domingo, 10 de julio de 2016

DESCENDENCIA


Nunca hubo ninguna señal, ningún indicio de su verdadero "yo".
Cuando vio por primera vez aquella fotografía supo bien quién 
era en realidad. Sé entristeció por unos momentos, luego un
orgullo creció de sus entrañas hasta llegar a la iris de sus ojos
que brillaban como nunca antes. El día había llegado, era hora
de que todos vieran y conocieran su poder mortífero. El niño
abrió la puerta, levantó su mirada, apretó muy fuertemente 
sus puños y camino hacia la calle. A medida que caminaba
su cuerpo trasmutaba. Hace ocho años una noche de alcohol la muerte
había tenido un romance con una hermosa mujer del pueblo.

JUAN ARÉVALO

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