sábado, 30 de julio de 2016

IRENE


--¿ Dónde estaban  dormidos esos recuerdos ?-- Preguntó Irene.

¿Acaso, no son ellos los que nos mantienen vivos ?

Esa ternura que nace de su vientre y en su rasante vuelo se va
adueñando
de los ojos de todos.
Parecía perdida, anclada en esa pequeña plataforma de porcelana.
Todos aplaudían, clamaban su nombre, celebraban y reían.
Todos, menos ella...

--¿ Dónde estaban durmiendo esos recuerdos ?-- Volvió a murmurar Irene.

Un clamor de voces. El corazón estalla en cada latido y la verguenza
de no entender el porqué de tanta algarabía, lastima la piel.

Su vestido rosa, sus cabellos negros y sus mejillas sonrojadas.
Los mirá, siente en su ser, la interacción de los animales y se cierra ,como
un pequeño capullo.
Sus manos cubren su rostro, sus ojos se revelan y dejan salir
gotitas de agua muy parecidas a las lágrimas.

Inmóvil, agotada, casi derrotada por aquellos silbidos nacidos de un elogió
propio de la codicia.
Baja sus manos y vuelve a danzar una vez más.
Su cuerpo vuela en el aire impregnado de nostalgias, se adueña de las almas.
La admiran, la aman, la necesitan. Le ruegan que no se detenga.
Ellos vuelan con ella , nacen y mueren en un jeté pas, en un jeté grand y en un jeté petit...
.
-- ¿Dónde estaban dormidos esos recuerdos ?--
Se vuelve a repetir , mientras  sutilmente deja caer  de sus dedos su viejo tutú.

JUAN ARÉVALO.




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