jueves, 14 de julio de 2016


A MI PADRE

Hoy he vuelto a tus ruinas. He vuelto a tus silencios.
No puedo evitar dejar de esperarte. Aunque en realidad no quiero que vuelvas.
Confío, en que nada haya cambiado entre nosotros. Que todo siga como antes.
Sé que ahora vives perdido en halagos y dulces caricias.
Esas y esos que nunca yo te pude dar.
Mi simpleza te fue alejando, mi acotado pensamiento,mis dudas y miedos.
El frío e impiadoso reproche de lo complejo, te fue alejando de mí.
Mi sentimiento de culpa te fue atormentando. Te subestimo y te humilló.
No pude, dejar de lado el egoísmo cruel de mi ignorancia.No pude
tolerar, que tú , me digas lo malo que era yo y que nada de lo que hacía
tenida sentido. No pude absorber tu inmensa grandeza, tu sabiduría innata.
Pero más tarde, te diste cuenta porque lo hacía. Me perdonaste, sin decir
ningún sermón ni reclamaste lo que te pertenecía y aún hoy te pertenece.
Te apiadaste , me abrazaste muy fuerte, y me diste lo que yo te había negado
todo este tiempo, me diste orgullo, me enseñaste a pedir disculpas y a sentir de nuevo
lo que había olvidado.
Esa tarde, mientras mirábamos el vuelo de los pájaros en el horizonte, te
desnudaste por completo , y entre lágrimas me dijiste cuánto me amabas.
Dijiste que ya era tiempo de partir, y que te perdonará por tus borracheras,
por tus ausencias, por tus miedos, por no cumplir nunca tus promesas.
Tú, me decías que te perdonará. El silencio nos envolvió, los años pasados,
corrieron por mi mente en milésimas de segundos y en todos ellos tú, no estabas
ahí, en ninguno de ellos.

Prejuicios saltaron de mí, jamás pensé tenerlos, pero estaban ocultos dentro mío,
acumulados, esperando agazapados ese momento. Pero no dije nada. Trague saliva
y sólo tuve palabras tontas y vacias, esas palabras que odiabas con fervor.
Creo te contuviste, porque no dijiste nada, solo mirabas el horizonte, el vuelo
de las aves y ese suave murmullo que solo vos escuchabas.
Ahora, que ya no estás , no puedo recordarte, no veo tu rostro entre los demás
y me duele, me odio a mi mismo , la distancia de ambos nos fue invisibilizándonos.
La pureza, de los pocos recuerdos que tengo de mi madre, me hace odiarte más.
Pero también, te amo. Aunque nunca te lo he dicho, acaso por verguenza,
acaso por rencor o sólo por mi propia ignorancia.
Cuando era niño, el mundo se veía demasiado grande , hoy sabe demasiado frío,
y pequeño. A medida que voy creciendo, mi olvido hacia vos se profundiza, se
acelera . Pero también se ahueca y deja rastros, pequeñas huellas las cuales
acaricio con mis manos, y con mis lágrimas.
Tú, me abrigaste con miedos, con rudeza, con aliento choreando alcohol y la indiferencia
de padre. Tú, me decías, que nunca sería nada ni nadie, pero me amabas. En silencio
me amabas. Lo sé, cuando me hacía el dormido, tú venías y te quedas largos minutos
en la puerta de mi habitación, mirandome como todo un verdadero padre y más de
una vez te oí llorar.
Ahora, me voy.. Perdón por volver después de tanto tiempo. Pero necesitaba
hacerlo, necesitaba ver tu sueño , necesitaba verte dormir y decirte que mi odio
hacía tí sigue vivo, pero también el amor.

JUAN ARÉVALO.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario