miércoles, 13 de julio de 2016
EL CONSUELO
Nada le era indiferente. Todo lo que sucedía a su alrededor
lo conocía muy bien.
Cuando se encontró cara a cara con la muerte, no tuvo
miedo, ni siquiera un leve temblor.
La miro de pie a cabeza, sonrío le extendió la mano
y la invitó a sentarse.
-- Debes estar cansada.Supongo que el trabajo que
haces, debe ser muy agotador---
La muerte lo estudió por un corto tiempo. Sus ojos pentetraban
la piel y veían todo lo que aquel hombre ocultaba dentro suyo.
Luego, con una mueca de agradecimiento aceptó sentarse.
-- Sí, es agotador. Pero no me quejo. Fui engendrado para esto--
-- Sabía que andabas cerca. ¡ Perdón ! soy de tutear a todos --
-- No hay problemas. No me gustan mucho las formalidades --
Dijo la muerte, mientras apoyaba su espalda contra el espaldar de la
silla de madera.
--- ¿Y cómo sabes, que estuve cerca ?...Sé que no sales nunca, que
no eres muy sociable y que nada te interesa más que tus pinturas --
El hombre asintió,bajó la cabeza. Por primera vez se sentía
algo extraño. Su dedos empezaron a moverse, dejando en evidencia
a los nervios, que de a poco iban apareciendo.
-- Jjaja...Es cierto que no salgo, es verdad. Solo lo hago cuando voy
por mis tintas y pinceles , los lienzos me lo traen a casa. Pero escuche por
ahí, que dos mujeres habían sido halladas muertas en sus camas. Después un
carpintero se suicidó, creó, su mujer le era infiel --
--¡Ya, ya !-- Interrumpió la muerte -- Yo no ando viendo lo que hacen
los demás. Yo solo vengo y los tomó. Sí, ellos me pertenecen...Así
como tú me perteneces--
Calló la muerte y un silencio espectral se apoderó del lugar.
Los dos se miraron, la muerte sonrió , llevó una mano a su rostro,
abrió los dedos y cubrió su boca.
--Siempre tuve una duda..¿ Eres hombre o mujer ?...Sé bien
que te pertenezco. Sería muy tonto tratar de burlarte...Aunque --
--jajajaa...No trates de jugar conmigo. Sé bien que eres muy inteligente,
además de un buen pintor. Pero ahora no estás hablando con cualquiera --
--Lo sé...Lo sé, jajjaa...Sabes, siempre creí que eras invisible. Así como
un viento seco, como una lluvia que no moja, como un sol apaciguado.
Muchas veces te pinté...¡Sabías!...¿ no ?--
-- A ver, ¿como me puedes pintar, acaso no soy invisible ?--
Dijo la muerte, su voz desnudó una pequeña melancolía. El brillo de sus ojos se aplacó.
Su rostro palideció aún más y un sabor amargo corrió por su garganta.
--Sé que me piensan vestida de negra, con una capucha cubriendo mi esquelética
cara y sosteniendo en mi mano una gran guadaña...¡Ustedes son tan originales !--
--Dime, ¿cuanto tiempo me queda ? --
-- No más que una hora , en fin , cuarenta y siete minutos con seis segundos--
-- No me has contestado...¿ Hombre o mujer ?--
La muerte se había sumido, en una profunda tristeza que no pudo disimular.
Suspiró, se encogió de hombros, colocó sus manos entre sus piernas, y empezó
balancearse de atrás para adelante.
-- No digas nada...Puedo sentir que tienes una espina en el pecho...--
Ninguno de los dos volvió a hablar. Las agujas recorrían despiadadamente la circunferencia
del reloj .Cada minuto que se iba, era un silencio que renacía.
El hombre, parado junto a sus cuadros veía llorar desconsoladamente a quien vino a
buscarle. Era tanto el dolor de la muerte, que el hombre terminó por apiadarse de ella y sin decir palabra, la consoló en el frío silencio de la espera.
JUAN ARÉVALO.
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