domingo, 24 de julio de 2016
Flora, esa mujer que no tiene pelos en la lengua
y grita sus brutalidades en papel y tinta.
Fue ayer. Sí, ayer, que la vi sentada, fumando
sobre la gramilla seca de la plaza.
Su rostro tenía acumulado el agotamiento rutinario
que nos va encarcelando dentro de las profundidades más oscuras.
También, dos lágrimas asomaban de sus ojos.
Con un gesto ambiguo desnudo su pensamiento, ahora ya no estaba sola.
Sentado a su lado, fui descubriendo los secretos que guarda la tarde.
Pude sentir el delgado cuerpo de la soledad, olí su aroma, su necesidad
de amar, de aferrarse a la cintura de alguien y enredarse en sus pies.
Flora, esa hermosa mujer que atesora emociones crudas, dentro de un
baúl que late con intensidad en medio de un gran desierto.
Sí, esa mujer que ama como ninguna se estaba muriendo en la soledad
de la plaza, a mi lado, en silencio...
JUAN ARÉVALO.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario