martes, 16 de agosto de 2016
Descubrirte en mis brazos cuando despierto.
Sentir tu aliento en mi cuello. Saber que estás viva.
¡ Qué estamos vivos, no tiene calificativo !
Sostener tu verdad sobre la mía y estrujarte como
papel mojado, deleitarme con tus monerías. Sentirte mía
todos los días de la semana, menos el domingo.
El domingo solo a vos te pertenece.
Entender cada palabra que dices cuando hablas dormida.
Penetrar tu absoluto y empequeñecerlo hasta guardarlo
dentro de una burbuja de jabón.
Hablarte en diminutivo cada vez que quiero hacer el amor.
Tocar tus ojos con los míos, para ver que miran cuando están
lejos y tristes.
Saber que no tienes limites y entender que un día cualquiera
puedes alejarte de mi para siempre.
Descubrir tus secretos más perversos y escribirlos en un pétalo
de rosa blanca y dejarlo sobre tu almohada.
Te gusta saber que estoy al tanto de tus cosas. Necesitas sentirte
amada cada día, cada hora,cada segundo y en los atrevidos silencio que
nos arrebatan cuando estamos cansados de mirarnos.
Cada mañana que despierto a tu lado siento que vuelvo a renacer.
Tu vientre y el mio se humedecen en bravos y dulces vaivenes,
impetuosos mares cubren nuestros pies y el frío de la ausencia
se marcha, al menos por unas horas.
Después, cuando las sombras vienen, nos abrazamos dándonos
fuerzas, nos decimos palabras sin pensarlas, nos acariciamos frenéticamente
tratando de no darle tiempo a las lágrimas.Pero es imposible que no terminemos
sollozando recuerdos sobre las sábanas.
Cuando el sol se filtra por las hendiduras de la ventana, nos miramos aliviados,
respiramos profundamente y reímos a carcajadas. Una vez más le hemos ganado
a las sombras...
JUAN ARÉVALO.
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