De vuelta en casa, me puse a leer los libros
que nunca había leído. Encontré en ellos
lo que nunca busque, pero que tanto necesitaba.
Cada palabra descubierta, era un nudo desatado.
Mi cuerda de preguntas, no era más que mi miedo
a la vida real.
Me cubrí de ellos y ellas y entendí al fin lo que el destino
me había ocultado por tanto tiempo.
Mi vida no era más que un enorme barco a la deriva.
Todo cuanto había conocido se desvanecía frente amis ojos.
JUAN ARÉVALO.
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