miércoles, 6 de julio de 2016
FRÍA DAGA DE SAL
Inocentes almas se queman al sol
bajo nubes negras.
Péndulo a punto de quebrase
rojos corazones se desnudan y olvidan sus latidos.
Frías espadas mutilando el silencio
desgarrando el grito mortífero de la muerte.
Pétreas sombras , cemento y agua , vidas condenadas
a vagar entre las ruinas...
Se hunde la barcaza que ayer fue mar y aire.
No hay miedos, no hay dolor, no hay tiempo...
furiosa tormenta que se aplaca,
brazos de arenas que el viento deshace
ambiguas palabras que acumulan promesas
idilios condenados a la cenizas de un viejo reloj.
Vaivén solitario , ávidos cuerpos que agonizan
invisibles cristales que estallan...Lágrimas que gritan...
JUAN ARÉVALO
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