sábado, 16 de julio de 2016


UN BAR Y UNA VIEJA ROCOLA.


Todo empezó, la noche, en que me perdí en tus ojos.
De ahí, el calvario, de aquello que llaman amor me acompaña
a cada lugar donde voy.
Se amontonan las palabras , las preguntas y las dudas,
en un rincón de la mesada, junto a la pequeña libreta de notas.
Yo, que un día me juré no volver a enamorarme. Pero la raza
humana, es un animal de repeticiones, no importa que terminemos
agonizando. Todo lo volvemos a repetir.
Entré al bar, pedí una cerveza, me quite la campera y enseguida
prendí un cigarrillo.
La tarde se volvía noche. Rostros extraños interrumpían en el lugar,
reían, discutían, se hacían el amor con sus lenguas y luego se marchaban
dejando un vacío , el cual se llenaba en minutos por otros cuerpos.
Los vidrios se iban empañado, el frío se aferraba a ellos, manifestando
su cristalino cuerpo, dejando en evidencia, la herida siempre sangrante
de la soledad.
Mientras sorbía un trago de cerveza, desde la rocola, un viejo tema de Serú
Girán pentetraba la piel, haciendo del aire, un misterio religioso.
De pronto, apareciste. De donde , no lo sé, pero apareciste y mis pensamientos
dejaron de serlo. Ahora sólo estabas tú. En la inmensidad acotada de mi
pensamiento,tú reinabas.
Fue una ráfaga de viento. Un gesto del destino. Una flecha encendida. Un dolor
que se escondió en nosotros.
Hebría y distante , apoyaste tu bolso sobre la mesa, del frente mío, mientras corrias la silla.
Tu mirada se perdía, en no sé qué mundo ajeno al mío.
Mirabas el celular continuamente. Mordías tus labios , refregabas tus ojos.
No podía dejar de mirarte, mis silencios absorbían los tuyos, y las horas se diluían
sobre tus mejillas, una a una iban rodando sutilmente.
Después, la noche silenciosa, el olvido reposando, en cada auto detenido
sobre los cordones de las calles...

JUAN ARÉVALO.









No hay comentarios.:

Publicar un comentario