jueves, 21 de julio de 2016
CARTAS PARA LUCIA.
No sé bien cuándo fue que las sombras lograron alcanzarlos.
Parecían relámpagos agitando los cielos, todo destellaba.
Caminantes nocturnos en medio de los suburbios más tenebrosos ,
tú me abrazas muy fuerte, tus manos parecían soldadas a mi cintura,
y el frío de tu aliento recorría mi cuello muriendo en mis mejillas.
El aroma de los sauces llorones invadían nuestras moradas, nada
parecía perdonarnos.
El suplicio desgarraba el silencio y este a la fatigada noche, que nos
cobijaba siniestramente.
No importan los demás. Desde que marchaste, ya no escucho a ellos.
Finjo entender y asiento cordialmente, pero dentro, en la profundidad
de mi ser, las palabras ya fueron escritas .
Tu enfermedad te arrastro hasta las mismas garras de la muerte.
Ella, quien llegó años antes, tú bien sabes, que ambos ya estábamos muertos.
Empezamos a morir , cuando nuestras miradas se perdían, en las
subterráneas mareas que nos fueron cubriendo de olvidos.
Una marea de negros otoños y corceles condenados a vagar en las
praderas muertas de un sentimiento agonizante.
Lucia, cuando los doctores me dijeron que ya no había nada que
hacer , el alma se me fue quebrando de a poco, mi vida se desplomó
como un ídolo de piedra, como un león, que cae abatido por una pequeña
bala perdida.
Amor, éramos dos en un solo cuerpo y ahora teníamos que desprendernos.
Sabes, cuando te pienso, revivo y vuelvo a reír, como lo hacíamos
en aquellos días en que nada nos era imposible.
JUAN ARÉVALO.
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