ellos tienen miedo a gritar, no desean ser escuchados.
Una vez le dijeron, que tenían que aceptar todo sin decir nada
y ellos obedecen.
El tiempo los va involucionando, los vuelve productos,
simples objetos.
La soledad los va destrozando, funestos cuerpos desnudos.
Heridos cuerpos olvidados por sus almas.
Púdicos seres de limitados pensamientos, se ahogan en sus
propias miserias.
No soportan la verdad,se flagelan frente a dioses inventados.
Cavernosas voces los hostigan hasta encerrarlos dentro de
un sistema corrupto e impiadoso.
Ellos, los invisibles,los que temen,los que lloran en silencio.
JUAN ARÉVALO.
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