Me hundo, en la espesa lejanía que nos divide,
como frutos cortados, por la filosa hoja del impiadoso destino.
La mezquindad del universo, triunfó antes nosotros.
Vapuleados por los inviernos más fríos , nos caímos derrotados
en el lodo invisible que todo consume , donde la culpa nos va deshilachando .
Usted , dejó en mis manos, el verdadero olor del amor.
Usted , dejó en mis labios, el verdadero sabor de la elegancia.
Usted, dejó en mi piel, el verdadero tacto de la experiencia.
La decadencia de los infiernos, aflora de la noche más oscura,
en donde los miserables, levantan sus copas desbordadas de vino agrio,
festejando la caída de la elocuencia, la honestidad y la entrega
absoluta.
Ahora, camino descalzo, sobre las muertas margaritas del jardín.
Quisiera yo , escribir poemas hermosos y dejarlos en su cama ,
sobre su ropa de noche. Pero no puedo , mi pulso no sabe de elocuencias
ni de saberes literarios .
Usted , es la vida dentro de mi muerte y el silencio dentro de mis pensamientos.
Usted , es lo diáfano en mi pequeña complejidad.
A usted, le debo, mi mundo de colores.
JUAN ARÉVALO.
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