LA ÚLTIMA CARAVANA
Envuelta en su niqab resplandecía en el silencio.
Sus ojos destellaban el dolor de las últimas mariposas.
Las tormentas habían desbordados los cuencos ,
la marcha se había suspendido, el mañana renacía de una simple semilla.
Nunca dijo una palabra, parada en medio de aquel árido desierto
velaba las sombras, que desnudas danzaban sobre las dunas , hacían
el amor con el viento, se sumergían bajo las arenas y surgían de la nada,
como surge la vida, desde el vientre de la muerte.
Eran días difíciles, el sol penetraba los cuerpos , impiadoso y soberbio
sometía a sus caprichos a todo ser que osaba rebelarse.
El furtivo aliento de la esperanza retenido en sus labios y la fiel perseverancia
de su corazón, dejaban al descubierto la piel desgarrada, el hambre
la sed y el dolor de saber que el amar no lo puede todo.
JUAN ARÉVALO.
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