martes, 26 de julio de 2016


LA TORMENTA.

Dios descansa sobre su sillón de hule .
En su tranquilidad mira pasar los condenados
que van rumbo a los infiernos,
sonríe picarescamente, se rasca una pierna, toma
un baso de jugo fresco de naranja .
En una nube, no lejos del señor dos amantes hacen el amor.
Todo transcurre en una calma suprema, nadie se revela,
los relojes carecen de tiempo, en el cielo la eternidad
no tiene medida, longitud,ni espacio.
Dios, bosteza y su aliento cubre la ciudad de los vivos
en una terrible tormenta.
De repente la alarma del despertador me despierta.
Me levanto y voy al baño, antes miro por la ventana.
Algo roba mi atención, afuera una terrible tormenta
se esta desatando, y en medio de ella una caravana
de hombres desnudos.

JUAN ARÉVALO.

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